'Palos de ciego', la revista que enfoca al rural desde los propios pueblos: “Lo de la España vaciada suena como a ropa sucia”

Ignacio Chavarría y Cristina Flantains, dos integrantes de la revista 'Palos de ciego', en el paseo del Bernesga en León.

César Fernández

Fue hace ya diez años cuando Sergio del Molino publicó el ensayo La España vacía. Viaje por un país que nunca fue. El problema de la despoblación pasó entonces del olvido a las portadas. Pero en esta década transcurrida ha habido más preguntas que respuestas, más promesas que realidades, más palabras que hechos. “Si seguimos hablando en lugar de actuar, el enfermo se muere”, ha dicho el escritor leonés Julio Llamazares, que ya en 1988 llevó a la literatura el abismo de los núcleos que quedaban deshabitados con su novela La lluvia amarilla. Las recetas se dispensaron muchas veces desde la ciudad, lejos de lugares como los que han servido de plataforma de lanzamiento de Palos de ciego (www.palosdeciego.es), una revista digital nacida en la provincia de León con una virtud original: poder enfocar la realidad de los pueblos desde el propio medio rural.

Fue hace justo un año cuando se produjo una confluencia. Cristina Flantains, escritora nacida y criada en León capital, se asentó hace más de dos décadas en Castro del Condado (Vegas del Condado), donde conservaba vínculos familiares. Ninguna ligazón con Barrillos de Curueño (Santa Colomba de Curueño) tenía Ignacio Chavarría, autor madrileño que llegó en mayo de 2025 a esta localidad leonesa tras escala de unos meses en Ponferrada. Barrillos contaba con su propio grupo de escritura creativa, desde el que Concha Lucas abrió la puerta a nuevos proyectos. Flantains aprovechó la ocasión para repescar una vieja idea y Chavarría se unió a través de Lucas a la iniciativa de lanzar una revista desde dos territorios, el Curueño y el Condado, sin el altavoz mediático de los portales digitales ya asentados en otras comarcas leonesas.

No obstante, los escritores con obra publicada son la excepción en una redacción compuesta por una quincena de personas, que gozan de libertad creativa. “Una de las cosas que tenemos muy claras es que cada uno pueda hacer lo que le dé la gana. Lo que sí se pide es que se dé fe de lo vivido desde un contexto rural, que es donde verdaderamente ocurre”, expone Flantains con el ejemplo del relato de Concha Lucas titulado Pijamas, sobre una de esas panaderas que llega a los pueblos a ritmo de claxon con la radiografía de sus clientas en la cabeza. “Y la condición que llevamos a rajatabla”, añade Flantains, “es hacernos responsables de nuestros propios actos”.

Construcciones en el medio rural de la provincia de León.

Palos de ciego publicó su primer número en enero de 2026, tras medio año de puesta en común que incluyó toma de decisiones como la de bautizar la gaceta. Su concejo abierto, la fórmula genuinamente democrática de las juntas vecinales, es un grupo de whatsapp, de donde salió un nombre como resultado de un contrapeso de sensaciones. “Teníamos mucha ilusión, pero todo era muy incierto. Estábamos llenos de incertidumbre”, constata Flantains. “Vamos probando cosas y, según van surgiendo nuevas ideas, tiramos por un camino que a lo mejor no era el que habíamos pensado”, completa Chavarría. La que ya quedó determinada fue la periodicidad (mensual) de la publicación, cuyos textos y fotografías se pueden contemplar en la web de forma individual o agrupados por números y bien maquetados en formato pdf.

La elección del soporte deja otra vez sensaciones contrapuestas. Cristina Flantains reconoce cierta “contradicción”. “El grupo es más bien analógico”, constata al hacer ver que muchos de los componentes ni siquiera tienen redes sociales, que están sirviendo de trampolín, pero de las que tienen previsto apearse cuando lancen su propia newsletter. La publicación online deja una importante ventaja con respecto al papel, que habría sido la opción preferida por muchos pero que implicaría costes no sólo de producción y edición sino también de distribución. “Y nosotros”, zanja la autora, “no queremos depender económicamente de nada”.

El proyecto se alimenta en parte de herramientas tradicionales. “El boca a boca funciona divinamente”, cuenta Flantains al exponer cómo el núcleo original pronto fue creciendo. “Somos rebeldes”, proclama. “Y la gente está como quemada y harta, y todo el mundo tiene algo que decir”, agrega sin dejar de precisar que no todos los implicados en la revista escriben periódicamente. Y la iniciativa también se vale de aplicaciones modernas, como los grupos de whatsapp ya generalizados como herramienta informativa del día a día en las localidades, para llegar a la población mayor, no familiarizada con el manejo de ordenadores pero sí usuaria de teléfonos móviles inteligentes.

Todos nosotros somos de pueblo, pero ninguno de nosotros es agricultor ni ganadera. Ni lo queremos ser, ni nos parece que sea necesario para que la España rural se vuelva a llenar de gente. Lo que hace falta es que la administración intervenga con buen tino

Cristina Flantains Escritora e integrante de 'Palos de ciego'

El caso es que Palos de ciego aterriza en un escenario diferente al que dibujó el ensayo de Sergio del Molino también en la medida en que se han incorporado nuevos actores. “La España vaciada es un invento de la política para poder acampar y utilizar el medio rural para sus intereses económicos”, determina Flantains. “Lo de la España vaciada suena como a ropa sucia”, añade para desterrar tópicos: “La España rural no tiene ningún problema por estar así. Lo que tendría que haber es una implementación a lo mejor acoplada a los nuevos tiempos. Si antes las tierras y los bosques se gestionaban a través de la agricultura y la ganadería, a lo mejor ahora se tiene que hacer cargo el Estado, como lo hace con las carreteras, y explotarlos de una manera equilibrada. Todos nosotros somos de pueblo, pero ninguno de nosotros es agricultor ni ganadera. Ni lo queremos ser, ni nos parece que sea necesario para que la España rural se vuelva a llenar de gente. Lo que hace falta es que la administración intervenga con buen tino”.

Ellos llegaron por elección y convicción. “No somos ni huidos ni desheredados, sino que somos personas que han tomado la decisión de volver a la naturalidad de las cosas”, afirma la escritora para señalar cómo buena parte de los componentes de la redacción teletrabaja. La gaceta tiene su propio papel en este entramado. “No nos corresponde a nosotros aportar las soluciones, pero sí abrir debates”, aporta Ignacio Chavarría. “Palos de ciego ahora mismo no tiene vocación redentora. Sólo queremos decir que la España rural no está vacía: estamos aquí y la prueba de ello es que damos testimonio a través de nuestros textos”, abunda Flantains para dejar otra advertencia al subrayar que “la no respuesta de la administración está meditadísima” para acabar interviniendo de otra manera a cuenta de la despoblación. Y con una excusa recurrente (“como no estáis”), termina “gestionado tierras sin preguntar a nadie” a través de concentraciones parcelarias o “poniendo parques eólicos” que amenazan la biodiversidad del entorno.

Dos caballos con el embalse de Riaño de fondo.

Y es que Ignacio Chavarría rebate el mantra de la incesante sangría demográfica al constatar que el fenómeno no afecta por igual a todo el medio rural. Y ahí tira de su propia localidad de residencia, Barrillos de Curueño, donde enumera hasta cinco casas habitadas por nuevos moradores en el último año. El dato, con la vivienda encaramada en la lista de las mayores preocupaciones de los españoles, no es baladí. “Ahora que hay problemas de que la gente no encuentra dónde vivir, yo creo que en el medio rural se dan más soluciones”, sostiene el autor, que sugiere para el futuro la importancia de que los mensajes que transmite la publicación acaben llegando a los políticos locales sin obviar, en otro sentido, que los pueblos sí se enfrentan de forma recurrente al deterioro o el cierre de servicios básicos como los educativos o los sanitarios.

Palos de ciego ya ha trascendido en lo geográfico al saltar las fronteras del Condado y el Curueño e implicar a gentes de otros puntos de la provincia que van de Sajambre hasta Astorga pasando por Sabero, Cistierna o Villaturiel. La publicación, en la que conviven textos de marcado tono testimonial y literario con las fotografías de Juan Carlos Martínez en el apartado Ojo Crítico, ha incorporado también secciones de agenda de ocio y cultura, así como de crónicas de esos propios eventos. El futuro de la publicación se irá escribiendo “sobre la marcha”. Su razón de ser ya quedó esculpida en su primer editorial: “Porque no hay futuro posible si seguimos dándole la espalda al entorno rural. Y porque, a veces, dando palos de ciego, también se acierta”.

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