'Misión Marte', el libro de la leonesa Jennifer García Carrizo contando su viaje simulado al planeta rojo
No es precisamente común ver en las librerías el libro de una leonesa referido a una misión a Marte. Y menos que sea de una treintañera, que estudió una carrera de letras, que ha vivido una al planeta rojo. Pues ya está a la venta Misión Marte, de Jennifer García Carrizo, la joven profesora de Comunicación científica que formó parte de Hypatia II, una estancia en una base simulada en el cuarto planeta del sistema solar en la Mars Desert Research Station (MDRS) en Utah de un equipo multidisciplinar de españolas.
Esta galardonada comunicadora científica nacida en León en 1992 –doctora Internacional en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas, con varios premios a la excelencia, y profesora titular de la Universidad Rey Juan Carlos– relata su experiencia real en aquella simulación de vida marciana en 2025, gracias a formar parte de la antedicha misión Hypatia II.
Y lo hace para explicar cómo debería ser la colonización humana de Marte desde una perspectiva poco habitual: los retos específicos que tendrán que afrontar las mujeres astronautas diferentes de los de sus compañeros. Este es el objetivo de la asociación española Hypatia Mars, que en 2027 realizará su tercera expedición simulada con un equipo compuesto exclusivamente por mujeres para detectar los problemas inherentes que se pueden dar en el espacio –o en un planeta a millones de kilómetros del natal de la humanidad– para las componentes de una misión real. Las dos primeras misiones análogas (que es como se denominan técnicamente a estas experiencias con normas muy estrictas para simular una misión espacial, en este caso la estancia en el planeta rojo), se realizaron en la base del desierto estadounidense de la Mars Society en Utah, y mientras que la tercera –en la que participará su compañera, la ingeniera y también leonesa, Laura Fernández-Llamazares– será el año que viene en la base que posee en el ártico canadiense la sociedad que investiga los viajes al planeta rojo.
Parece baladí, lo de pensar en modo mujer para una misión espacial, pero no lo es. Precisamente es un desafío tremendo, ya que las diferencias biológicas que en nuestro planeta no deberían suponer un impedimento para que cualquiera pueda llegar a ser lo que quiera, en un viaje espacial pueden ser inhabilitantes o incluso peligrosas de no solventarse bien. La planificación en este tipo de misiones es crucial, porque un mínimo detalle –lo que en la Tierra consideraríamos una tonta molestia– puede suponer un gravísimo problema en lugares extremos para la supervivencia humana. E incluso perder la vida porque las herramientas o los trajes espaciales no están diseñados perfectamente para sus necesidades o se olvidan de un suministro absolutamente necesario para ellas.
Recopilar una experiencia para planificar misiones reales
Esto, que es complicado de explicar en las breves líneas de un reportaje, es lo que explica García Carrizo en su libro. A través de un formato de diario personal, la obra detalla los desafíos de convivir en aislamiento, realizar experimentos científicos y gestionar recursos limitados dentro de la misión análoga Hypatia II. Y gracias a aquella alucinante (más bien amartizante) experiencia destaca que la exploración espacial “no es solo una cuestión técnica, sino un esfuerzo interdisciplinar donde la comunicación y la sostenibilidad son pilares fundamentales”. No hay que olvidar que no sólo es llegar a Marte, y tener comunicación con la Tierra a 30 minutos luz de distancia, sino habitar en un lugar completamente inhóspito aprovechando todo lo disponible, incluidos restos biológicos humanos, para que la colonia pueda sobrevivir. Es decir, no se puede tirar nada y estas experiencias simuladas –se encierran a un grupo de personas en la base análoga con trajes espaciales para salir al exterior, con misiones de prueba, cumpliendo todos los protocolos para no 'morir' virtualmente– son importantísimas para detectar los problemas que se puede encontrar una misión de verdad. Y todo esto hay que estudiarlo, vivirlo, recopilarlo y comunicarlo, tanto a los ingenieros y planificadores de la carrera espacial, como al público en general para que sea consciente de las extremas dificultades de actividades de este tipo.
Esta fue fundamentalmente su misión personal principal en su estancia en la MDRS, llevando a cabo su proyecto Hypatia S Circular Odissey que se puede ver pinchando en el enlace anterior, en el que realizó un tour virtual de la base y las condiciones de vida durante la estancia del equipo de Hypatia II en la misma. En su profuso y canal de Youtube, además, tiene un montón de vídeos explicando cómo superar toda clase de dificultades en una empresa espacial de este tipo. Recomendadísimo de ver.
Pero la cuestión fundamental es que ella misma, como experta en comunicación y divulgación científica –que, además, grabó en vídeo toda la experiencia como se puede ver aquí arriba– pueda explicarlo más a fondo de viva voz. Por eso ILEÓN ha contactado con ella y le ha realizado esta entrevista con la curiosidad de cómo se puede explicar una vivencia tan poco habitual y estimulante y conocer cuáles son los retos de ser una mujer en una misión espacial.
¿Cómo se vive en una ‘base’ en Marte? Porque habrá que racionarlo todo...
Se vive en un entorno de extrema conciencia del recurso. Todo está medido: el agua, la energía, la comida, el tiempo e incluso los desplazamientos. En la Mars Desert Research Station en Utah, donde se simula la vida marciana, por ejemplo, el consumo de agua es muy limitado y obliga a cambiar por completo los hábitos cotidianos. No hay espacio para la inercia del confort terrestre. Eso te obliga a entender que cada gesto tiene un impacto. Y, sobre todo, a convivir con la idea de que la sostenibilidad no es teórica: es supervivencia.
¿Por qué has elegido para el libro un formato de diario en lugar de un ensayo clásico de divulgación espacial?
Porque la experiencia no era solo científica, sino profundamente vívida. El formato de diario permite mostrar el “día a día” emocional, los cambios internos, las dudas y los aprendizajes en tiempo real. En una misión análoga todo ocurre de forma continua, sin pausa, y el relato fragmentado en 'soles' o momentos permite transmitir esa sensación de inmersión. Un ensayo clásico habría explicado la misión; el diario permite vivirla en primera persona.
¿Cuáles son las complicaciones añadidas de ser mujer en el espacio?
Hay cuestiones muy concretas que históricamente han estado poco consideradas, como la menstruación en entornos de aislamiento o microgravedad, que de repente se vuelven centrales en una misión. Pero también hay otras menos visibles: la falta de diseño inclusivo en ciertos equipos, la invisibilización de referentes femeninos o el síndrome del impostor, que aparece con mucha fuerza en entornos altamente técnicos.
A veces lo más complejo no es lo físico, sino el hecho de tener que justificar constantemente tu lugar en ese entorno.
Supongo que una misión compuesta exclusivamente por mujeres tiene importancia de cara a la exploración espacial futura. ¿El nombramiento de perfiles como el español Carlos García Galán para dirigir proyectos de bases lunares lunares puede reforzar el valor de iniciativas como Hypatia Mars?
Este tipo de misiones aportan una perspectiva muy valiosa sobre diversidad, convivencia y resolución de problemas en entornos extremos, algo clave para futuras bases lunares o marcianas. No tanto por ser 'exclusivas', sino por demostrar que la ciencia se enriquece cuando se amplían los perfiles.
En cuanto a los grandes proyectos internacionales, cualquier incorporación de talento (como la dirección de nuevos asentamientos lunares) puede contribuir a reforzar el diálogo entre experiencias reales y simulaciones, que funcionan precisamente como laboratorio humano y social.
¿Qué fue lo más difícil de la misión Hypatia II?
Lo más difícil fue, en realidad, la preparación previa. La misión en sí está muy estructurada, pero llegar hasta ahí implica meses de trabajo intenso, presión, coordinación del equipo y gestión de expectativas. Es un proceso exigente a nivel profesional y personal que muchas veces no se ve desde fuera. Cuando por fin llegas a la base de investigación, ya vienes de haber superado la parte más dura.
¿Habla esta experiencia más de cómo habitamos la Tierra que de cómo colonizar Marte?
Sin duda. Marte funciona como espejo. La escasez redefine el valor de todo, y eso te obliga a preguntarte cómo vivimos aquí. Muchas de las dinámicas que parecen 'del futuro' en realidad hablan del presente: consumo, residuos, agua, energía. La gran conclusión es que estas simulaciones no tratan de colonizar otros planetas, sino de entender mejor el nuestro. Además, odio la expresión “colonizar”; a Marte iremos a investigar y eso incluye respetar el entorno; no destruirlo, sino preservarlo.
¿Qué aporta una comunicadora científica en una misión así?
Aporta algo esencial: traducción. La ciencia no existe plenamente si no se comunica, si no se entiende y si no se conecta con la sociedad. Una comunicadora observa, interpreta y construye relato, pero también analiza cómo se generan las narrativas científicas. En una misión, eso significa convertir la experiencia en conocimiento compartido, no solo en datos internos del equipo.
¿Qué ha cambiado en tu vida la Misión Hypatia II?
Ha cambiado mi relación con la incertidumbre. Ahora entiendo mejor que la incomodidad es parte del aprendizaje. También ha reforzado mi convicción de que el conocimiento no es propiedad de una sola disciplina, sino un espacio compartido entre ciencia, comunicación y sociedad. Y, a nivel personal, me ha hecho más consciente de mis propios límites y de mi capacidad para adaptarme.
¿Qué le has recomendado como veterana a tu compañera, y paisana leonesa, Laura Fernández-Llamazares en Hypatia III para la misión en el Ártico 2027?
Sobre todo, que confíe en el proceso y en el equipo. Que en este tipo de experiencias lo técnico es importante, pero lo humano lo es aún más. Y que aprenda a observar el grupo tanto como el entorno, porque ahí es donde realmente se producen los mayores aprendizajes. Más que una recomendación concreta, le diría que viva la experiencia sin intentar controlarlo todo.
¿Qué opinas de los astronautas de verdad tras esta experiencia? ¿Y de figuras como Christina Koch?
Con mucha admiración. La preparación, la disciplina y la capacidad de adaptación que requieren las misiones reales están a otro nivel. Pero estas experiencias simuladas te permiten entender mejor la complejidad humana que hay detrás de cada astronauta: no solo son perfiles técnicos, sino personas que conviven, se adaptan y gestionan situaciones límite.
¿Y de los astronautas leoneses Pablo Álvarez y Sara García Alonso?
Son referentes muy potentes. Más allá del orgullo local, representan algo importante: la posibilidad real de que perfiles diversos lleguen a la exploración espacial. Su trabajo contribuye a acercar ese mundo a nuevas generaciones y a normalizar la idea de que la ciencia también se construye desde trayectorias muy distintas.
¿Qué te gustaría que pensara una chica joven al leer tu libro?
Que no existe un único camino para llegar a la ciencia o a la exploración espacial. Que no hace falta encajar en un molde concreto para aportar valor. Y, sobre todo, que las preguntas (más que las certezas) son lo que realmente te lleva lejos.
¿Volverías a una misión simulada de Hypatia?
Sí, sin duda. Porque cada misión es diferente y siempre plantea nuevos retos humanos, científicos y personales.
¿Y a Marte de verdad?
Si algún día es posible y seguro, me gustaría pensar que sí. Pero, sobre todo, lo importante no es solo llegar, sino entender por qué y para qué lo hacemos.
Además de narrar la inolvidable aventura que vivió (y grabó) con esta misión análoga, Jennifer García Carrizo, también utiliza su vivencia para fomentar la vocación científica en mujeres y reflexionar sobre el cuidado de nuestro propio planeta. Su libro combina la divulgación con una visión humana y social sobre el futuro de la humanidad más allá de la Tierra.
Y es que esta leonesa de 34 años es, sobre todo, una persona repleta de curiosidad por conocer el mundo. Una chica que, supuestamente estudió una carrera de letras y resulta que no puede dejar de explorar y contar el mundo, de explicarlo los fundamentos técnicos y científicos que, quizás algún día, lleve a la humanidad, y a alguno de sus lectores a Marte.
Y que ella lo pueda contar, esta vez, de verdad. Aunque con describir cómo debemos cuidar nuestro planeta y la labor de las mujeres en esa tarea tiene para divulgar a la ciudadanía muchos, muchos años.