'Mr. Nobody contra Putin': adoctrinamientos
Una sociedad libre esta formada por ciudadanos críticos, capaces de pensar y expresar sus ideas sin temor a ser represaliados. Se puede oprimir desde el miedo o desde el control absoluto de la información, desde la amenaza velada a cualquier forma de disidencia o inoculando en la sociedad ese pensamiento único que sostiene la doctrina del poder. El adoctrinamiento es especialmente poderoso cuando se ejerce sobre los más jóvenes en las escuelas, cuando se instruye a una chavalada que todavía no está formada y es permeable a las enseñanzas de una determinada ideología, más vulnerable a la hora de absorber toda clase de ideas o creencias. A nadie le debería extrañar que en la Rusia de Putin esta retorcida forma de manipulación esté a la orden del día. Este documental expone de forma elocuente el proceso de adoctrinamiento en unas escuelas rusas dónde los límites entre educación y militarización hace tiempo que ya se han traspasado.
Mr. Nobody contra Putin cuenta la transformación de una de esas escuelas, que pasa de ser un espacio de aprendizaje a uno de formación ideológica, a través de la perspectiva de uno de sus profesores. Pavel Llych Talankin es, además de un verso libre en la enquistada estructura educativa de ese instituto de provincias, el encargado de grabar en video todos los actos del colegio, lo que le permite ser testigo activo con su cámara de ese nuevo plan de estudios destinado a fomentar el patriotismo. Cuando comienza la invasión de Ucrania, el gobierno totalitario de Putin emprende también otra batalla en su propio país: controlar el relato. Para ello decide impregnar de revisionismo histórico y propaganda del Kremlin unas clases que además deben filmarse y subirse a servidores gubernamentales. Nuestro valiente cineasta encontrará en esa obsesión controladora del poder la coartada perfecta para poder grabar y después ocultar todos esos panfletos ideológicos en forma de videos que los alumnos están obligados a asumir.
El documental más exitoso de este año apela con naturalidad a todos los preceptos del género. En Mr. Nobody contra Putin hay investigación, realismo y compromiso social. Su valor no se explica tanto en términos cinematográficos como periodísticos. El formato aquí es más un vehículo necesario para la denuncia que unos meros ropajes artísticos. Su importancia reside en su carácter testimonial, en el coraje de ese profesor para mostrar al mundo lo que está sucediendo en su remota escuela de Rusia, en su implicación ética y en su admirable disidencia.