‘Nunca volverá a ser ahora’: un encuentro con el ser que somos
Recientemente, la editorial Efe Eme, en su colección ‘Intermitente’, ha publicado Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), relatos cuya ‘paternidad’ responde al nombre de Vicente Muñoz Álvarez, autor de larga trayectoria dentro del espacio literario y cultural leonés, galardonado con el Premio de la Crítica de Aragón 2026. La mencionada obra representa una reconquista de los descatalogados Perro de la lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador, libros ahora contenidos en este único volumen, bajo revisión y reescritura del propio autor para esta nueva edición.
Pero –¡Atención, queridos lectores!– resulta pertinente advertir lo siguiente: la lectura de estas páginas no es cosa de poco, sino un ejercicio de ‘madurez emocional’ que requiere de buen adiestramiento para soportar ‘sensaciones potentes’ y que exige, ante todo, estar en disposición de comprender que el mayor incubador de monstruos no se encuentra fuera de nosotros, sino en nuestro interior.
¿Por qué definir esta obra como un encuentro con el ser que somos?
‘Siento la náusea física de la humanidad vulgar, que es, además, la única que hay. Y me obstino, a veces, en profundizar esa náusea, como se puede provocar un vómito para aliviarse el deseo de vomitar’, cito estas líneas escritas por Fernando Pessoa y contenidas en el Libro del desasosiego por creer ver en ellas el exordio –hay otros posibles, si bien este se me antoja como el más adecuado– destinado a encabezar las páginas de Nunca volverá a ser ahora. Y es que, en un primer momento, podríamos pensar que la náusea física es el hilo conductor de estos relatos, pues en gran parte de ellos encontramos la presencia de seres esperpénticos cargados de obsesiones… y de sangre –¡Cuánta de ella!– como muestra de repugnantes aberraciones humanas, provocadas, en su mayoría, por situaciones hostiles. Sí, todo ello hallamos en estas páginas (sobre todo, en la Primera Parte de la Trilogía)…
Sin embargo, antes de encasillarla en la literatura de terror o en el realismo sucio o en la narrativa distópica o en cualquier otro género, podríamos decir que Nunca volverá a ser ahora constituye un estudio de los niveles de nuestro ‘ser consciente-inconsciente’, capturándonos en la periferia del ‘hábitat social’ (maremágnum en el que somos creadores y a la vez víctimas) para catapultarnos hacia las profundidades de ‘la caverna’ en la que habitan ‘nuestras sombras’: el subconsciente junguiano en su doble versión, colectiva y personal.
Así, los protagonistas de estas historias (psicópatas torturadores y asesinos, criaturas híbridas, personajes obsesivos, seres alucinados, etcétera) son material idóneo para un estudio del ser que somos; un análisis en el que el autor describe las pulsiones incontenibles de la mente, sin renunciar, ni mucho menos, a la auto-observación como método, repasando sus vivencias y traumas, transitando por lo experimentado y lo sentido ‘en carne y alma propias’ (Los que vienen detrás; Mirantes, Shangri-La o Alta tensión son ejemplos de relatos de contenido autobiográfico).
¿Estamos ante un presagio de la hecatombe universal?
Tal vez cabría plantearnos otras interrogantes antes de responder a esta. Por ejemplo: ¿Tenemos esperanzas de sobrevivir al caos social y ambiental en el que guerras y virus aniquilan a la ‘humanidad feliz’? ¿Será el futuro la época de un humanoide engendrado por la sociedad actual en la que injertos, clones, robots, criaturas creadas por la IA, etcétera, están tomando –a una velocidad incalculable– el control de nuestras vidas?
Pues sí, en Nunca más volverá a ser ahora hallamos a la raza humana bajo las cenizas, reducida a ‘la nada’ (Setas), tras haber vivido en un mundo en el que ‘todo es mierda’ (Desasosiego), en el que niños juegan a acosarse y a matarse (El juego), en el que seres que ni siquiera sabemos qué son se alimentan de nuestra glándula pineal (Dmtfágos), en el que elegimos someternos a la tortura sexual por unos cuantos billetes (Dinero fácil) y en el que llegamos a auto-mutilarnos para ‘liberarnos’ del sistema que nos oprime (Una vida modelo).
¿Son, entonces, la infelicidad y la angustia el 'leitmotiv' de estos relatos?
‘Os he dicho ya que mi maldad proviene, tan solo, de mi desdicha’, asevera el monstruo al doctor Frankenstein (su creador) en la mítica novela de Mary Schilley. Y sí, hay mucha semejanza entre la angustia del ser fabricado en el laboratorio del romanticismo y esta que sienten los personajes concebidos por la imaginación y el talento de Vicente Muñoz Álvarez: ‘Desconfío del futuro, ese es mi problema’, manifiesta el protagonista de Un cofre lleno de recuerdos…
Queda, sin embargo, otra opción.
Y es que siempre la buena literatura ofrece al lector más de una versión de los hechos. Así, a fin de encontrar el norte en el desasosiego, si deseamos enfocar la realidad desde otra perspectiva, solo nos basta cambiar nuestra visión del mundo: ‘Cambia el prisma de enfoque y lo verás todo en color’ (El artículo); tal y como refiere Carlos Castaneda en las enseñanzas de su maestro Juan Matus, aprende a mover tu ‘punto de encaje’: ‘Ahí está la clave: burlar el tiempo y distorsionar la realidad’ (¿Quién quiere saber lo que es magia?).
En resumen, estos relatos de Vicente Muñoz Álvarez no son solo una visión del despropositado mundo en que vivimos, sino un llamamiento urgente al cambio. Solo basta comprenderlo.