El policía juzgado por matar a su mujer en Astorga dice que disparó por accidente

Campillo / ICAL. Llegada a la Audiencia del Policía Nacional jubilado acusado de matar de un disparo a su mujer y herir a un vecino en 2018 en Astorga

Miriam Badiola / ICAL

“Un acto cruel, inútil y absurdo; un acto horrible”. Con estas palabras definió el Ministerio Fiscal los hechos ocurridos el 24 de julio de 2018 en Astorga, cuando presuntamente el policía nacional jubilado, A.A.A., de 69 años de edad, mató de un disparo a su mujer, María Isabel Alonso, de 62 años, por mantener una relación sentimental con su vecino, J.M.G, de 60 años, a quien también disparó sin lograr acabar con su vida.

Unos hechos que se juzgan desde este lunes en la Audiencia Provincial de León, donde desde primera hora las partes presentaron sus escritos de calificación y alegaciones previas ante el jurado popular, compuesto por cinco hombres y cuatro mujeres, que se encargará de emitir veredicto de inocencia o culpabilidad, y por los que la Fiscalía reafirmó hoy su solicitud de 25 años de prisión por un delito de asesinato consumado y siete años y seis meses por uno de asesinato en grado de tentativa.

En consonancia con la posición del Ministerio Fiscal, que avanzó que durante los próximos días tratará de “probar que el acusado disparó a su mujer y su vecino para matarlos y no imprudentemente”, se mostraron las acusaciones.

En primer lugar, la acusación particular que defiende los intereses del vecino disparado, J.M.G, trasladó al jurado popular en sus alegaciones que María Isabel Alonso está muerda “por ser mujer, por su independencia, por sus ideas y por sus sentimientos”, ya que “el acusado quería que ella le perteneciera y fuera para él”, motivo por el que “hizo algo horrible, que no es un asesinato, sino una ejecución” para “mantener su ego”.

Respecto al disparo que A.A.A. cometió contra J.M.G. la acusación afirmó que este se encuentra “vivo de casualidad, ya que fue disparado a bocajarro”, aunque “a partir de ese momento se acabó la vida para él”.

El letrado se mostró “indignado con el acusado”, para el que solicitó 22 años y seis meses por un delito de asesinato, con alevosía y el agravante de género y parentesco, y doce años por un delito asesinato con alevosía en grado de tentativa.

Los intereses de María Isabel Alonso son representados durante este juicio por la Asociación Clara Campoamor, quien insistió en todo momento en que, “mientras que la defensa asegura que los disparos fueron accidentales, la pistola se encontraba cargada”, a lo que se sumó que “tras disparar accidentalmente a su mujer, el acusado no llamó al 1-1-2, sino subió al piso de arriba a pegar otro tiro”.

Para el letrado de la Asociación, el suceso fue un claro “la maté porque era mía”, es decir, “un caso típico donde el hombre piensa que la mujer le debe obediencia y sumisión y, si no, la mata por ser su mujer”. Por todo ello, solicitó una pena de 25 años de prisión por un delito asesinato con alevosía en grado de consumación con el agravante de género y parentesco, y una orden de alejamiento de sus dos hijos.

Libre absolución

Frente a la postura de las acusaciones y el Ministerio Fiscal, la defensa del acusado solicitó este lunes en la Audiencia de León la libre absolución de su defendido, a quien definió como “un marido modélico que nunca tuvo un mal gesto con su mujer” y que tenía una pistola “para protegerse a sí mismo tras una amenaza de muerte de la fue objeto cuando se jubiló y para proteger a su hija”.

El letrado defendió en todo momento que el policía nacional jubilado “no tuvo ni conocimiento ni voluntad de querer matar”, sino que en el momento en que sospechó que su mujer mantenía una relación sentimental con su vecino “no sabía lo que hacía porque estaba actuando a causa de una alteración psíquica que le impedía comprender”.

Él mismo inició su relato asegurando que “en primer lugar quería pedir perdón”. , asegurando que el arma se disparó accidentalmente cuando forcejeaban tras quitarle el teléfono móvil para poder ver “con quién se estaba mensajeando a las 2.30 horas”.

Durante su relato ante preguntas de las partes en la Audiencia Provincial de León, el que fuera agente de la Policía Nacional relató que llevaban casados más de 40 años, en los que “nunca había habido ningún problema” hasta “un par de meses antes de los hechos”, a pesar de que “hacía 30 años ella cometió una infidelidad que no pude probar”.

Según el relato aportado por Ángel A.A., el día 23 de julio, al volver del pueblo a Astorga, su vecino, J.M.G., de 60 años entonces, estaba esperando en el portal. “Cuando subía a casa para dejar las cosas y al abrir la puerta escuché un beso pero no le di importancia porque si empiezo a pensar que se están morreando abajo me puedo volver loco”, apuntó.

Forcejeando

Fue esa misma noche, cuando poco antes de la medianoche María Isabel “se fue a otra habitación porque yo roncaba mucho”. Sin embargo, sobre las dos de la madrugada, el acusado acudió al baño, “vi por la rendija de la puerta que tenía la luz de la mesita encendida y que se está mensajeando con alguien, así que empujé la puerta y le arrebaté el teléfono de la mano, porque no es muy normal estar escribiéndose con alguien y yo sospechaba que algo estaba pasando y que hablaba con alguien, quería ver con quién era y qué se decía”.

Sin embargo, la víctima trató de recuperar su móvil, ante lo que Ángel A.A. la empujó “fuertemente” en un forcejeo en el que se golpeó con los muebles. Según expuso el acusado, en ese momento, cogió su revólver, que siempre guardaba cargado, “porque no me dejaba ver los mensajes, aunque ya había visto con quién hablaba –su vecino, J.M.G.–, pero quería que ella cesara en la actitud de tirarse hacia mí”.

Ya con el arma en la mano, el acusado aseguró que empujó de nuevo a la víctima, que cayó al suelo y, tras volver a intentar arrebatar el móvil, “le empujé con más fuerza y se disparó el revólver”. Tras ver qué había ocurrido, expuso que se asustó, pero que “al ver que era mi mejor amigo quien me la estaba trajinando por detrás, entré en un estado de ofuscación, porque yo le consideraba mi mejor amigo y confidente”.

“Después intenté suicidarme, porque me asusté de haber matado a mi mujer, pero me cambió la idea porque el vecino iba a quedarse riendo de todo; si nos morimos los dos, él queda con su 50 por ciento de culpa por la relación que tenía con mi mujer, de la que los dos eran culpables al 50 por ciento”, detalló.

Fue en ese momento cuando decidió subir al piso de arriba, donde vivía J.M.G. “porque quería asustarle, pero no con la intención de matarle”. Una vez que este abrió la puerta, Ángel A.A. le preguntó “qué líos te traes tú con mi mujer”, así como “desde cuándo se follaba a mi mujer”, tras lo que “le, cuando saqué el revólver del mi bolsillo y le encañoné para meterle miedo; si hubiera querido matarle, cuando abrió la puerta le habría fulminado allí mismo”.

No obstante, según sostuvo en su declaración, “disparé de nuevo por accidente cuando él me agarró la mano”, de manera que “si hubiera querido dispararle no lo habría hecho solo una vez”. Tras el disparo, salió del cuarto la mujer de la víctima, a quien no recuerda si le dijo que mataría a su marido ni si aseguró que ya había matado a María Isabel. “No fui realmente consciente de que estaba muerta hasta que le pregunté a la médico de guardia cuando la Policía ya me bajaba del piso”, dijo.

En el momento en el que llegó la Policía, a quien llamaron los vecinos, a la vivienda de J.M.G., el acusado pidió a uno de los agentes, al que conocía, que bajase a su casa “para tapar a mi mujer que estaba desnuda”, aunque aseguró no recordar qué más dijo.

Hechos

El juicio que se celebra durante esta semana en la Audiencia Provincial de León juzga los hechos ocurridos el 24 de julio de 2018, a las 2.30 horas de la madrugada, cuando presuntamente el policía nacional jubilado A.A.A. disparó a su mujer con la que tenía dos hijos, María Isabel Alonso, con un revólver, causándole la muerte en el acto.

Tras ello, acudió a la puerta de su vecino, J.G., a quien tras decirle 'Te follas a mi mujer' también disparó, causándole lesiones en el hombro e iniciando un forcejeo que concluyó en el momento en que apareció la Policía Nacional, que detuvo en el acto al acusado tras lograr desarmarle.

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