'Fact check' al balance forzado de Quiñones: sin superficie real quemada ni recuento de daños en el peor año de incendios
Una pregunta sencilla: ¿Cuánta superficie se quemó en total en la provincia de León en el peor verano jamás sufrido de incendios forestales en su historia conocida? Una respuesta más sencilla aún: la Junta de Castilla y León, competente en esta materia, no se sabe. O al menos no lo da a conocer. Eso fue lo que ocurrió este miércoles en la comparecencia parlamentaria del consejero de Medio Ambiente y máximo responsable político del operativo y las consecuencias de lo sufrido en verano de 2025, el leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones.
A lo largo de más de una hora y diez minutos de intervención para desgranar un balance de final de la campaña que tuvo que ser forzado por la oposición, Quiñones sólo ofreció una cifra global de 143.880 hectáreas forestales arrasadas para las nueve provincias de la Comunidad. Ni un sólo dato provincial. Comparado con el peor año histórico anterior, 2022, cuando según la estadística oficial se quemaron 83.014 hectáreas en la autonomía, el pasado año aumentaron un 58,7% los daños de los fuegos en Castilla y León.
Pero además en un momento dado el consejero admitió públicamente que esa cifra del alcance de la tragedia sufrida en términos de tamaño ha sido recortada por la propia Junta, lo que impide conocer su dimensión real. Porque dijo que este tipo de siniestros “no computan en la estadística de incendios forestales”. Así, según sus propios datos, la superficie sólo ha tenido en cuenta lo quemado en 1.216 incendios, dejando fuera otros 856 agrícolas, es decir, obviando más de un 41% de los siniestros. Por poner en contexto, en el año 2022 la suma de la superficie forestal quemada, que la Junta sí ofreció públicamente y al Ministerio, casi alcanzó las 15.000 hectáreas, muy por debajo de lo que sumaría este pasado año.
Esta estrategia es relevante porque sólo en el llamado incendio de Zamora-Sur de León, iniciado en Molezuelas el 10 de agosto y que, avanzando como una mecha sobre pueblos enteros, casi llegó hasta La Bañeza, gran parte de las 32.695 hectáreas que cifró la Junta fueron de suelo cien por cien agrícola. Pero se ha borrado de la estadística final.
Por supuesto, Suárez-Quiñones tampoco entró al detalle de los tamaños finales de los principales incendios de la Región Leonesa, como el mencionado de Molezuelas, o el de Yeres-Las Médulas, Barniedo de la Reina, Llamas de Cabrera, Páramo del Sil o Porto-La Baña. Una estimación bastante experta y precisa sobre la cifra a los tres meses de iniciarse lo peor de agosto mencionaba prácticamente sólo en León 100.000 hectáreas destrozadas -frente a las 85.000 que ha aireado informalmente la Consejería- y 4.450 kilómetros de perímetro total de las llamas. O lo que es lo mismo, prácticamente el 6% de la provincia quedó arrasada y el 10% de toda su superficie forestal.
Respecto al cómputo cerrado de daños causados cinco meses después de los peores casos, tampoco el consejero ofreció detalles de pueblos y viviendas afectadas, familias totales desplazadas, negocios damnificados, enseres, construcciones de todo tipo, aproximaciones a la fauna muerta, afección a especies vulnerables o incluso en peligro de extinción, como el oso o e urogallo, o al menos hábitats importantes dañados, teniendo en cuenta que varios incendios ocurrieron en parques naturales y espacios protegidos, incluso dentro del Parque Nacional de Picos de Europa.
Suárez-Quiñones se limitó, en estos sentidos, a actualizar las cifras de expedientes administrativos de daños atendidos a fecha de hoy por las diferentes consejerías de la Junta, lógicamente con cuantías raquíticas e irreales. Como ejemplos, mencionó el dinero destinado por ahora a “235 inmuebles afectados” en toda Castilla y León, dentro del plan de ayuda a “viviendas, enseres domésticos y construcciones anexas”.
Cifras auténticas: daños y origen del fuego
Pero la realidad supera estas cifras. Sólo en un pueblo, Lusío (Oencia, El BIerzo) quedaron arrasadas 45 viviendas, y de ellas ninguna ha sido reparada para ser habitada a fecha de hoy. Pero es que la propia estadística oficial de otras administraciones deja en pañales las escasas cifras del consejero. Por ejemplo, tan sólo teniendo en cuenta el incendio de Molezuelas por Zamora y el sur de León, el Registro de la Propiedad consignó 699 construcciones afectadas, frente a las 235 que la Junta dice haber subvencionado en toda la autonomía. El número de parcelas de ese fuego rozó las 60.000, muchas de ellas, como quedó dicho, de uso agrícola.
En cuanto al origen de los fuegos forestales del verano negro de 2025 en León, el mandatario aireó estadísticas muy sesgadas para dar la sensación de que gran parte de los incendios tuvieron detrás una mala intención de la mano del hombre, un recurso político clásico en los balances oficiales. Así, admitió por un lado que los rayos prendieron 17 incendios sólo en el mes de agosto, el 22,4 % del total. Y lo comparó a continuación con “el peso muy elevado de los incendios intencionados”, cifrándolos en el 64%... pero contabilizando no agosto sino el amplio período entre junio y octubre.
Lo cierto es que la propia estadística de la Junta en su web oficial de incendios forestales -de la que han sido borrados ya los datos de 2025-, de los 12 incendios más graves de agosto sólo uno aparece como “intencionado”, el de Molezuelas (originado en Zamora), frente a siete por rayos y cuatro de origen desconocido. Ahí apareció otra gran laguna en la comparecencia de Quiñones: no ofreció datos novedosos de investigación alguna respecto a cómo se quemaron en su origen los siniestros de mayor extensión.
La explicación meteorológica y bélica
Otro bloque en el que se explayó por espacio de casi 20 minutos Juan Carlos Suárez-Quiñones fue el de las condiciones meteorológicas del verano de 2025, que llegó a tildar de “situación de guerra”, con “megaincendios” de “comportamientos explosivos” que impidieron atacar las llamas con normalidad a los medios de extinción.
En resumen: “Una ola de calor de 16 días continuados, con temperaturas muy altas, humedades relativas especialmente bajas, incluidas las noches y viento/rachas, con episodios convectivos que favorecieron igniciones múltiples (simultaneidad) dieron lugar a múltiples grandes incendios forestales producidos este año, produciendo los importantes daños ocasionados”.
Este escenario está en las antípodas del que el propio consejero de Medio Ambiente ofreció al comienzo de la campaña de incendios, en una jornada informativa ante los periodistas en la que llegó a vaticinar que “no parece año de eventos catastróficos”, como quedó recogido con detalle en un vídeo.