El mundo rural sufre una doble brecha de dependencia y salud mental en España

La falta de cobertura rural del móvil es perjudicial para las emergencias de los mayores.

Agencia EFE

Vivir en el mundo rural de la España abandonada na investigación académica denomina “doble brecha”: la que une las dificultades personales con las derivadas de residir en territorios rurales envejecidos, dispersos y con menos recursos públicos.

La investigación consultada por EFE, recientemente publicada en la revista científica Barataria por la profesora María José Vicente Vicente (Universidad Complutense), analiza el acceso a la dependencia, la salud mental y la teleasistencia en España, y concluye que persisten importantes desigualdades territoriales que afectan especialmente a las personas mayores, dependientes y con trastornos mentales residentes en zonas rurales.

Dificultad asistencial

El diagnóstico conecta de forma directa con el País Leonés (y también en las provincias castellanas de la comunidad autónoma que forman las dos regiones), una de las más envejecidas y afectadas por la despoblación. El estudio recuerda que la baja densidad de población y la dispersión geográfica dificultan la prestación de servicios presenciales y elevan los costes de atención, lo que condiciona la igualdad real en el acceso al Estado del bienestar.

“No es sólo una cuestión de edad o dependencia; también importa dónde vive la persona”, viene a sostener el trabajo, que identifica la residencia en municipios pequeños como un factor añadido de vulnerabilidad.

La investigación constata diferencias significativas entre comunidades autónomas en la atención a la dependencia. Según los datos analizados, las regiones con mayor ruralidad tienden a recurrir más a las prestaciones económicas para cuidados familiares que a los servicios profesionales, debido a las dificultades de desplegar recursos presenciales en territorios dispersos.

La autora señala que los costes de desplazamiento, la falta de masa crítica de usuarios y el envejecimiento demográfico obligan a las administraciones a afrontar retos que no existen con la misma intensidad en las grandes áreas urbanas.

El coste de la ruralidad

En ese contexto, las familias continúan desempeñando un papel esencial, especialmente en el medio rural, donde buena parte de los cuidados sigue descansando en redes familiares y vecinales. El estudio alerta además de que esta carga continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.

Otro de los ámbitos donde la brecha territorial resulta más visible es la salud mental. La investigación recoge que los recursos especializados continúan concentrándose en mayor medida en áreas urbanas, mientras que los municipios rurales presentan más dificultades para acceder a profesionales y dispositivos especializados.

Las enfermedades mentales se ceban con los mayores solitarios de las zonas rurales.

Las consecuencias van más allá de la mera distancia física. El estudio advierte de que esta situación puede derivar en retrasos diagnósticos, dificultades para el seguimiento de los tratamientos y una mayor dependencia de la atención primaria como puerta de entrada al sistema sanitario.

En una comunidad como Castilla y León, donde numerosos municipios cuentan con poblaciones reducidas y envejecidas, el acceso a consultas especializadas suele implicar desplazamientos considerables, una circunstancia que el trabajo identifica como uno de los riesgos para la equidad territorial.

La tecnología ayuda, pero no sustituye

La digitalización y la teleasistencia aparecen como herramientas con potencial para mejorar la situación, aunque la autora se muestra cauta respecto a su capacidad para resolver el problema por sí solas.

La autonomía de Castilla y León figura en el estudio con niveles medios de conectividad digital y de implantación de la teleasistencia dentro de un modelo mixto de atención. Sin embargo, la investigación advierte de que la efectividad de estas herramientas depende tanto de la cobertura tecnológica como de las competencias digitales de los usuarios, especialmente entre las personas de mayor edad.

La conclusión es clara: la tecnología puede complementar la atención, pero difícilmente sustituirá la presencia de profesionales, los servicios de proximidad o las visitas domiciliarias cuando existen situaciones complejas de dependencia o deterioro cognitivo.

Un reto para la cohesión territorial

El trabajo propone revisar los mecanismos de financiación y reforzar modelos de atención adaptados al medio rural mediante equipos multiprofesionales, mejor coordinación sociosanitaria y una mayor implantación de recursos comunitarios.

También plantea incorporar criterios de impacto territorial en las políticas públicas para evitar que el lugar de residencia determine las oportunidades de acceso a servicios esenciales.

La investigación concluye que la despoblación no es únicamente un fenómeno demográfico o económico. También tiene consecuencias directas sobre la igualdad de acceso a la atención sanitaria y social, y afecta especialmente a quienes ya parten de una situación de fragilidad.

En provincias marcadas por el envejecimiento y la dispersión como León, Zamora, Salamanca en la Región Leonesa, o Soria y Palencia en la castellana, esa “doble brecha” se convierte en uno de los grandes desafíos para la cohesión territorial del Estado del bienestar.

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