Casasuertes, el pueblo leonés que multiplica por cinco sus vecinos al acoger a una familia ucraniana con cuatrillizas

La familia Prochaeva llega por fin a Casasuertes.

Daniel Escanciano recibió durante la semana pasada una llamada. Al otro lado de la línea escuchó la voz de un profesor de ajedrez, al que había conocido por torneos de esta disciplina que él también practica, que le informa de la situación de la familia Prochaeva, formada por seis niños y sus progenitores que habían huido de la guerra que asola su país y que buscan refugio en España.

Este ingeniero residente en Madrid, les conoce, aunque poco, por los campeonatos mundiales celebrados en Santiago de Compostela, hace ya varios años y en los que las cuatrillizas Prochaeva destacaron como unas de las mejores jugadoras del mundo sin haber cumplido todavía los 10 años. A pesar de no tener una relación estrecha con la familia, no duda en ofrecerse a ayudar con todo lo que tiene.

Recuerda su casa en Casasuertes, un pueblo ubicado en la vertiente leonesa del Parque Nacional de Picos de Europa, de donde provenían sus padres y en el que él ha pasado los veranos organizando actividades que atraigan a vecinos de la zona y curiosos al pueblo en el que hoy residen tan solo dos personas durante todo el año.

Así comenzó la odisea que ha llevado a cabo Daniel para acoger en su casa de Casasuertes a la familia Prochaeva, que ha dado una nueva oportunidad al pequeño pueblo de montaña.

La llegada a León

La familia llegó a Riaño el sábado 2 de abril, donde Daniel les había encontrado un alojamiento temporal en un apartamento, mientras él se encargaba de rehabilitar la casa: “No estaba en condiciones para que pudiese entrar gente a vivir, y menos unos niños. No vive nadie allí desde hace mucho tiempo. Hace mucho frío por las noches, no hay termo y la chimenea no sirve”, contaba el martes en conversación telefónica con ese periódico.

Daniel lleva desde entonces dedicado en exclusiva a asegurarse de que la casa esté en buen estado, haciéndose cargo de la familia y arreglando todo el papeleo necesario. Gracias a eso, los niños ya están escolarizados en el colegio de Riaño y el instituto de Cistierna: “Ellos están muy contentos en los centros, además han conocido a dos niños ucranianos que llevaban ya un tiempo allí y así se sienten más integrados”.

El jueves 7 de abril ILEÓN se reúne con Daniel y la familia Prochaeva formada por los padres, Olena y Vadym, los pequeños Ivan y Nina, de 13 y 15 años, y las cuatrillizas de 10 años Alina, Tina, Elizabeta y Olha.

Se encuentran en una pequeña tienda de fotografía de la ciudad de León, haciéndose fotos para poder poner en orden algunos de los papeles que necesitan, como el Número de Identidad de Extranjero (NIE) o la tarjeta sanitaria. Cualquiera pensaría que, con tantos niños haciéndose fotos a la vez, reinaría el caos en el local, pero ninguno de ellos alza la voz o corretea por la tienda. Miran a su alrededor, curiosos, mientras esperan a que llegue su turno.

Vadym, haciendo uso del traductor de Google y de un inglés chapurreado, cuenta lo agradecido que está por haber llegado a León, gracias a Daniel, lo mucho que le gusta nuestra cultura y lo acogido que se encuentra en Riaño.

Daniel reconoce que la llegada de ocho personas, incluyendo seis niños, es todo un acontecimiento en Casasuertes, donde solo viven dos personas durante todo el año y hay en torno a 20 empadronados. “Casasuertes es un pueblo con mucho potencial. Yo allí he conocido a personas muy especiales, que son increíbles en lo que hacen”, asegura, “y en verano es otra cosa, es como un pueblo diferente; viene mucha gente porque el lugar es precioso y porque organizamos muchas actividades desde la Asociación Río Cosoya, a las que se apuntan muchos niños también”.

Casasuertes es un pueblo con mucho potencial. Yo allí he conocido a personas muy especiales, que son increíbles en lo que hacen, asegura Daniel.

El viaje ha sido toda una carrera de obstáculos. La familia salió de Kiev en su coche, en medio de las larguísimas colas de la autopista. Vadym resopla al recordar cómo tardaron 10 horas en recorrer 100 kilómetros, sobrevolados por bombarderos rusos. Después de cuatro noches repartidas entre Hungría, Italia y Francia, por fin, el sábado 2 de abril llegaron a León.

La mirada en Ucrania

En la Dirección General de la Policía Nacional, en la calle Villa Benavente, Daniel saluda a uno de los agentes que atiende a la familia que también tiene vínculos con Casasuertes, siguiendo la estela que parece acompañar al pueblo que hace honor a su nombre. Juntos, rememoran los divertidos veranos en Casasuertes.

Mientras los Prochaeva esperan que los agentes les requieran para completar el papeleo, los niños se sientan en unas sillas y, haciendo uso de una pinturas que aparecen en sus manos como por arte de magia, algunos se entretienen dibujando. Vadym abraza a una de las pequeñas cuatrillizas y se asegura de que todos tengan los abrigos bien abrochados.

Olena, la madre de los niños, saca su móvil y enseña algunas imágenes que encuentra en su galería de torneos de ajedrez o de las navidades pasadas en Kiev, donde vivía la familia y los padres trabajaban en un pequeño negocio. Sonríe mientras se reproduce un vídeo de la Plaza Sophia, en el que se muestran las hermosas decoraciones del mercado de navidad.

En otra fotografía se la ve posando junto a su sobrino, hijo de una de sus hermanas. Bromea con la ropa que viste en la foto que, dice, es más del estilo de su hermana pequeña: “Es una 'fashionista', siempre se pone vestidos y botas, pero yo adoro los vaqueros. Aquel día me animó a reconciliarme con ese estilo”. Sigue pasando fotos y, a medida que estas se acercan a las últimas semanas, su sonrisa se borra y su mirada se endurece.

Para no perder el contacto, los ucranianos han creado grupos en Telegram en los que participan miles de personas y comparten noticias. Es, en cierto modo, una manera de llevar al país que es su hogar con ellos.

Olena muestra imágenes duras de cadáveres abandonados en carreteras, civiles ejecutados y maniatados e incluso la imagen de una mujer que le cuentan que fue asesinada, tras ser violada, y a la que grabaron una esvástica en la espalda. “Nos levantamos y nos acostamos con la mirada en Ucrania. Nuestros amigos se quedaron allí. Mi familia, por suerte, pudo irse a Alemania. Nos duele ver todo lo que está pasando allí, queremos que todo esto acabe lo antes posible y que los responsables sean castigados”.

Olena: Nos levantamos y nos acostamos con la mirada en Ucrania. Nuestros amigos se quedaron allí

La ira, reconoce, es mala consejera, pero expresa lo enfadada que está con Rusia y la necesidad que siente de separarse de la nación hermana que ahora les masacra. Pide que Europa actúe con las máximas sanciones económicas y reflexiona sobre la paz que cree que solo llegará con la desaparición de Putin.

“Tengo parientes en Rusia que dudan de lo que les cuento. Hice un grupo entre todos y les paso información diversa sobre la guerra. No contestan. Antes me decían que tuviera paciencia, que todo se arreglaría, que no creen lo que ven en la tele. Solo espero que piensen en lo que les envío”, cuenta Olena sobre aquellos rusos escépticos de la realidad ucraniana. “¿Es posible perdonar y tener algún tipo de relación con ellos después de esto?”, se pregunta.

La bienvenida de Casasuertes

La familia al completo abandonó el apartamento de Riaño la tarde del jueves 7, para asentarse por fin en la casa que Daniel ha habilitado, con la nueva chimenea recién instalada.

Casasuertes organizó esa tarde una bienvenida para la familia, a la que acudireron decenas de vecinos de varios pueblos de la zona para acogerles y mostrarles su apoyo. La bienvenida se endulzó con chocolate caliente.

Durante un tiempo, Daniel se quedará con ellos, acompañándoles y ayudándoles, como ha hecho en todo momento de esta generosa aventura que no ha sido siempre un camino de rosas.

Olena extraña su verde Ucrania aunque harán lo que sea mejor para los niños: “Quizá ya he vivido mucho tiempo allí. Veremos. Ha pasado poco tiempo para tomar tales decisiones”.

Daniel, por su parte, cree que la montaña leonesa puede encandilar a la familia: “Igual deciden quedarse aquí, una vez que estén asentados. Supongo que depende de lo que vean que les puede ofrecer el pueblo y la zona para su vida”.

Suerte, familia Prochaeva y Daniel.

Удачи, семья Прочаевых и Даниил

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