La leyenda viva de Los Panchos se instala en León

En el centro el maestro Gaby Vargas, flanqueado por
Ismael Islas y Taurino Vargas, los tres integrantes del
legendario trío.

J Manuel López

Aunque nos hallamos inmersos en un nuevo siglo, todo cambia a ritmo de vértigo y nada de lo que ha servido parece interesar a las nuevas generaciones en busca de su nueva identidad, y de los signos que la particularicen, siempre existen excepciones, claras evidencias. Por mucho que las nuevas tecnologías sean capaces de usurpar o asumir la acción humana, hasta ahora ninguna inteligencia artificial ha podido engendrar esos calambritos, esas mariposas en el estómago, como dice Gabriel Vargas el maestro del Trío Los Panchos al que ahora acompañan Ismael Islas y Taurino Vargas, que revolotean cuando asoma el enamoramiento que se cuela por las rendijas de cualquier persona.

El presente más cercano nos corrobora que el legendario grupo que surgió en el agitado Nueva York de los años 30 y 40 del pasado siglo está entre nosotros, porque ha elegido la capital leonesa como centro de operaciones para seguir expandiendo por los cinco continentes esa pócima del amor que encarna el bolero y que quiebra al más machote o al más sensible, o al más snob.

Ya sea usted como sea o piense como piensa, aunque su vida esté pegada a la red, está demostrado científicamente que si alguien le susurra eso de si tú me dices ven lo dejo todo, a la par que le mira a los ojos con ese rostro cariacontecido que va parejo al ensimismamiento del proceso amoroso, en el 95% de los casos el hechizo es imparable.

Que Los Panchos hayan elegido esta tierra también tiene que ver con que su actual manager para Europa sea un leonés de Valdepiélago, José Miguel González, hijo de quien sigue siendo alcalde de esta localidad, Julio González y durante unos cuantos años responsable del área de Cultura de la Diputación Provincial durante la presidencia del popular José Antonio Díez y Díez.

NY

La historia del trío, muy difunda en la red con todo lujo de detalles, nos lleva a los tumultuosos años 30 y 40 del pasado siglo cuando en la ciudad de los rascacielos las grandes orquestas amainaban el espíritu entre guerras, tal y como nos recuerda Gabriel, Gaby Vargas, ya a punto de cumplir los 35 años con la batuta en la mano tras recibir el legado del maestro Navarro y de Alfredo Gil, hermano de Charro Gil, que con su grupo El Charro Gil y los Corporales había conquistado al público norteamericano.

Los acontecimientos se sucedieron con mucha rapidez hasta que Alfredo Gil plantea un trío que ahonde en el bolero como un paso más del corrido, que daba traslado al pentagrama de la tradición oral mejicana.

Hasta entonces Jorge Negrete o Pedro Infante eran los ídolos indiscutibles, pero la irrupción de Los Panchos con una primera grabación para el sello Columbia iba a cambiarlo todo y sobre todo a situar a los tres primigenios -al maestro Navarro y a Alfredo Gil se unió Hernando Avilés- en el punto de partida de una leyenda que ha llegado hasta nuestros días tan fresca como siempre; “es cierto que la música ha cambiado mucho, como la propia vida, pero siempre habrá un hueco para el enamoramiento, para la pasión”, proclama Gabi Vargas.

Pancho Villa

Gaby Vargas heredó la propiedad del nombre de la viuda de Alfredo Gil y desde 1978 sigue al pie de cañón de un trío que como dice el propio maestro, ha ayudado a engendrar muchas generaciones en todo el mundo, porque el sentimiento que despierta el bolero rompe las barreras de los idiomas.

En esta sintonía tan especial que destilan Los Panchos juega también un papel relevante el “requinto”, el instrumento que creo el maestro Navarro y que añade una sensibilidad especial a esta poesía cantada al “amor y al desamor”, recalca Vargas.

El nombre de Los Panchos surge de una extraña combinación de sucesos, nos recuerda Gabi. La sociedad norteamericana, los gringos, apodó de forma general como panchos, panchitos, a todos los latinoamericanos que buscaban el sueño americano pero a la vez la nominación de panchos está imbuida del recuerdo, entonces cercano, de la epopeya de Pancho Villa, el libertador del pueblo mejicano. Parejo a la historia del trío surgieron otros muchos tríos de nombre parecido, que buscaban apropiarse de todo ese potencial que la leyenda iba construyendo desde que abandonaron Nueva York para empezar desde Brasil hacia arriba la reconquista del mundo a golpe de bolero.

Frío y viandas

Pero Los Panchos, los originales, los depositarios del legado del maestro Navarro y de Alfredo Gil han elegido esta tierra para seguir alimentado un poco más si cabe una historia jalonada de millones de discos vendidos por todo el mundo, aunque Gaby reconoce que España tiene algo especial, porque poco después de su incorporación surgió el bombazo de la última composición de Alfredo Gil, “Si tu me dices ven”, que agrandaba un poco más el estilo panchista.

El pasado verano llenaron el Auditorio Ciudad de León y no sería raro que en poco tiempo vuelvan a encontrarse con el público leonés. Mientras, y entre gala y gala, Gaby, Taurino e Ismael disfrutan del calor humano que perciben en la calle y de un paisaje muy deferente al cálido caribe mejicano y comparten el placer de una gastronomía que además alimenta el espíritu.

Lo dicho; si alguna vez les sorprende eso de “si tu me dices ven, lo dejo todo”, no les extrañe un tembleque en las piernas y cierta agitación emocional, es lógico.

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