La Escuela de Minas de León celebra este año una Santa Bárbara especial con motivo de su 80 aniversario

Imagen de la empresa minera MSP en Carrasconte, en la década de los años 50

Luis Álvarez

La Escuela de Minas de León cumple este año, y en concreto el 27 de diciembre, los 80 años desde su creación. Fue esa la fecha de la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de la Orden Ministerial de 20 de diciembre de 1943 “por la que se crea en León una Escuela de Capataces de Minas y Fábricas Metalúrgicas”.

Estas ocho décadas de funcionamiento, de la hoy llamada Escuela Superior y Técnica de Ingenieros de Minas, han servido para dar formación a cientos de profesionales técnicos, que han desarrollado su labor en las empresas mineras, contribuyendo con ello de forma notable al crecimiento económico de la provincia.

No en vano, su emplazamiento se tuvo en cuenta por ser “una de las zonas mineras más importantes de España, con gran número de obreros y por encontrarse en ella enclavadas minas de carbón que contribuyen poderosamente a la producción de ese combustible tan necesario en las presentes circunstancias” de posguerra.

La creación de la escuela le resultó casi gratuita a las arcas del estado español en sus comienzos, dado que su principales impulsores y promotores de la idea fueron los ingenieros de minas Roberto Sterling (Hulleras de Sabero), Juan Caunedo (MSP) y Leonardo Manzanares (Hullera Vasco Leonesa), que también formaron parte del primer claustro de profesores.

Ellos gestionaron la participación económica de diversas instituciones leonesas para sufragar los gastos en los primeros años. De hecho, la Orden Ministerial que crea la escuela en su disposición tercera detalla que “todos los gastos de personal y material para sostenimiento de la mencionada Escuela serán sufragados por las Corporaciones y demás Organismos solicitantes, aceptándose la donación de diez mil pesetas hecha por el Monte de Piedad y Caja de Ahorros para los gastos de instalación, así como las subvenciones anuales de quince mil y diez mil pesetas aportadas por la Excma. Diputación y Excmo. Ayuntamiento citados, respectivamente, y la de treinta mil pesetas del Sindicato Carbonero del Norte de España, en representación de la mayoría de las Empresas afiliadas al mismo sin perjuicio de las consignaciones que figuren en el presupuesto del Estado”.

Hasta se pagó de similar modo la construcción del antiguo edificio en 1960 en la calle Jesús Rubio, utilizando las aulas e instalaciones de la antigua Facultad de Veterinaria, hoy sede del Rectorado de la Universidad de León. Después, otras dos sedes más han acogido a los alumnos de la Escuela, desde el traslado en 1994 al Campus de Vegazana donde se han utilizado dos ubicaciones diferentes.

Clases en fin de semana para no perder los tajos

Hasta la estabilización definitiva, las primeras promociones de facultativos de Minas solo tenían clases los sábados por la tarde y domingos por la mañana, porque según recogía la orden ministerial de 1943, así “permitíase a los restantes obreros poder continuar los estudios al hacerlos compatibles con sus ocupaciones”. Y el resto de la semana los estudiantes acudían a sus tajos en las empresas mineras en las que trabajaban.

En Villablino todavía reside uno de aquellos alumnos que obtuvieron su titulación con las clases de sábados y domingos desde 1950 hasta 1954. Es Manolo, hoy con 95 años de edad, que sólo pone como condición no desvelar sus apellidos por una cuestión de simple discreción.

Una vez obtenida la titulación de facultativo de minas, Manolo ejerció en la empresa MSP durante 41 años, seis meses y 17 días, sin incluir en ellos sus siete años repartidos entre el economato de Villablino y como ayudante minero en el grupo Carrasconte. Recuentos laborales que su memoria desgrana con exactitud matemática.

El sábado por la mañana “cogíamos el autobús de línea de Fernández”, en el mismo que regresaban los domingos por la tarde. Algunos años tuvo clases particulares en León por las mañanas. Y las tardes de sábados y mañanas de domingos en las aulas de la Facultad de Veterinaria. “Me costaba cada fin de semana, viaje comidas y pensión 120 pesetas y siempre llevaba 125”, por si surgía algún imprevisto“, rememora con viveza.

Pero antes de entrar a trabajar en la mina “lo hice en el economato de Villablino con 18 años, como pinche”. Había estudiado hasta 5º de Bachiller en la Academia Municipal Nuestra Señora de Carrasconte de Villablino.

Morir su padre, nacer su hermano

El 6º curso y la Reválida “ya los hice trabajando en el economato, donde ganaba 150 pesetas al mes”. Tuvo que ponerse a trabajar porque su hermano mayor se había muerto y era el que aportaba dinero a la casa.

Los gastos de los estudios de Bachillerato “me los pagaron siempre mis padrinos... Un lapicero, un cuaderno, cualquier cosa que necesitase me la pagaron ellos, incluso me compraron un traje para ir a examinarme de Reválida de Sexto a Ponferrada”.

La causa de este patronazgo fue el fallecimiento de su padre. Ocurrió “cuando tenía cinco años” y nunca se olvidará que “en una habitación de la casa estaba el duelo y en la de al lado, con dos horas de diferencia, nacía mi hermano pequeño”. Siempre su madre y su abuela fueron las que sacaron a los tres hijos adelante.

Cuando entró a trabajar en la mina lo hizo con la intención de librarse de la mili y porque ya se ganaba bastante más que como pinche de economato, unas 800 pesetas al mes, lo que era una mejor contribución a la economía familiar.

“Yo no era un cerebro brillante, pero con constancia y esfuerzo lo conseguí”. Dejando para el final conocer la motivación que le llevó a matricularse en la Escuela de Minas y esforzarse en obtener el título: simplemente “quería poder darles a mi madre y a mi abuela una vejez digna y sin estrecheces, algo que finalmente logré”. Y es que los 80 años de la Escuela de Minas está plagada de historias y esfuerzos personales.

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