Ribera del Órbigo, tierra sin agua

Protesta del viernes 21 de agosto para que el agua vuelva a los huertos del Órbigo.

Ni que decir tiene que el título de este artículo es un vulgar remedo de la película dirigida por Buñuel, director de cine turolense que filmó Las Hurdes, tierra sin pan en 1933. Ni que decir tiene que la cinta es una obra de arte y el artículo nace con el propósito de no ser una vulgar redacción. Si en algo coinciden ambos trabajos es en el intento de mostrar territorios azotados por la calamidad, las Hurdes empobrecidas desde tiempos inmemoriales, situación felizmente superada, y en el caso del Órbigo, de unos pocos años a esta parte.

Por ponernos en situación, recordemos que la obra de Buñuel vio la luz once años más tarde de que Alfonso XIII fuera en persona a conocer de primera mano el terrible grado de postración en el que estaba sumida esta región extremeña en pleno siglo XX. Las fotos de aquel viaje, propiciado por una figura notable como era Gregorio Marañón, así como las crónicas que trajeron del mismo los integrantes de la expedición real, no dejaron lugar a las interpretaciones. Tan es así que el mismo monarca pidió regresar porque se vio abrumado por tanta miseria y degradación. La España de aquel momento albergaba estas sorpresas.

En el caso del Órbigo, pareciera que estamos siguiendo el camino inverso al de las Hurdes, esta comarca relativamente pequeña, pero con personalidad propia, contaba, además de con numerosas industrias, con una agricultura floreciente que la hicieron merecidamente famosa en todo León. Su ubicación en el centro de la provincia, su orografía llana, buenas comunicaciones y un río envidiable en lo que a la pesca de la trucha se refiere –no en vano se celebraban campeonatos de pesca de la trucha en sus cotos– le concedieron merecida fama dentro y fuera de los límites provinciales.

Sin embargo, el progresivo declive de León fue acentuándose en esta ribera de forma sangrante. La inclusión demencial de León en una autonomía que le era ajena, la perdida de la azucarera de Veguellina, la desaparición de las numerosas cerámicas en Benavides y otras en lugares próximos, fue sumiendo a toda la zona en un marasmo progresivo y puede que hasta irreversible. La degradación de las aguas del Órbigo y las enfermedades de truchas y cangrejos como la saprolegniosis y la afanomicosis, respectivamente, además de obras kilómetros más abajo, hicieron este curso fluvial ramplón y languideciente.

Con las premisas citadas, toda la zona ha ido sufriendo en sus carnes la despoblación, la sangría económica y el declive general de su industria. La irrelevancia política de sus representantes ha contribuido a que prácticamente un cultivo del lúpulo venido a menos en la zona de Carrizo y la inercia que mantiene Veguellina, merced a las transfusiones de vecinos que viene de otros puntos a residir a ella, los mercados de los viernes y la todavía aceptable oferta de comercios y servicios, son los dos únicos motores de supervivencia.

Evidentemente la agricultura es otro vector –perdón por la pedantería– de crecimiento, si bien concentrado cada vez en menos manos, por lo que los agricultores del Órbigo comienzan a ser escasos. No podemos olvidar la cabaña ganadera ovina en manos de pastores montañeses venidos de la comarca de Luna y afincados en esta tierra. Los nuevos sistemas de regadío que han modernizado el campo de esta comarca han supuesto una nueva estocada a los intereses generales de la ciudadanía. La amenaza, de momento conjurada, de las balsas de Carrizo y la instalación de algunas otras, se han hecho acompañar de trastornos sin nombre.

La CHD acaba con presas y regueros centenarias

Resulta que una de las señas de identidad etnográfica y hasta cultural de todos estos pueblos, como eran las presas y regueros que conducían la savia vivificante de la tierra, se han visto desecadas por arte de birlibirloque o por el arte de la Confederación Hidrográfica del Duero. Nada importa, ni caudales ecológicos, ni cursos históricos de agua, ni el derecho consuetudinario de siglos de gestión popular del agua. Muchos de sus vecinos se han visto privados de un bien que hasta hace poco tiempo no era, ni es, escaso.

Personas con huertos apartados donde nunca hicieron falta captaciones de agua porque el Órbigo siempre fue generoso con ella, aunque flojeara en los veranos, ni hay infraestructura eléctrica para paliar el problema con pozos, ven hoy cauces cubiertos de maleza y resequidos. Las presas llevan agua, o no, según arbitrarias decisiones que rayan lo demencial. La población lugareña, poco proclive a las manifestaciones, quejas y reclamaciones, ha acabado por soliviantarse y expresa con las leyendas en lienzos colgados de los balcones su malestar con estas medidas injustas a todas luces y, rompiendo tabúes, se han organizado en una asociación.

Pero las medidas injustas no tienen, al parecer, porqué ser medidas legales, algo difícil de metabolizar por los que somos legos en esto de la jurisprudencia. Resulta que las demandas presentadas a ciertas magistraturas han sido rechazadas por sentencias judiciales. Una suerte de desahucio que impone la ley. Mientras tanto, huertos abandonados, molinos exangües, frutales que agonizan, y vegetación silvestre que prospera en lo que fueron caudalosas laminas de agua, se africanizan dando un aspecto desolador a nuestros pueblos, otrora verdes.

Pero un hilo de esperanza ha surgido en el pequeño universo de la Ribera, así, con mayúsculas, como nos conoce el resto de León. Una luz parece querer brillar entre tanto desdén e imposición. No sé por cuanto tiempo pervivirá, pero son pasos en la buena dirección: mis paisanos han salido a manifestarse a la capital y a Hospital de Órbigo. Para desgracia de León, el futuro de nuestra agua se dilucida en Valladolid o en Madrid. De ser León autonomía propia, otro gallo nos cantaría. ¡Pero sea! Por primera vez un movimiento ciudadano de nuestros alrededores reclama su agua alzando la voz en la calle. Y esto reconcilia a uno con tu tierra.

Me parece un gesto de valentía por parte de sus promotores y con el eco tenue de nuestro humilde artículo, así lo queremos pregonar. La prensa que se ha hecho eco del acto, reivindicativo no menciona si han tenido la inexcusable cobertura de los diversos alcaldes de los municipios afectados. Si no lo han hecho, o si no piensan hacerlo, vaya para ellos nuestra más enérgica condena y el mayor de los desprecios. Si por el contrario han acudido y defienden con tesón el regreso de las aguas, entonces los felicitaremos por su gesto de honrosa dignidad.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

Etiquetas
stats