Los colores del optimismo

César Sánchez / ICAL Bruno Santín, ilustrador berciano seleccionado entre los 100 mejores del mundo por la editorial Taschen, en su estudio de trabajo en Ponferrada.

D. Álvarez / Ical

Su color favorito es el rosa, los rotuladores son su principal herramienta y su trabajo ya ha sido portada en la edición especial del 25 aniversario de la revista Shangay o en el disco 'Mitología' del músico integrante de Fangoria Rafa Spunky. Hijo de minero, originario de Lillo del Bierzo, conversador entusiasta y optimista declarado, el trabajo como ilustrador de moda de Bruno Santín recibirá el reconocimiento de la prestigiosa editorial alemana Taschen, que incluirá seis de sus dibujos en el libro 'The Illustrator', donde se recogen las obras de los 100 mejores ilustradores del momento.

Este “sueño cumplido” surgió como una casualidad, explica Bruno. “Estaba ojeando unos libros de Taschen en una tienda con un amigo y dije que sería la caña aparecer en uno de ellos. Mi amigo me convenció para enviar un 'mail' al director de la editorial, Julius Wiedemann, que me contestó al día siguiente diciendo que le encantaban mis dibujos y que contaría conmigo cuando surgiera la posibilidad”, recuerda. Tras un proceso de gestación que se ha alargado durante cerca de dos años y que ha estado marcado por la confidencialidad, Bruno pudo ver hace escasos días la que será la portada del volumen.

En su interior, habrá seis de sus ilustraciones, “las más representativas”, junto a las de otras tres ilustradoras españolas: María Herreros, Paula Bonet y Carmen García Huerta. Con este libro, la editorial germana busca presentar el trabajo de los ilustradores más influyentes del mundo en ámbitos como la moda, el tatuaje o el grafiti. Además, los trabajos de cada uno de los ilustradores se acompañarán con información del artista y, como novedad de este año, un autorretrato de cada uno de los autores. “La verdad es que me costó bastante”, reconoce el berciano, ligeramente avergonzado por la muestra de narcisismo.

Ilustración de moda

Con facilidad para el dibujo “de toda la vida” – “yo era el típico de los rotuladores Carioca”-, el futuro de Bruno debía estar ligado al mundo del arte, lo que le condujo a las puertas de la Escuela de Artes de León para estudiar un Grado Superior de Arte Textil. “Mi intención era tirar hacia el diseño de moda, era lo más parecido a algo artístico que yo podía y quería hacer”, recuerda. Allí tuvo ocasión de trabajar técnicas como el estampado o el grabado y materiales como el vidrio o el barro, aunque la clave de todo fue que “nunca dejas de dibujar”. “Hagas lo que hagas, siempre estás haciendo bocetos”, explica.

Su primera experiencia importante en el ámbito profesional llegó en 2014, cuando la exclusiva peluquería y tienda de moda Marcos, en Ponferrada, le encargó el diseño de sus nuevas bolsas, en las que debía aparecer el dibujo de una serie de chicas asistiendo a un desfile de moda. “Al principio fue un agobio porque no sabía cómo empezar y me decía a mí mismo que no sabía dibujar chicas”, explica el artista, que reconoce que el trabajo le sirvió para quitarse esa manía, hasta el punto que las mujeres protagonizan a día de hoy una parte importante de sus ilustraciones.

Tras el éxito de ese diseño, Bruno se metió de lleno en el mundo de la ilustración de moda y dejó “bastante abandonado” el collage, una técnica con la que había expuesto sus composiciones, llenas de referencias arquitectónicas, influencias orientales y numerología, en diferentes espacios de Ponferrada, León, La Coruña o Vigo. “El collage es libertad total, no hay barreras ni fronteras”, asegura el berciano, que reconoce que aún sigue haciendo el mismo proceso de buscar recortar en las revistas para parar un rato de dibujar y descansar la muñeca. “Me duele de tanto dibujar”, asegura.

En ese sentido, Bruno defiende la constancia como uno de los valores importantes a la hora de encarar sus retos profesionales. “Trabajo muchas horas todos los días, domingos incluidos, picando como los mineros en el pozo”, afirma, recordando la labor de su padre. Enfrascado siempre en cuatro o cinco dibujos simultáneos, Bruno parafrasea a Picasso y recomienda “que las musas no te pillen en el sofá”.

Además, su rutina diaria también incluye el trabajo de darse a conocer, porque “nadie va a venir a llamarte a la puerta para decirte que tus dibujos son muy bonitos”, explica. “Me harto de mandar 'mails' y paso mucho tiempo metido en redes, porque si quieres meterte en este mundo tienes que tener los ojos muy abiertos y estar al día de las tendencias, de los diseñadores y de lo que hacen y dejan de hacer”, añade.

En esa línea, el berciano destaca las posibilidades que ofrecen plataformas como Pinterest o Instagram como escaparate para el trabajo visual. “Para los artistas, ahora mismo esas son las herramientas”, afirma Bruno, que valora además, la posibilidad de recibir una “recompensa inmediata”, como el mensaje privado que recibió de parte del diseñador Marc Jacobs, después de que éste viera un dibujo de Bruno basado en un diseño suyo.

Arcoiris de colores

A la hora de hablar de su trabajo, Bruno destaca los trazos limpios o el colorido vivo como puntales que hacen de su estilo “algo muy reconocible”, con “marcas de la casa” como pintar el pelo de rosa a las chicas. “Mis personajes se ven felices, porque yo estoy feliz y supongo que eso se transmite”, explica el berciano, que insiste en que el optimismo es su principal filosofía de vida.

Entre sus influencias pasadas y presentes cita a pintores como Van Gogh, Frida Kahlo o Nora Carrington y reconoce que “todo artista tiene una época de copiar a artistas famosos, en las que los trazos y las maneras tiran un poco por ese lado”. “Hace tiempo que me empecé a creer que lo que hago es bueno, que tiene calidad y que mi trabajo es tan válido como el de cualquiera”, asegura.

Al respecto, advierte de que “el ego hay que tenerlo muy a raya” y recuerda que “las cosas llegan un poco por casualidad y un poco porque te lo curras”. Por ello, no considera urgente trabajar para grandes firmas de moda y considera que el futuro le llevará hacia esa puerta como un “paso natural”. “Creo que estoy en el buen camino, siempre me digo que algún día llegará”, asegura, confiado.

A la espera de contraer matrimonio este verano con Steven, un tejano al que el Camino de Santiago le permitió conocer, el artista pasa largas temporadas en Estados Unidos, donde se centra más en el trabajo en el mundo de la ilustración de moda, mientras que sus estancias en territorio berciano las dedica más a dibujar retratos personales, que son, reconoce, su fuente de ingresos más estable. “Mi sueño es hacer una ilustración para la portada de la revista New Yorker”, admite, sin dejar que la obsesión le aleje del camino que ha recorrido en los últimos cinco años y que resume con jovialidad: “Los rotuladores me hacen muy feliz, salir a comprar unos rotuladores es una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo. Luego ya me pongo a dibujar”.

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