Si estás en Babia, o en cualquier pueblo, estas son las recomendaciones a seguir si visitas este verano el mundo rural
Con la llegada del verano, muchos pueblos de montaña y del mundo rural, como los de la comarca leonesa de Babia, ven multiplicarse su población. Algunos regresan a las casas familiares, otros descubren el entorno por primera vez. En cualquier caso, el turismo rural crece y con él, también algunas dudas. Para quienes llegan desde ciudades, especialmente desde grandes urbes, la vida del campo puede resultar tan fascinante como desconcertante.
Este recordatorio, instalado en el Parque Natural de Babia y Luna por iniciativa del Ayuntamiento de Cabrillanes y la Diputación de León, pretende aclarar lo básico, sin ánimo de regañar, pero sí de facilitar la convivencia y la experiencia. Unas normas que además de en la famosa comarca de la provincia de León donde se 'perdían' los reyes del antiguo reino leonés son de sentido común para aplicar en cualquier entorno rural.
La primera sorpresa puede llegar de madrugada. En los pueblos, el silencio absoluto no es lo habitual: los gallos cantan mucho antes de que amanezca, las campanas de las iglesias suenan a horas concretas —no siempre previstas por el visitante— y el ganado lleva cencerros que repican para que los pastores puedan localizar a su ganado. Es el sonido de la vida rural, y aunque puede desconcertar a un urbanita, forma parte del carácter del lugar.
También es habitual ver animales domésticos sueltos. Perros, gatos e incluso gallinas pueden deambular por caminos y calles sin que nadie los persiga. No están abandonados: en el mundo rural hay otras formas de controlar y cuidar a los animales.
Si ves un perro solo, no significa que necesite ayuda; lo más probable es que sepa perfectamente dónde va. No es la primera vez que se hacen virales vídeos, no exentos de polémica, de senderistas que creen estar rescatando un perro abandonado cuando en realidad se trata de animales pastores, que ya tienen propietario.
En este mismo sentido, es importante no alarmarse por los olores. El 'ciutu' —estiércol en la jerga local— puede resultar fuerte al principio, pero es uno de los mejores fertilizantes naturales y parte esencial del ciclo agrícola. No es basura: es tierra en proceso de convertirse en vida. Asumirlo ayuda a entender mejor cómo funciona la producción de alimentos que luego acaban en nuestras mesas.
Muchos visitantes se sorprenden también por la falta de cobertura en sus móviles o GPS. Puede ser incómodo si dependes constantemente de ellos, pero también una oportunidad para desconectar, mirar alrededor y hablar con las personas que viven allí y que son quienes mejor conocen la zona, sin necesidad de consultar Google Maps.
Los vehículos de trabajo en el campo circulan en las carreteras rurales, igual que los coches o bicicletas. Los tractores no van rápido, pero trabajan sin descanso. A veces ocupan toda la calzada o levantan polvo, pero no están de paseo: están garantizando que el campo siga produciendo. Los carteles piden paciencia con estos vehículos.
Una de las puntualizaciones más importantes, debido al riesgo que puede suponer, es saber cómo actuar si te encuentras con un mastín o carea; dos razas cuya labor en el campo es la de cuidar al ganado y que, debido a ello, pueden mostrarse territoriales y agresivas. Suelen ladrar cuando te acercas a ellos, en ese caso avanza caminando despacio. En cambio, si el animal muestra una actitud agresiva, lo mejor es que te alejes sin correr.
Si tú mismo llevas perro, es fundamental que lo lleves atado. Aunque en ciudad estés acostumbrado a dejarlo suelto, aquí puede generar conflictos: puede asustar al ganado, molestar a la fauna local o provocar enfrentamientos con los perros de protección. Son normas sencillas que evitan problemas serios.
Finalmente, recuerda que las carreteras rurales no son autopistas. Están pensadas para el paso tranquilo, no para correr. Conduce con prudencia, respeta las fuentes naturales y nunca tires basura fuera de los contenedores. En los pueblos no hay servicio de limpieza tan frecuente: lo que dejes, alguien tendrá que recogerlo. Y si te encuentras con un animal salvaje —un corzo, un zorro, una rapaz—, no lo persigas para hacerle una foto: obsérvalo y déjalo tranquilo.
Pasar unos días en Babia o en cualquier pueblo puede ser una experiencia maravillosa si sabemos adaptarnos a su ritmo. Entender sus sonidos, sus olores, sus normas no escritas puede ayudar a tener la mejor experiencia posible en tu escapada rural de este verano.