CRÍTICA DE CINE
'La bola negra': la sombra del poeta es alargada

Una potente imagen de la impactante película 'La bola negra'.

Antonio Boñar

30 de septiembre de 2026 18:32 h

“Llena, pues, de palabras mi locura / o déjame vivir en mi serena / noche del alma para siempre oscura”. Con estos versos encendidos le pedía el poeta a su amor que le escribiera. Federico García Lorca derrochó un duende tan colosal en sus poemas y textos como para que sigan teniendo una vigencia revolucionaria y hermosa cien años después. En esa didáctica y amena serie española que ha sido extrañamente olvidada, El Ministerio del Tiempo, encontramos una icónica secuencia que nos muestra a un Lorca que ha viajado hasta el año 1979. Al entrar en un bar escucha la voz de Camarón cantando sus versos de La leyenda del tiempo. Es entonces cuando el poeta comprende que su obra y su legado han perdurado en el tiempo. Emocionado, Lorca pronuncia aquella frase que llegó incluso a hacerse viral en redes sociales: “¿Aún me recuerdan? ¿Entonces he ganado yo, y ellos no?”. Desconozco como hubiera reaccionado si ese viaje en el tiempo le hubiera traído hasta una sala de cine de este año 2026, abarrotada y conmovida hasta el tuétano con una película que utiliza un inacabado texto suyo para volar con una apasionada libertad creativa sobre todo aquello que él logró iluminar y arrastrar con su poesía arañada de la tierra, como esos amores enterrados que ahora desnuda La bola negra. 

Javier Ambrossi y Javier Calvo firman una obra descomunal en la forma y en el fondo, tan artísticamente ambiciosa como narrativamente compleja. Hace falta mucha personalidad y talento para hacer lo que han hecho estos dos creadores. Todo es deslumbrante: su mirada genuina y distinta, su osadía para viajar a todos esos rincones olvidados de nuestro pasado y contarlo con esa imbatible herramienta que llamamos expresión artística, su exquisita utilización de la imagen, su singular caligrafía formal, el uso tan sabio de la sonoridad… 

La bola negra es la confirmación de estar ante dos artistas únicos y geniales. No sobra ninguno de los adjetivos usados para describir este prodigio tan audaz como libre. Quizás el mayor problema que pueda encontrar el espectador que se acerque a la sala sean esas enormes expectativas que ha generado el filme. Más allá de eso, y de que se puedan discutir ciertas secuencias más o menos dilatadas o innecesariamente elocuentes, estamos ante una de esas películas que son lo suficientemente trascendentes como para pervivir en el tiempo. Véanla, digieran toda la belleza que asalta la pantalla y sacúdanse del alma prejuicios o dogmas. Es cine del bueno, si no se conmueven con este torrente de luz y poesía quizás sea porque ya han empezado a morirse por dentro.

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