Viejo, sordo o cabrón

No por ser mayor se es siempre mejor.

No vamos para jóvenes. Ni yo, ni mi entorno, ni la sociedad que me rodea. Debería hablar bien de los viejos, por la cuenta que me trae, pero no consigo inspirarme para eso. No lo consigo con la clase de viejos que nos van quedando. Que vamos quedando.

Si, es cierto que con el paso de los años la gente va atenuando sus ramalazos y se vuelve menos impulsiva, que reflexiona más las cosas y sabe huir de las soluciones fáciles. Pero, por contra, con el tiempo, esa misma gente se vuelve también menos activa, menos imaginativa y más adicta a repetir las cosas que le funcionaron, aunque fuesen enormes tonterías o ideas ya obsoletas e inaplicables. Y además son incapaces de reconocer que acertaron de chiripa, o que simplemente cosecharon los aciertos de otro, sin mérito alguno que atribuirse.

Lo cierto, echando cuentas, es que la experiencia no es un grado, ni un mayor capital, sino sólo un multiplicador, de manera que al sensato lo vuelve más sensato, pero al que era un majadero, lo vuelve un enorme y descomunal majadero, convencido de que sus soluciones caducadas van a ser el remedio óptimo en cualquier tiempo y lugar. Y además, en el segundo caso, el experimentado no sólo la lía, sino que la lía con ínfulas, a dedo y nariz alzada, lo que ya es el colmo. Pero lo aguantamos.

Hay que dejar hacer al que sabe, cuando sabe, pero cumplir años no añade conocimientos técnicos ni buen juicio. Cumplir años no añade buen criterio. Cumplir años no añade audacia, por mucho que los viejos tengan menos que perder, porque llevan ya el billete picado. Cumplir años no te hace mejor, ni más solidario, ni más propenso a entregar la cuchara al hambriento. Cumplir años sólo te hace más adeptos a esa filosofía de “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”. Y no hablemos ya de los viejos sin hijos, esa tribu que a veces lamenta cada árbol que no cortó y cada euro que le pagaron a otro.

Habría que preguntarlo: ¿A qué ha dedicado usted todos estos años que tiene? A poner ladrillos. Pues bien: de poner ladrillos tiene que saber unas cuantas cosas, pero no venga a hablarme de economía. ¿Se ha preocupado de tener un pensamiento crítico y propio? No. Pues entonces sus muchos años son una simple acumulación de residuos tóxicos, conservantes y colorantes en el pellejo, y resentimiento mal digerido contra los que le dieron siempre por culo. No hay más. Usted sólo es más tóxico por ser más viejo.

Debemos respetar a los viejos por supervivientes, pero no por inteligentes. Debemos admirarlos por afortunados, no por astutos. Creer que la supervivencia procede necesariamente de la sensatez, del buen juicio y de la destreza, significa no haber entendido nada de este puñetero mundo.

Algo sabrá el viejo, sin duda, pero no necesariamente lo que necesitamos.

Algo aportará el viejo, por supuesto. Pero a lo mejor es el que, cuando nos estamos ahogando y pidamos ayuda, en vez de un salvavidas nos tira un extintor.

Porque es sordo. O un poco cabrón. Vete a saber...

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