Golpe de Estado en León: la Guardia Civil sale a la calle y los militares ocupan la ciudad

Fuerzas del Regimiento de Infantería 36 (del Cuartel del Cid) en la carretera de Asturias donde el Fielato.

Los diferentes cuerpos militares acuartelados en la ciudad han salido a la calle sin previo aviso. Tras la salida de la Guardia Civil a las dos de la tarde parece confirmarse que el Ejército se ha sublevado en León. El regimiento de Infantería número 31, los guardias civiles y gran parte de los miembros de la Guardia de Asalto han salido a la calle para tomar posiciones.

Sus objetivos, según se sabe en estos momentos parecen ser el Gobierno Civil, la Catedral, la Colegiata de San Isidoro, el Ayuntamiento y la Casa del Pueblo además de otros lugares de importancia como la Delegación de Hacienda y el Colegio de los Agustinos.

Los militares se presentan en Radio León, en la azotea de la Casa Roldán de la plaza de la Libertad (hoy Santo Domingo) y exigen que cieren las emisiones. Parece ser que la Guardia Civil fue el último cuerpo militar en salir desde sus dos cuarteles de la calle del Cid y de la travesía de Don Cayo (actual Capitán Cortés), y que han detenido al teniente coronel de la Comandancia por opònerse al golpe. Su actuación parece estar resultando completamente decisiva.

Aviones de la base aérea sobrevuelan la ciudad

Se divisan aviones sobrevolando la ciudad, parece ser que también se ha sublevado. Es una sorpresa monumental para todos los ciudadanos, puesto que los militares se habían comportado correctamente y habían repetido varias veces que eran fieles al Gobierno de la República. En León se ha producido la misma traición que el día anterior efectuó el coronel Aranda en Oviedo, cuando los milicianos mineros de Asturias abandonaron la capital.

El gobernador Civil, Emilio Francés, recibe con sorpresa la orden de quedarse en casa. Soldados del Gobierno Militar se han presentado en la puerta de su residencia en la Delegación de Hacienda “para proteger su integridad”. Dicen que ha exigido hablar con el general Carlos Bosch, al mando; pero le contestan que ahora mismo “no está para nadie”. Vista la situación Francés se dió en ese momento cuenta de que le había estado engañando todos estos días y que la frase de que había dado órdenes “para justificar el orden”, era la clave de que estaba preparando la sublevación.

El Ejército controla toda la ciudad salvo San Marcos

A las seis de la tarde se ha conocido que ha caído la resistencia que mantenían los líderes obreros y algunos guardias de asalto en el Gobierno Civil, sito entre las calles de Padre Isla y la avenida 14 de abril (la que sería posteriormente General Sanjurjo y hoy es Gran Vía de San Marcos).

Los militares del regimiento número 36 situado en la calle del Cid tomaron posiciones y rodearon el edificio a las dos y cuarto de la tarde, exigiendo su rendición. En el interior, los líderes sindicales y el capitán Juan Rodríguez Lozano, a los que se sumaron los ocho números de la Guardia de Asalto que no quisieron secundar el golpe, se resistieron y cerraron las fuertes contraventanas de la zona de Administración, en la calle particular entre Padre Isla y 14 de abril.

La parte de atrás del Gobierno Civil, por la calle Particular (hoy héroes leoneses) se entraba a las oficinas administrativas.

Dos escuadras de ametralladoras dirigidas por el capitán Moral se colocaron en las ventanas de la Casa Costilla y, tras lo que parecieron disparos de arma corta en el interior del Gobierno Civil, se lanzaron dos ráfagas. Una corta y otra bastante larga, que a tan pocos metros de distancia causó daños en las oficinas. También se dispusieron morteros y se cercaron todas las calles para impedir una salida a la desesperada.

Cuatro horas más tarde, y al ver que los del interior no se rendían [luego se supo que esperaban vanamente salvación desde Madrid], se amenazó con prender fuego al edificio. Los soldados terminaron lanzando granadas al tejado y prendiendo gasolina delante de las puertas y los del interior, temiendo por la vida de los funcionarios consintieron entonces en entregarse. Han sido puestos a disposición militar.

Tiros en San Marcos

Pese a tener controlada la situación en estos momentos el Ejército en la ciudad —ya que el capitán Herrero tomó el Ayuntamineto, mientras el teniente Magno se hacía con la Telefónica y el capitán Cosido y Díaz de Valmaseda con las oficinas de Radio León en la primera planta de la Casa Roldán—, un grupo de unos doscientos sindicalistas y obreros se han atrincherado en San Marcos.

Durante toda la tarde se han escuchado tiros en las inmediaciones de San Marcos y las fuerzas militares han intentado entrar. Sin éxito. Hay fuerte resistencia.

Por otra parte, la Catedral no ha sufrido daños.

Los sublevados controlan San Marcos y Astorga

Definitivamente, al caer la noche, los obreros que aún resistían en San Marcos aprovechan la oscuridad para retirarse hacia mejores posiciones, posiblemente de camino a sumarse a los mineros de las cuencas de la provincia.

A esta situación se llegó así: Los militares, al controlar el colegio de los Agustinos y colocar allí ametralladoras consiguieron amedrentar a muchos de los obreros y sindicalistas sin tener que disparar una sola ráfaga a primera hora de la tarde. Sí hubo más violencia al desalojar la Casa del Pueblo pasada la plaza de la República [después de Calvo Sotelo y hoy de la Inmaculada, que ocupaba el solar de la actual Delegación de Trabajo] y sobre las tres de la tarde se produjeron heridos y un muerto en su interior.

La retirada de los defensores del Frente Popular hasta el convento de San Marcos se produjo entre tiros en la Avenida de Pablo Iglesias [lo que fue luego José Antonio Primo de Rivera y hoy la segunda parte de la Gran Vía con su mismo nombre].

Los tiroteos e insultos y proclamas duraron, como se explica, hasta la noche; ya que los militares y guardias civiles prefirieron controlar el Gobierno Civil primero y después tampoco querían arriesgar sus fuerzas en el extrarradio de la ciudad. Avanzar sobre San Marcos unos trescientos metros a campo abierto estaba considerado un verdadero suicidio sin artillería, y el edificio no podía ser bombardeado por ser una joya arquitectónica. Al esperar a la noche, la oscuridad les facilitó el avance y los rebeldes entraron en el edificio, que desalojaron mientras muchos defensores salían huyendo amparados asimismo por la oscuridad.

[Según un registro de actas del Museo Arqueológico Provincial, situado ya entonces en el edificio renacentista de fachada plateresca, se llegó a combatir incluso dentro del mismo: “El día 20 de julio de 1936 algunos elementos rojos de la ciudad se hicieron fuertes en el edificio de San Marcos y singularmente en las habitaciones del primer piso, donde estaba el despacho de la dirección en cuyas paredes quedaron huellas visibles de la lucha mantenida, siendo seguidamente ocupado todo el edificio por la Guardia Civil”.]

Tras finalizar los tiroteos del día 20 de julio, la Cruz Roja, presidida en León por el ex seleccionador nacional de fútbol, Joaquín Heredia, cuenta en León ese día once heridos (ocho paisanos y tres guardias civiles) y tres paisanos muertos, de los cuales dos fueron mujeres.

El destino de las autoridades y lideres es diverso

Respecto a las autoridades. El alcalde Miguel Castaño no se movió de casa. El presidente de la Diputación, Ramiro Armesto, de la del doctor Ucieda; y el gobernador Civil en su residencia de la Delegación de Hacienda mientras esperaba noticias del general Bosch. Emilio Francés, al no localizarle durante la tarde, llamó incluso a su domicilio particular por la noche, pero al aparato se pone su esposa, quien contesta que el general de brigada, comandante militar de León y Jefe de la VIII Región Militar en León no se encuentra en su domicilio, sino en el Gobierno Militar. Emilio Francés le comunica que “se pone a la entera disposición” de su marido y le solicita que le haga llegar esta noticia “cuando sea posible”.

En medio de todo el jaleo, uno de los líderes de la Revolución del 34, Alfredo Nistal, al ver desde la Casa de don Valentín donde residía que se acercaban las tropas rebeldes, se escapó en coche turismo hasta contactar con los mineros de Laciana. El otro, el pintor y artista Modesto Sánchez Cadenas, se quedó en León para intentar frenar la sublevación y defender a los obreros. Fue detenido sin contemplaciones. Como tantísimos otros a lo largo de los meses venideros.

[Continuará]

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