Un año después del incendio de Las Médulas, el fuego vuelve a arrasar las minas romanas de oro de El Bierzo
Exactamente un año separa dos imágenes que deberían obligar a replantearse la relación entre los incendios forestales y la protección del extraordinario patrimonio arqueológico de El Bierzo. El 10 de agosto de 2025 las llamas del incendio de Yeres entraron en Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, arrasaron buena parte de su entorno, destruyeron infraestructuras turísticas y alcanzaron viviendas. Este domingo 9 de agosto de 2026, apenas unas horas antes de cumplirse aquel aniversario, la Junta de Castilla y León daba por extinguido otro gran incendio, el de Veguellina, después de que el fuego volviera a alcanzar un paisaje modelado hace dos mil años por la minería romana del oro.
Esta vez ha sido La Leitosa, conocida popularmente en El Bierzo como 'Las Medulillas', pero no solamente ella. A falta de una evaluación pública y detallada de los daños patrimoniales, las imágenes difundidas durante la visita de la vicepresidenta de la Junta, Isabel Blanco, y de la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, permitían comprobar la afección del fuego a este yacimiento aurífero romano situado en el entorno de Paradaseca, en Villafranca del Bierzo.
El balance oficial conocido hasta ahora del incendio se limita fundamentalmente a una cifra: alrededor de 1.300 hectáreas quemadas, aproximadamente 1.000 de matorral y 300 arboladas. Pero bajo esas hectáreas no había solamente árboles y monte. Había patrimonio histórico y arqueológico, estructuras mineras romanas, canales y asentamientos que forman parte de un paisaje cultural excepcional y que el fuego ha vuelto a poner en evidencia que apenas se conoce y protege.
Quien ha tratado de averiguar qué se ha quemado es Javier Sánchez-Palencia, arqueólogo, profesor vinculado ad honorem del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y uno de los mayores especialistas en Las Médulas y en la minería aurífera romana del noroeste peninsular. Ante la ausencia de una radiografía oficial, ha recurrido a las imágenes del satélite europeo Copernicus para superponer el perímetro quemado con los yacimientos conocidos. Y el resultado amplía considerablemente la dimensión patrimonial del incendio.
Mucho más que La Leitosa
En una primera valoración, Javier Sánchez-Palencia lo tiene claro. La Leitosa, considerada la tercera gran mina romana berciana, está afectada, pero también se ven calcinadas las explotaciones romanas de El Couso y Lameira Rubia. “Entre Moreda, Paradiña y San Pedro de Olleros, en esa especie de triángulo, hay una zona muy interesante”, que se ha quemado. De la misma manera que han ardido canales de la red hidráulica asociada a La Leitosa y el castro de San Pedro de Olleros habría quedado completamente arrasado. “Se ve perfectamente. Lo puede ver cualquiera”, explica.
En La Leitosa se ha repetido además una circunstancia similar a la ocurrida hace un año en Las Médulas. La parte que mejor ha resistido el avance del fuego es precisamente el terreno más abrupto correspondiente a la explotación mediante ruina montium, mientras buena parte del resto del espacio ha ardido.
Afortunadamente, se han salvado de las llamas, en este caso del incendio de Pradela, Los Cáscaros, considerada por él la segunda gran mina romana de este territorio después de Las Médulas y por delante de La Leitosa, con más de dos kilómetros de longitud. El alcalde de Trabadelo, Ricardo González, reconoce a este medio que “gracias a Dios no se quemó. Ardió hacia el otro lado. Fue un paraje distinto”, que puso en jaque al operativo de incendios y obligó a confinar al pueblo de Cela, que quedó rodeado por las llamas.
La sucesión de incendios empieza a mostrar un problema que trasciende a cada yacimiento individual. “En El Bierzo donde haya un incendio forestal hay una gran probabilidad de que se queme una mina romana”, asevera Sánchez-Palencia. No es una exageración retórica. El territorio está sembrado de explotaciones auríferas de época romana, muchas de ellas prácticamente desconocidas fuera del ámbito científico. Las hay en El Bierzo, Laciana, Omaña y otros territorios de la provincia. Y algunas poseen dimensiones monumentales.
El propio incendio declarado este verano en La Utrera estuvo cerca de alcanzar Las Miédolas de las Omañas, otro extraordinario conjunto minero caracterizado por grandes surcos convergentes excavados en el terreno. Hace un año fue Las Médulas. Ahora han sido La Leitosa, El Couso, Lameira Rubia y el castro de San Pedro de Olleros.
La importancia de estos restos tampoco puede medirse únicamente de forma local. Sánchez-Palencia recuerda que La Leitosa constituye “una de las grandes minas del noroeste de la Península y del Imperio romano” y que la propia declaración de Las Médulas como Patrimonio Mundial se explica dentro de un sistema mucho mayor: existen más de 800 explotaciones auríferas antiguas en el norte peninsular.
Las Médulas son Patrimonio de la Humanidad precisamente porque representan a escala mundial la tecnología minera romana que comparten todas ellas. Su estudio y el de los yacimientos relacionados con ella ha trascendido hace décadas las fronteras bercianas y españolas.
La oportunidad que deja una catástrofe
El fuego provoca ahora otro peligro. Una vez desaparecida la cubierta vegetal, el suelo queda expuesto a la erosión y a las lluvias torrenciales, capaces de deteriorar estructuras arqueológicas que han permanecido durante siglos protegidas. Las consecuencias ya se han comprobado en Las Médulas, donde Sánchez-Palencia apunta que ya se han producido derrumbes después de los incendios de 2025.
Pero precisamente la desaparición de la vegetación ofrece, dentro de la desgracia, una oportunidad excepcional para conocer un patrimonio habitualmente oculto bajo el monte. “Ahora que están limpias, sin maleza, esas estructuras se ven, quemadas pero se ven”, señala el arqueólogo.
Su propuesta no pasa por excavar ni alterar los yacimientos, sino por documentarlos inmediatamente mediante técnicas no destructivas. Entre ellas plantea vuelos LiDAR —tecnología láser aerotransportada capaz de reconstruir con enorme precisión la topografía incluso en paisajes forestales—, prospecciones superficiales y un inventario detallado de las estructuras que han quedado al descubierto.
Después bastaría, sostiene, con mantener libre de vegetación una pequeña parte de esos espacios, señalizarla e interpretarla para incorporarla al patrimonio visitable. No se trataría de mantener 'limpio' todo lo quemado, sino de seleccionar aquellos puntos más representativos. “Con mantener una trigésima parte de lo quemado para enseñarle ese patrimonio a la gente y que lo pueda ver sería suficiente”, plantea.
El problema previo parece todavía más básico: para proteger ese patrimonio hay que conocer que existe. “En Medio Ambiente y en Cultura tienen que saber lo que tienen entre manos. Tenían que saberlo todos los alcaldes, lo que tienen en su pueblo. Y eso es labor fundamental de la Junta, pero no tiene personal para atender estas cosas”, advierte Sánchez-Palencia.
“No se aprendió nada”
El presidente del Consejo Comarcal de El Bierzo, Olegario Ramón, utiliza el aniversario para establecer una comparación todavía más directa. “Hoy hace un año que varias casas ardían en Médulas. Fue un verano terrible, allí y en muchos otros sitios, y un año más tarde se ha quemado el paraje de La Leitosa, unas pequeñas Médulas”, lamenta.
Su conclusión es contundente: “No se aprendió nada el año pasado”. Ramón reclama una política que vaya mucho más allá de disponer de medios cuando el incendio ya se ha declarado. Habla de prevención, gestión del paisaje, creación de discontinuidades entre masas forestales, recuperación de usos tradicionales y planificación ante unos grandes incendios cada vez más favorecidos por las condiciones derivadas del cambio climático.
Reconoce que durante este año se han desarrollado actuaciones puntuales, especialmente en Las Médulas, pero considera que no existe una estrategia general capaz de enfrentarse al nuevo escenario. También critica que los trabajos preventivos de las brigadas arrancaran en junio. “Si no se toma como una prioridad y con una planificación exhaustiva y con mucha inversión, los incendios se van a repetir año tras año y va a haber muertos, propiedades destrozadas y montes que pierdan su vida”, advierte.
Una Reserva de la Biosfera con 3.300 hectáreas quemadas
La preocupación se extiende igualmente al enorme daño ambiental. Susana Abad, gerente de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses, reclama que la actuación comience ya y que no vuelva a repetirse lo sucedido después de los incendios del pasado verano.
“Necesitamos ya medidas postincendio. Ya teníamos que haberlas tenido el año pasado”, resume. Según sus cálculos, los incendios han afectado este verano a más de 3.300 hectáreas dentro del ámbito de Ancares, una superficie enorme para un territorio reconocido por la Unesco como Reserva de la Biosfera.
Han ardido robles, castaños, encinas y otras frondosas autóctonas. Por eso reclama que cualquier restauración futura apueste por bosques diversos y no reproduzca políticas basadas exclusivamente en coníferas.
“Vivimos del turismo sostenible, de los ríos, de los valles, de los pueblos”, subraya. Por eso, la Reserva tiene ya en marcha un estudio para cuantificar las consecuencias ambientales, económicas y sanitarias de los incendios. Porque el daño tampoco termina en las hectáreas quemadas. Abad asegura que están recibiendo numerosas consultas y cancelaciones turísticas y que las quemadas han perdido visitantes precisamente durante los meses decisivos para la economía de estos valles.
Para Abad, el incendio ha vuelto a poner sobre la mesa otro problema histórico: “La Leitosa es la gran olvidada”. Su potencial lleva años siendo reivindicado. Instituciones bercianas han creado rutas y miradores, colocado carteles, editado material divulgativo y presentado el enclave en ferias turísticas como una alternativa y complemento a Las Médulas. Sin embargo, llegar hasta el yacimiento continúa siendo complicado y parte de ese paisaje acaba ahora de arder.
El presidente de la Diputación de León, Gerardo Álvarez Courel, coincide en reclamar que la Junta asuma el liderazgo tanto en la evaluación de La Leitosa como en Las Médulas. “La administración competente es la Junta, es quien tiene que ponerse al mando y ver de qué manera se puede reconstruir”, sostiene.
Courel considera que durante el último año se ha hecho “nada o casi nada” de lo necesario en Las Médulas más allá de algunas actuaciones, entre ellas la reconstrucción del Mirador de Orellán, y recupera una reivindicación anterior incluso al incendio: una gestión única para todo el espacio declarado Patrimonio Mundial.
En 2027 se cumplirán 30 años de la declaración de la Unesco y, según recuerda, todavía es posible recorrer gran parte del paraje sin que exista un sistema homogéneo de acceso, conservación, financiación y vigilancia. “Pido a la Junta que de una vez por todas tome las riendas en Las Médulas y en La Leitosa”, reclama, ofreciendo la colaboración de la Diputación.
Un año entre dos incendios
La coincidencia resulta especialmente amarga. El fuego de Veguellina ha quedado oficialmente extinguido prácticamente cuando se cumplía un año exacto desde que el incendio de Yeres atravesó Las Médulas.
Entre ambos han transcurrido doce meses de reclamaciones de prevención, debates sobre el operativo de extinción y promesas de recuperación. Y El Bierzo llega al aniversario con otro paisaje arqueológico romano calcinado y sin conocer todavía públicamente con precisión qué patrimonio ha resultado afectado.
La comparación tampoco termina en La Leitosa. El incendio ha alcanzado un territorio en el que arqueología, paisaje, biodiversidad y economía rural resultan imposibles de separar. Allí están las minas romanas y sus canales, pero también los bosques autóctonos, los pueblos, una Reserva de la Biosfera y una economía turística que vuelve a afrontar cancelaciones después de dos veranos consecutivos marcados por el fuego.
La cuestión ahora no es solamente reconstruir lo quemado. Sánchez-Palencia plantea aprovechar la desgracia para documentar un patrimonio que el propio incendio ha dejado excepcionalmente visible. Abad reclama estudiar inmediatamente los daños y actuar sobre los suelos antes de que llegue la erosión. Ramón pide transformar la gestión del paisaje para evitar que cada verano vuelva a convertirse en una emergencia. Courel reclama que la Junta ejerza sus competencias y asuma una gestión integral.
Todos confluyen, desde perspectivas distintas, en una misma idea: primero hay que saber qué se ha quemado. Porque detrás de las 1.300 hectáreas que figuran en el balance del incendio de Veguellina hay mucho más que 300 hectáreas de arbolado y un millar de matorral. Hay una de las grandes explotaciones auríferas del Imperio romano, otras minas prácticamente desconocidas, una red hidráulica de hace dos mil años, un castro, bosques autóctonos y parte de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses.
Hace un año, Las Médulas demostraron de la peor manera posible que el patrimonio arqueológico tampoco está a salvo de los grandes incendios forestales. Doce meses después, La Leitosa vuelve a lanzar la misma advertencia. Y esta vez ya no cabe alegar que nadie sabía que podía ocurrir.
El alcalde de Villafranca del Bierzo, José Manuel Pereira, del PP, lo único que ha querido referir a este medio es que “está estudiando” con la Junta de Castilla y León “los daños” y “las líneas de ayudas que tenemos que reclamar”, sin valorar el alcance de un fuego que estuvo activo en su municipio durante 12 días.