Las 'mozas' de la Iglesia del Mercado de León reclaman su derecho a portar la Virgen, restringido sólo a hombres
Un Viernes de Dolores más, la salida de La Dolorosa, popularmente conocida como 'La Morenica', por las puertas de la iglesia del Mercado de León, marcará el inicio de la Semana Santa. Y un Viernes de Dolores más sólo los hombres coparán el protagonismo de la venerada figura, únicamente ellos podrán estar a su lado, sólo la pujarán quieren tengan sexo masculino.
No se trata de una decisión marcada por los siglos, porque esta procesión no es tan antigua. Tampoco está escrito en ningún lado. No hay estatuto alguno que lo sustente, porque la decisión recae en la parroquia de Nuestra Señora del Mercado, junto a la Plaza del Grano, dado que, excepcionalmente en este caso, la organización no corresponde a ninguna cofradía. Y sin embargo, un viernes más, las mujeres quedarán relegadas a la última fina de la procesión, sólo admitidas si desfilan como manolas o portan una vela en la cola de la comitiva.
Se trata de una situación que, no una sino muchas mujeres, en pleno siglo XXI, ya no comprenden. Y están dispuestas a dar la batalla por la igualdad. Porque dicen estar “hartas de ser tratadas como un rebaño, a varazos, a escobazos” por un encabezonamiento del que culpan, con nombre y apellidos, al párroco del Mercado, el cada vez más conocido Manuel Fláker. Tan conocido que precisamente hoy 27 de marzo de 2026 será homenajeado por la Cámara de Comercio de León como 'Personaje Singular de la Semana Santa'. Y esto ha sido también un poco la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de las mujeres que llevan años esperando un aperturismo básico de la parroquia leonesa, una de las más antiguas de la ciudad.
Hombres que “lo han capitalizado”
La situación es la siguiente: la tradición dicta que el paso de La Dolorosa lo pujen los llamados oficialmente 'Mozos del Mercado', es decir, vecinos y bautizados -imprescindible- en esta iglesia del siglo XI, Monumento Nacional, ante la que pasa el Camino de Santiago Francés. Sin embargo, en un barrio del Casco Histórico donde la población disminuye, no hace tantos años que faltaban brazos para alzar a La Morenica en la procesión inaugural de la Semana Santa. Y don Enrique, el histórico y muy añorado párroco del Mercado, pidió ayuda a braceros de la vecina iglesia de Santa Nonia. “Muchos no están arraigados aquí, ni bautizados ni nada, pero llegaron para quedarse”, lo han “capitalizado” y actúan “como si fuera suyo”, lamentan las mujeres. Con la anuencia del párroco y el silencio cómplice del Obispado de León, que ante cualquier queja o petición “siempre tira para abajo”: “No sabemos qué hace”.
Basta acudir un Viernes de Dolores como el de hoy para ver la escena: sólo hombres dentro de la iglesia en los momentos previos. Únicamente rostros masculinos alrededor de La Dolorosa -es de las pocas procesiones en que los 'papones' van a cara descubierta- cuando sale, lo que hace que cada año se den cita, “al postureo”, conocidas autoridades, concejales y exediles, altos responables de instituciones, consejeros autonómicos e incluso hasta el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, o el de las Cortes, Carlos Pollán. Todos los 'ilustres' hombres dan relevos para pujar el paso, que en todo su recorrido sólo cuenta con hombros de varones.
Ellas, cuyo número de devotas no desciende, al contrario, participando “todo el año en todos los actos, encargándonos siempre de todo”, han visto con cierta indignación cómo siguen siendo “el último mono” en el momento central, el de la procesión del Viernes de Dolores. “Todas detrás del chico del bombo”, resume gráficamente una de ellas su posición eternamente relegada.
Bueno, eternamente no. Hubo una excepción. En el histórico momento de la coronación canónica de 2023 a la Virgen, incluyendo un subterfugio para que el Ayuntamiento la otorgara la Medalla de Oro de la ciudad, alguna recuerda con lágrimas en los ojos que les dejaron participar fugazmente en “una tirada” del paso, “un trozo” de los pocos metros que mide la calle hoy llamada de la Policía Nacional, entonces todavía General Lafuente en honor al golpista y responsable de cientos de fusilamientos a partir de 1936. “Ocurrió muy a escondidas, avisando por detrás, casi en los bares”, rememoran. Y aún así se quedan con el recuerdo de “toda la calle aplaudiendo y llorando” y con el apoyo que encontraron en no pocos mozos, que las hicieron en hueco entre las andas, como uno más, demostrando que no había dificultad alguna.
Rosas y un mensaje anónimo de “las futuras mozas del Mercado”
Parecía así romperse para siempre la brecha, abrirse a que las 'Mozas del Mercado' tuvieran el protagonismo que venían reclamando años atrás. Por ejemplo, cuando en 2021 un nutrido grupo de ellas registraran en el Obispado peticiones formales de participación activa en la procesión del Viernes. Sin éxito. O cuando anónimas manos femeninas ataron un ramo de rosas en la puerta de la parroquia, cerrada por las restricciones de la pandemia, para decir a la Virgen que no la olvidaban, junto a una nota firmada que expresaba sus sueños: “Las futuras mozas del Mercado”.
Nada de eso ha surtido efecto. Siguen vetadas. Incluso en reuniones con Fláker “nos sentimos humilladas cuando, por ejemplo, a nosotras sí nos vino a rebuscar en las partidas de bautismo, nos exigen hasta la sangre... y a otros tantos nada de nada”.
La polémica está en el aire. Literalmente. En último podcast 'La voz del papón', de La Nueva Crónica (disponible aquí), publicado en vísperas del inicio de la Pasión, el párroco tuvo que responder a esta creciente pero desoída reivindicación femenina. “Yo no me he opuesto nunca pero es verdad que estoy dando una moratoria. Les he dicho que si consiguiéramos 60 mujeres, para hacer tiradas de hombres y de mujeres, pues sería interesante, pero no las hay, sólo hay unas veintitantas anotadas”, argumenta.
Fláker: “En la puja mixta se va muy apretado”
Y aduce que “a mí no me gusta mucho la puja mixta -intercalando hombres y mujeres- porque se va muy apretado”, llega a excusar, además de que “hay a braceros que sí, pero braceros que no terminan de verlo”. Ellas replican que no sólo en 2023 se demostró que la puja mixta de La Dolorosa no es problema alguno sino que la inmensa mayoría de las procesiones y cofradías de León las realizan.
Fláker añade otro argumento: “Tengo que ser justo, tenemos un listado de ciento y pico personas, hombres, que llevan 20 años esperando (para pujar el paso) y quiero una moratoria para ir metiendo poco a poco (a las mujeres)”. “O sea, tarde o temprano van a empujar”, concluye el sacerdote. Sobre eso, las 'mozas' tampoco se callan: “Él dice que hay braceros titulares -sabemos que algunos ha fallecido, porque las listas no se limpian-, luego suplentes, después aspirantes a suplentes; y sólo después vamos nosotras”.
Por último, el párroco admite que hay novedades de actualidad que podrían hacer repensarlo todo: “Con el tema de Sagunto habrá que ver también”, en referencia al expediente abierto por el Gobierno para retirar a la localidad valenciana el Interés Turístico Nacional por negarse una cofradía masculina a incluir en igualdad de condiciones a la mujeres que lo están solicitando. Un caso que, de aplicarse en León, sería aún más grave, porque aquí hay cinco cofradías en esa situación -una de ellas, María del Dulce Nombre, exclusivamente femenina- y el reconocimiento de León es de Interés Turístico Internacional.
Un personaje singular y controvertido
Hay que recordar que, a raíz de la muerte de don Enrique, Enrique García Centeno en 2017, Manuel Fláker ha sido noticia por muy diversos motivos en los últimos años en León. Es ensalzado por unos, por ejemplo por el gran auge que ha cogido la parroquia al abrirse masivamente al movimiento neocatecumenal, popularmente conocido como 'Los Kikos', por su fundador, el leonés Kiko Argüello. Y criticado por otros, por eso mismo o ciertas polémicas como el derribo de la antigua 'Casa del Cura' frente a la iglesia, el corte sin permiso municipal de una calle aledaña durante años sin que constara autorización oficial, o la amenaza de Patrimonio de la Junta por clavar propaganda en la fachada de la iglesia protegida mientras pedía dinero para restaurarla.