'Golpes': cine quinqui
El género cinematográfico conocido como cine quinqui se hizo muy popular en tiempos de la Transición, cuando la heroína inundaba las calles y había una gran inseguridad ciudadana. Directores como José Antonio de la Loma o Eloy de la Iglesia narraron con una torpe y febril crudeza las dudosas correrías de todos esos jóvenes delincuentes de barrio y sin futuro, muchos de los cuales habían llegado a alcanzar cierta popularidad. Eran filmes de un realismo descarnado, donde se mostraban sin tapujos la exclusión social, el consumo de heroína o los atracos a bancos. Vistos desde la perspectiva del presente su mayor interés no está en su discutible calidad cinematográfica, sino en ese espontáneo y rabioso retrato de una época, en su condición testimonial y crítica de aquella España tan cercana en el tiempo como extrañamente lejana para la memoria colectiva. El cine quinqui alberga auténticos documentos sociológicos entre sus títulos más conocidos, ingenuas miradas sobre aquel mundo marginal que se rodaban a troche y moche, mientras todo estaba ocurriendo en la calle. Y eso, ese presentismo radical y honesto, es algo que no se puede comprar con talento o dinero, simplemente sucede.
Rafael Cobos, guionista habitual de Alberto Rodríguez, debuta como director con esta notable película que evoca y homenajea aquel cine quinqui con una sofisticada puesta en escena y una historia de perdedores. Ambientada a principios de los 80, la cinta nos cuenta la historia de un quinqui con causa, un tipo que es muy bueno en lo suyo y que vive al límite, entre atracos y fugas. Pero un ladrón que también busca una reparación moral, recuperar el cadáver de un padre represaliado de la Guerra Civil para darle una justa y humana sepultura, para cerrar una herida infinita.
Golpes cuenta con una prodigiosa dirección artística, una precisa banda sonora y una exquisita preocupación por la fotografía. Es un trabajo admirable en lo formal, armado con delicadeza y mucha cinefilia detrás de cada decisión. Además, la presencia de unos impecables Luis Tosar y Jesús Carroza interpretando a esos dos hermanos que han tomado caminos diferentes en la vida pero vienen del mismo golpe, le termina por conferir aires de cine mayúsculo y complejo. Estamos ante una obra que corrige los evidentes y comprensibles errores formales de ese cine quinqui que busca celebrar, pero que lo hace sin perder en el camino la descarnada honestidad que también derrochaban aquellas historias de macarras viviendo deprisa, entre chutes y atracos.