150 años de la Primera República Española, el primer intento de eliminar la Región Leonesa

Litografía de la revista satírica 'La Flaca' sobre el Sexenio Revolucionario (1858-1874).

La abdicación, harto de los políticos españoles, del Rey Amadeo I de Saboya tal día como hoy hace 150 años dio paso al primer intento político republicano en nuestro país. La Primera República Española se proclamó al día siguiente, el 11 de febrero de 1873 y lo que en un primer momento se vio como un soplo de modernidad y ventana de futuro derivó en muy pocos meses en uno de los espectáculos políticos más bochornosos que se han producido en España, con un caos cantonal tan exagerado que dos pronunciamientos militares, el de Pavía en enero de 1874 –tras cuatro presidentes del Ejecutivo en tan corto espacio de tiempo– y el del general Martínez Campos en diciembre de ese año –deponiendo al último presidente republicano que nadie cuenta, el general Serrano–, aniquilaron la primera aventura española de un estado sin monarca.

Aquel mayo de 1936 en que se reclamó con insistencia la autonomía de la Región Leonesa

Aquel mayo de 1936 en que se reclamó con insistencia la autonomía de la Región Leonesa

Una intentona republicana que no empezó nada bien para León. El Reino de León, que se nombraba específicamente en la Constitución de 1812, la llamada La Pepa, desapareció literalmente del proyecto de Constitución Federal presentado el 17 de julio de 1873. Y nada menos que de salida, porque el Artículo 1 creaba el Estado Federal de Castilla la Vieja, en la que se incluía la Región Leonesa que se había puesto políticamente sobre el mapa cuarenta años antes en la división territorial de Javier de Burgos de 1833.

Ninguna otra constitución posterior a La Pepa –ni el Estatuto Real de 1834 ni las de 1837, 1845 y 1869– se habían referido en ningún momento a definir las regiones españolas. Pero el proyecto de Constitución republicana escrito en casi su totalidad por Emilio Castelar en 24 horas hacía desaparecer a León nada menos que en el artículo 1. Extrañamente, explicaba que para crear los Estados Federados se basaba “en los antiguos reinos”, pero obviando el más grande de todos los del comienzo de la Edad Media, al ser el mismo que el de los Astures con sede en Oviedo, y del que nacieron Castilla y Portugal.

El mapa resultante era, más o menos, un reflejo las regiones que se habían creado cuarenta años antes, con dos diferencias notables: se dividía en dos Andalucía (en oriental llamada Alta y occidental, denominada Baja) y desaparecía por completo León. También añadía Canarias, Cuba y Puerto Rico como estados federados de pleno derecho.

Afortunadamente el proyecto no gustó a nadie. Ni a los constitucionales ni a los radicales y tampoco a los republicanos federales intransigentes, que acabarían presentando otro proyecto constitucional. Pero tampoco hubo mucho tiempo para debatir nada, pese a las prisas por aprobar la nueva carta magna republicana. El caos y el ridículo político era tal que cinco meses y medio después la cuestión federal quedó completamente descartada tras la entrada de las tropas de Pavía para disolver el Congreso de los Diputados.

El proyecto se presentó con Pi y Margall como presidente del Poder Ejecutivo después de la dimisión y fuga a Francia de Estanislao Figueras el 11 de junio, y lo fulminó. Dimitió al día siguiente de presentarse, el 18 de julio. Nicolás Salmerón, su sustituto, duró hasta el 8 de septiembre. Y el redactor de aquella Constitución, Emilio Castelar, fue depuesto el 4 de enero de 1874 y sustituido por el General Serrano, tras el Golpe de Estado de Pavía (que no entró a caballo en el Parlamento como erróneamente se cree) durante un año hasta el 30 de diciembre. El veterano militar fue el quinto y nunca contado presidente del Poder Ejecutivo, esta vez en una república unitaria hasta el pronunciamiento de Sagunto del General Martínez Campos que restauró la monarquía borbónica con Alfonso XII.

Un desastroso proyecto político

La Primera República supuso una de las épocas más vergonzosas de la política española de los dos últimos siglos. El divulgador de orígenes leoneses Javier Santamarta ha publicado recientemente el libro Eso no estaba en mi libro de historia de la Primera República con la editorial Almuzara. Explica la dificilísima situación en aquellos tiempos:

“No podemos entender la proclamación de la Primera República fuera del contexto de un convulso siglo XIX, que lo fue en toda Europa, no fuimos una excepción, por cierto. Fue el final de una búsqueda de ser como nación moderna de España. Su proclamación con el concepto actual que tenemos, nacería con la Constitución de 1812. El reinado de Isabel II acabará con una revolución, llamada 'La Gloriosa' en 1868, que inicia lo que ahora conocemos como el Sexenio Democrático o Revolucionario. Tras ser derrocada la reina habrá un Gobierno Provisional con la regencia del general Serrano; la votación en Cortes para elegir un rey democrático, que recayó en Amadeo de Saboya dos años después en 1870; y, tras su renuncia, en la proclamación de una República”, apunta.

Pero el proyecto republicano salió mal. Rematadamente mal. “Era una España metida en guerras ya iniciadas como la primera de Cuba, la Carlista, y donde el movimiento cantonal acabó en nuevos enfrentamientos armados civiles. Sin mencionar los vicios políticos heredados de clientelismo y caciquismo, cuya suma de factores acabaría finalmente con ella”, explica.

Sin embargo, en León la cosa, más allá de las airadas disputas políticas y el monumental cabreo de los leoneses por ser obviados como parte fundamental de la Historia de España y puestos a disposición de Castilla, estuvo bastante tranquila para un momento tan caótico.

Sobre si hubo movimientos cantonales en la Región Leonesa, Santamarta indica que “hubo alguna pero sólo en localidades aisladas como Toro, Salamanca o Béjar”. Pero en el resto del país la cosa pintó muy mal: “El movimiento cantonal fue especialmente intenso en Andalucía y Levante (las regiones murciana y valenciana). En el norte (Vascongadas, Navarra…) y en Aragón y Cataluña, estaban imbuidos en plena guerra carlista, y por eso no se añadió este problema. El cantonalismo al final acabaría con una república que se proclamó federal, aunque no llegara a tener nunca una Constitución aprobada, dando paso en enero de 1874 a otra de tipo unitario, tras el golpe de Pavía, tomando el cargo de presidente del Ejecutivo el general Serrano”.

La Primera República (que en realidad casi duró dos años completos y no uno como se cree erróneamente) terminó siendo más tiempo dictatorial que democrática. “Una dictadura republicana, ya que se cerraron las Cortes en enero de 1874 pero la forma de gobierno sería siendo la misma, que tendría su final tras el pronunciamiento en Sagunto en diciembre de ese mismo año, por parte del general Martínez Campos, en el que se proclamaba como rey de España a Alfonso XII, dando paso a lo que se conoce como Restauración”, especifica el politólogo y periodista.

La reacción de León contra Castilla

Como era de esperar, los leoneses se levantaron a voz en grito cuando vieron que obviaban a León. La reacción de lo que era la Comisión Provincial de León, el organismo que hacía las veces de Diputación en aquellos días, fue contundente; y recuerda exactamente lo que se dice hoy mismo por parte de la mayoría de los leoneses: que no son castellanos. Lo cuenta Ricardo Chao en su blog Corazón de León y reproducimos algunos párrafos de la airada contestación.

Desde el momento en que fué conocida en esta provincia la división proyectada de España en 15 Estados para constituir la Federación, no ha cesado un momento de recibir las reclamaciones más enérgicas y las excitaciones más eficaces de los Ayuntamientos, á fin de que acudieran á la Representación Nacional, solicitando para la provincia de León la autonomía, que á otras con menos derecho se trata de conceder.

La provincia de León, Título y Cuna del primer Reino de la reconquista, que cuenta con una extensión superficial de 1.597.120 hectáreas y una población de 348.756 habitantes; que por su situación topográfica, por sus producciones, por sus costumbres, no pertenece, ni puede considerarse como una parte de Castilla la Vieja; y que cuenta con elementos mas que suficientes para constituir por sí un Estado próspero, no debe ni puede ser absorbida por otro, sea cualquiera su nombre, y con el que no la unirán seguramente relaciones de ninguna especie.

No pretende León en manera alguna ser el centro de un Estado, al que concurrieran otras de las actuales provincias; sino formarse por sí sola, y no perder su autonomía, ni el glorioso nombre de Leoneses sus habitantes, que con él y no con el de Castellanos se han distinguido siempre por su patriotismo, su laboriosidad y su cordura.

Si la división responde á los antiguos Reinos, como asegura el preámbulo del proyecto de Constitución ¿Quién con mas derecho que León para formar un Estado? Si estos han de tener cierta importancia, ¿Por qué Navarra y otros obtienen la preferencia cuando les supera la provincia de León en población, en extensión superficial y en el valor de sus variadas producciones, por las que solo en la Contribución territorial satisface mas de tres millones de pesetas?

Merece la pena leer entera la entrada que se enlaza arriba para conocer la tensa situación que se creó en León con la propuesta de Castelar.

¿Pero por qué desaparecía León como Estado Federado? ¿Por qué le quitaban su autonomía por primera vez? “La verdad es que es inexplicable”, indica Javier Santamarta. “Siempre la división regional (o autonómica) en aras de desconcentrar la administración pública, ha tenido problemas para establecerse. Especialmente en en varias zonas como Murcia o Granada. Pero en algo tan claro como la singularidad leonesa se ha pasado siempre de ella dejándola de lado. En el proyecto federal, Andalucía se desgajó en Baja y Alta, y a Murcia la incluyeron Albacete. ¿Donde quedó León? Imbuida en lo que se denominó Castilla la Vieja. Especialmente sorprendente ya que según varios historiadores, el mencionado proyecto quería basar estos nuevos Estados en los antiguos reinos peninsulares”.

¿Inquina? ¿La eterna visión castellanista de que León era el malo y Castilla la buena? “Más que inquina, tal vez se deba este olvido a que León no haya tenido políticos relevantes que hayan hecho cuña a favor de uno de los reinos fundamentales para entender la Historia de España”, hipotetiza Santamarta.

Por su interés, recomendamos que se lean estos tres artículos de Miguel Ángel Diego Núñez contando a fondo en ILEÓN, precisamente, lo ocurrido en las Cortes sobre el debate de la creación de un Estado Federal en León.

Etiquetas
stats