Telefónica: la decadencia de la empresa insignia de telecomunicaciones

Desperfectos en líneas eléctricas de Villamejil.

Durante décadas, Telefónica fue sinónimo de servicio público, solvencia y compromiso territorial. Su despliegue por toda España simbolizó cohesión, igualdad y progreso. Hoy, en demasiados pueblos del medio rural leonés, esa imagen se desvanece bajo postes inclinados, cables colgantes y una alarmante sensación de abandono.

Desde el Ayuntamiento de Villamejil denunciamos públicamente el estado en que se encuentran las infraestructuras de telecomunicaciones en nuestro municipio, cuya red fija gestiona Telefónica de España.

La retirada del cableado de cobre, por obsolescencia tecnológica, podría entenderse como parte natural del avance hacia redes más modernas. Lo que no puede entenderse –ni aceptarse– es que tras esa retirada permanezcan tramos de cable colgando de los postes, alambres enrollados sin criterio, cajas abiertas, apoyos deteriorados y postes que amenazan con caer. En varias zonas del municipio, los cables rozan el suelo o atraviesan fincas privadas, generando perjuicios y situaciones que comprometen la seguridad.

En los propios núcleos urbanos, decenas de líneas obsoletas cuelgan sin altura mínima, sin mantenimiento y sin supervisión. La imagen no es la de una empresa puntera en telecomunicaciones; es la de una infraestructura desatendida en un territorio que parece no importar.

Líneas eléctricas viejas y abandonadas en el campo de la provincia de León mundo rural

Se nos habla de digitalización, de conectividad total, de igualdad territorial. Pero la realidad que pisan nuestros vecinos es otra: una red envejecida, parcialmente desmantelada y sin un plan visible de reposición ordenada.

Más preocupante aún es la falta absoluta de interlocución. Este Ayuntamiento ha intentado reiteradamente trasladar estas incidencias por los canales habilitados. La respuesta es el silencio administrativo de facto. Solo cuando el servicio cae por completo se actúa, como si la obligación empresarial comenzara y terminara en evitar el apagón total, ignorando el deterioro progresivo y los riesgos evidentes.

El mundo rural no pide privilegios. Exige respeto.

Nuestros vecinos pagan sus facturas en igualdad de condiciones que cualquier ciudadano de una capital. Exigimos, por tanto, igualdad en la calidad del servicio, en el mantenimiento de las infraestructuras y en la atención institucional.

No se puede hablar de España conectada mientras se permite que en los pueblos queden postes vencidos y cables colgando como vestigios de una red abandonada. No se puede defender la cohesión territorial desde un despacho mientras se desatiende el territorio real.

Por todo ello, exigimos una revisión integral inmediata de los tendidos y apoyos en el término municipal de Villamejil, la retirada definitiva del material obsoleto y la adecuación de las instalaciones a la normativa de seguridad vigente.

Porque modernizar no es retirar lo que tiene valor y dejar atrás lo que estorba. Modernizar es asumir responsabilidades.

Y, dicho sea de paso, la situación no mejora cuando hablamos de telefonía móvil, cuya cobertura ha disminuido progresivamente en distintas zonas del municipio, ni cuando mencionamos las reiteradas deficiencias en la señal de televisión que sufren numerosos hogares. En una población envejecida y dispersa, estas carencias no son anecdóticas: afectan a la seguridad, a la comunicación y a la igualdad de oportunidades.

El progreso no puede detenerse en el límite urbano de las ciudades.

Si el medio rural forma parte del país –y lo es–, debe ser tratado como tal.

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