'El sueño del Emperador' y 'Zafadola': las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio
Las dos últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio (León 1941, Premio Nadal, Premio Setenil y Premio Castilla y León de las Letras) son dos Episodios Nacionales del siglo XII para el siglo XXI…
¿Qué habría ocurrido si el mayor sueño político de la España medieval hubiera dependido tanto de las pasiones humanas como de las batallas y los tratados? Esa es la fascinante pregunta que recorre El sueño del emperador (Eloas Ediciones, 2025), una novela que nos traslada al siglo XII para seguir la peripecia de Alfonso VII, el monarca que aspiró a convertirse en emperador de toda Hispania. Pero Juan Pedro Aparicio no se limita a reconstruir una época remota: convierte la historia en una aventura llena de intrigas cortesanas, alianzas inciertas, ambiciones desmedidas, amores, traiciones y personajes que parecen debatirse entre el destino y la voluntad. El lector avanza por castillos, campamentos y ciudades medievales con la sensación de asistir al nacimiento de una idea que todavía nos interpela: la de una España plural y difícil de gobernar. Narrada con agilidad, inteligencia y un extraordinario pulso novelesco, El sueño del emperador consigue que un episodio decisivo de nuestra historia se lea con la emoción de una gran novela de aventuras…
Asimismo pocas figuras de la Edad Media española resultan tan novelescas como Zafadola, el rey musulmán que soñó con recuperar un trono perdido y acabó convertido en pieza decisiva de un complejo tablero político donde nada era exactamente lo que parecía. En esta otra apasionante novela, Juan Pedro Aparicio rescata a un personaje histórico tan real como extraordinario y lo sitúa en el centro de una trama de pactos, guerras, lealtades cambiantes y estrategias de supervivencia que atraviesan la Península del siglo XII. Lo que comienza como la peripecia de un príncipe destronado se transforma poco a poco en una reflexión sobre el poder, la identidad y la convivencia entre culturas enfrentadas y, a la vez, inevitablemente unidas. Con ritmo de aventura, una sólida base histórica y una galería de personajes memorables, Zafadola invita al lector a descubrir uno de esos episodios olvidados de la historia que, gracias a la literatura, recuperan toda su emoción y su significado.
Uno de los proyectos narrativos más ambiciosos de la novela Española
Efectivamente con El sueño del emperador y Zafadola, el celebrado novelista Juan Pedro Aparicio prosigue uno de los proyectos narrativos más ambiciosos de la novela española contemporánea: la reconstrucción literaria de momentos decisivos de nuestra historia desde una perspectiva que trasciende los límites convencionales de la llamada novela histórica. Ambas obras, publicadas por Eolas, se adentran como decimos en el siglo XII peninsular para recrear las complejas relaciones entre los distintos reinos cristianos y musulmanes, las tensiones dinásticas, las alianzas cambiantes y los conflictos que contribuyeron a configurar la realidad política de España. Sin embargo, reducir estas novelas a una simple evocación del pasado equivaldría a desconocer su verdadera naturaleza.
La novela histórica ha gozado en las últimas décadas de una notable fortuna editorial, pero no toda ella responde a idénticas exigencias. Existe una modalidad orientada principalmente al entretenimiento, heredera en buena medida de Walter Scott y continuada, con distintos registros, por autores tan populares como Juan Eslava Galán o Arturo Pérez-Reverte. En ella predominan la peripecia, el color local, la reconstrucción ambiental y el dinamismo argumental. Aparicio, sin renunciar en absoluto a esas virtudes narrativas, se sitúa en una tradición distinta y más exigente: la inaugurada por Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales.
Como ocurría en la gran empresa galdosiana, la historia no constituye aquí un decorado sobre el que se proyectan aventuras más o menos verosímiles, sino el espacio donde se examinan los procesos que explican la formación de una comunidad histórica. El sueño del emperador y Zafadola son novelas de acción, de intriga política y de personajes memorables, pero también son instrumentos de conocimiento. Bajo la superficie narrativa discurre una reflexión constante acerca de la construcción de España, de la convivencia entre culturas y de las dificultades inherentes a todo proyecto político que aspire a integrar realidades diversas.
El rigor documental que sostiene ambas obras resulta admirable. Aparicio conoce a fondo el periodo que recrea y evita tanto la erudición ostentosa como las simplificaciones habituales del género. Los personajes históricos aparecen insertos en una trama viva y compleja donde la fidelidad a las fuentes nunca sacrifica la eficacia literaria. Esa capacidad para armonizar documentación e imaginación constituye una de las principales virtudes de estas novelas.
Pero quizá su rasgo más distintivo resida en la presencia de una idea de España que, lejos de cualquier formulación retórica o doctrinaria, emerge de la propia materia narrativa. Se trata de una visión ilustrada, integradora y racional, atenta a los matices de la historia y refractaria a los tópicos identitarios. Quienes hayan leído Nuestros hijos volarán con el siglo, aquella otra espléndida novela dedicada a Jovellanos y en la que convivían y dialogaban ya las dos Españas del Quijote y de Antonio Machado, reconocerán inmediatamente la continuidad de un mismo pensamiento. También encontrarán resonancias de las tesis desarrolladas por el autor en Nuestro desamor a España. Cuchillos cachicuernos contra puñales dorados, ensayo donde la reflexión histórica se convierte en una indagación sobre los fundamentos culturales y políticos de la nación española.
Novela histórica para comprender el presente
Desde esta perspectiva, El sueño del emperador y Zafadola no son únicamente novelas sobre el siglo XII; son novelas escritas desde el presente para interrogar el largo proceso histórico que ha conducido hasta nosotros. En ellas la Edad Media deja de ser un escenario exótico para convertirse en un laboratorio donde se ensayan las posibilidades y contradicciones de la convivencia peninsular.
La ambición intelectual del proyecto explica que la obra de Aparicio deba situarse junto a la de los grandes cultivadores de la novela histórica. En España, su empeño guarda afinidades con el de Lourdes Ortiz, cuya narrativa ha demostrado igualmente que el pasado puede ser un instrumento privilegiado para comprender el presente. Y, en una perspectiva más amplia, recuerda la lección de Marguerite Yourcenar, capaz de transformar la reconstrucción histórica en una exploración de las grandes cuestiones humanas y políticas.
En definitiva, con estas dos novelas, Juan Pedro Aparicio confirma la singularidad de una trayectoria literaria que ha sabido combinar imaginación narrativa, rigor historiográfico y reflexión cívica.
En tiempos en que la novela histórica corre con frecuencia el riesgo de convertirse en un producto de consumo rápido, El sueño del emperador y Zafadola reivindican una tradición más alta: la de aquellas obras que entretienen, instruyen y hacen pensar al mismo tiempo. Tal fue la aspiración de Galdós; tal parece ser también la de Aparicio: el resultado, en ambos casos, justifica sobradamente la empresa.
Esto somos… Y seguimos.