Crónica de un accidentado viaje en tren León-Madrid

Foto: Pedro Miguel Casado

Pedro Miguel Casado Casero

Para comenzar me gustaría desmentir las informaciones que hoy publica la compañía en relación a lo sucedido en el día de ayer. El tren Alvia número 04180 con origen en Gijn y destino final Madrid, llegó a la capital de España a las 2:55 de la madrugada, y no a la 1:20 como así indica el comunicado oficial emitido por la compañía operadora, por lo que retrasen 1:35h todos los horarios publicados por Renfe.

La “avería” comenzó en torno a las 21:40 de la noche al sentir como el largo convoy, compuesto por un total de 20 vagones y más de 600 pasajeros, se detuvo al cruzar el túnel de Pinar de Antequera, una vez pasada la ciudad de Valladolid, y a unos 10 minutos de la capital castellana. Todo parecía una parada normal, de las muchas que pueden llegar hacer este tipo de trenes, al tener que cambiar el ancho de vía para ajustarse del ancho de vía ibérico al ancho internacional de alta velocidad.

Estuvimos parados, aproximadamente 4h y media, con las luces de emergencia de los trenes activadas, y con cortes de luz totales a rachas de más de media hora, en los que la tranquilidad de todos los pasajeros fue nota predominante. El tiempo transcurría y la falta de información por parte del equipo de atención al cliente de Renfe se hacía palpable. En todo el tiempo que estuvimos parados dentro del túnel informaron en solo dos ocasiones, una para “comunicar a los señores pasajeros que el tren se había estropeado por un fallo en la catenaria” y la otra, transcurridas más de 2h y media para “informar de que transcurridos otros 30 min vendría un tren desde Madrid para efectuar el rescate”, y aquí he de puntualizar que no transcurrieron 30 min, sino más 1h desde que avisaron que nos cambiamos de tren hasta que finalmente pudimos hacerlo.

Foto: Pedro Miguel Casado

La falta de atención y delicadeza por parte de Renfe fue impresionante, ya que dentro del tren se encontraban, aunque suene a tópico niños muy pequeños, embarazadas y personas mayores que necesitaban ayuda, no solo para poder moverse, sino también de agua y alimentos que nunca fueron ofrecidos a los pasajeros por parte de ningún miembro de la tripulación.

Transcurrían las horas y los ánimos empezaban a caldearse por el calor existente dentro de los vagones al no existir aire acondicionado. Transcurridas 2h desde el parón decidieron abrir las puertas del tren para que la gente pudiera salir a “fumar” y “respirar” acto que, a mi juicio, fue una irresponsabilidad por parte de la compañía por los peligros que podría suponer que la gente fumara y saliera fuera del tren, en un túnel donde existía cableado eléctrico a la vista. Además a partir de este momento la temperatura bajó notablemente en el interior de los vagones.

En torno a las 1:30 de la madrugada, y después de más de 4h parados, llegó el tren de sustitución que nos llevaría de vuelta a casa. La odisea parecía que se terminaba al iniciar el transbordo de los pasajeros del tren averiadoal tren de sustitución. Eran las 2 de la mañana cuando el tren comenzó su andadura hacía la capital de España. Pero la pesadilla no acabó en el famoso túnel castellano, sino que al llegar a Madrid, en torno a las 3 de la madrugada, y por desesperación de los pasajeros que sólo querían llegar a sus respectivas casas, se formó un auténtico follón a la hora de coger los taxis.

La compañía Renfe volvió a demostrar una vez más que no se preocupa por sus pasajeros, ni por solucionar una situación de crisis en toda regla, ya que en vez de organizar la llegada del tren, donde el personal de seguridad se debía de encargar de formar un orden en la recepción de los taxis, se encargó, únicamente, de crispar más a los pasajeros dejando a su suerte la forma de llegar a sus respectivos domicilios.

Por boca de los propios taxistas, y por el mío propio que me llevo a casa en torno a las 4 de la mañana, nadie de la compañía operadora Renfe se había puesto en contacto con Radio Taxi para informar de la llegada de los pasajeros, ni de organizar la recepción de los mismos.

Para concluir, me gustaría hacer mención a que el problema no es la avería en si misma, ya que puede producirse sin poder remediarlo, pero si la atención recibida por parte de la tripulación de Renfe, ni en el tren, ni a la llegada a la estación de Madrid – Chamartín. No han sabido gestionar una crisis que mantuvo retenidas a más de 600 personas durante 4h en un túnel en medio de la nada, ni han sabido como atenderles ofreciendo agua, bocadillos e información, habiendo niños y ancianos de por medio, ni han sabido coger un teléfono para llamar a unos taxis que nos debían llevar a nuestros domicilios al no existir transporte público a las 3 de la mañana. Hoy, puedo decir que antes de volver a coger un tren, miraré muy detenidamente que alternativas tengo, ya que la actitud de Renfe ha sido LAMENTABLE. Hora de llegada prevista a mi casa 23h. Hora final de llegada 4:15.

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