Los locos años veinte

Mujeres jóvenes en los felices años 20 del siglo XX.

Los años veinte del siglo veinte fueron tachados de locos, el mundo acababa de salir de la Primera Guerra Mundial, contienda que combinó tácticas trasnochadas como ataques contra las trincheras con avanzadas tecnologías, como la aviación. El resultado fue aterrador

Por si el horror de aquel conflicto no hubiera dejado suficiente muerte y desolación, un enemigo mucho peor que el gas mostaza o las bombas de fósforo que se habían empleado con profusión en la contienda, vino a asolar todo el planeta, la Spanish Influenza o la Gripe Española, pestilencia traída por las tropas americanas que segó la vida a millones de personas, incluida la de los pastores a los que se había aparecido la Virgen de Fátima un par de años antes. A la sacrificada Zamora le cupo el dudoso honor de ser la provincia más castigada de toda España. La devoción popular y el fanatismo de su obispo, Ballano, sellaron la tragedia.

Con semejantes antecedentes no es extraño que hubiera un deseo universal de vivir y olvidar un reciente pasado evocador de muerte y desolación. Por lo que respecta a América el Charlestón causó furor, las mujeres acortaron sus faldas y le pusieron flecos, usaron plumas y comenzaron a fumar en público. La vida, en suma, se apuró cuanto se pudo. Fue el tiempo de los ‘gánsteres’ y la ley seca. España, fiel a su tradición, fue la antítesis de la diversión y el desenfreno. Inmersos en la Guerra del Rif, 1921 nos obsequió con el desastre de Annual y el asesinato del presidente de Gobierno, Eduardo Dato. La Guerra del Rif duraría hasta 1927. La década finalizó con un descalabro económico, el Crack del 29, que un año más tarde se llevaría por delante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, vigente desde 1923.

Los años veinte del siglo XXI

Los años veinte del siglo XXI no empezaron alocados, sencillamente comenzaron mal. Se estrenó igualmente con otra nueva y mortífera pandemia, esta vez por el COVID, siguió la vergonzosa retirada de Norteamérica y sus palmeros de Afganistán. Pero prontamente, una nueva guerra ensombreció el continente europeo. Un conflicto con separatistas ucranianos prorrusos degeneró en una contienda entre Ucrania y Rusia. Dos países eslavos, teóricamente hermanos, comenzaron a desollarse. A Ucrania la apoyaron en principio los Estados Unidos de América e Inglaterra, quienes la incitaron cuando pudo haber alcanzado un acuerdo favorable. Los americanos, siempre atentos a descabalgar a su némesis rusa, no regatearon recursos militares, diplomáticos y económicos para frenar a una Rusia que se las prometía muy felices.

Pero en 2.025 el flamante presidente americano le dio una patada al tablero geopolítico y todo echó a rodar. Con ambigüedad calculada, se fue desentendiendo de Ucrania, amenazó con anexionarse Canadá y Groenlandia y hasta cambió el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América. Se trata de un personaje atrabiliario y ególatra que sólo tiene una idea en mente: Dinero para Norteamérica. Asistido por la creciente y progresiva ingravidez de Europa, impuso algunas condiciones que la Comunidad Europea, que protagonizó la mayor bajada de pantalones de toda su historia, y aceptó imposiciones que rayan el ridículo más espantoso.

Europa asumió condiciones leoninas bajo un espeso manto de mucilaginoso seguidismo. El presidente americano dictaminó lo siguiente: Norteamérica retiraría la ayuda militar y económica a Ucrania y Europa asumiría el esfuerzo bélico con armamento adquirido a los americanos que seguiría suministrando a Ucrania. Otra de las exigencias fue que Europa dejara de comprar petróleo y gas ruso para comprárselo a Norteamérica, por un precio aproximadamente el doble del que se pagaba al país eslavo. Un negocio redondo.

Como guinda del pastel prometió retirar o reducir las bases americanas de Europa, con gran disgusto para este continente que se sintió huérfano de súbito y a duras penas se opuso al capricho del americano de apropiarse de Groenlandia. La respuesta europea a semejante desafío consistió en mandar tropas, no para combatir al país que intentaba apropiarse de tan vasto territorio, sino de presumibles incursiones de China y Rusia. No es descartable que Europa persevere aún más en el ridículo por agradar al amigo americano.

Donald Trump, con la medalla del Nobel de la Paz de María Corina Machado enmarcada.

Y ya que de América hablamos, conviene señalar la untuosa sumisión de personajes como la de la venezolana, agraciada con el Premio Nobel de la Paz, el cual, bochornosamente quiso ceder al gerifalte yanqui, quien, en un ejercicio de calculada humildad, se había postulado para ser él quien recibiera ese premio. Después vino el secuestro del presidente venezolano que se vio abandonado por su ejército y sus propios correligionarios. La donante del Nobel que aspiraba con este gesto a ocupar el puesto ahora vacante, se llevó el mayor chasco de su vida: No era apta para el puesto. Mejor seguir con quienes ya gobernaban, aunque se hubieran denigrado antes argumentando que el país, como su régimen, tenían la condición de narcoterroristas.

Sigue la década de los demenciales veinte del siglo XXI con la sempiterna matraca de los israelíes para adueñarse de todo Oriente Medio, alegando las más peregrinas razones y descabezando a las fuerzas vivas de los países árabes o musulmanes que se oponen a los designios del Pueblo que se dice elegido por Dios (¿cómo será el elegido por el diablo?). Con tal motivo y amparado por los grandes capitales sionistas, el pueblo judío, que surgió recién terminada la Segunda Guerra Mundial y se colocó como un cuerpo extraño en medio de unos pueblos árabes incapaces de sacudirse tutelas ajenas, ha arrastrado al monigote de presidente americano a una guerra brutal con Irán que está poniendo patas arriba la economía del resto del mundo y sin que aún se pueda aventurar como puede acabar.

Una imagen de la guerra de Ucrania.

Para terminar con esta década, mencionar como unos erráticos palestinos, con más osadía que cerebro, quizá fruto de la continua masacre que sufren desde hace casi un siglo, se lanzaron a cometer un vil atentado contra civiles judíos, mayormente de origen sudamericano y centroeuropeo. El atentado sirvió de excusa para masacrar al pueblo palestino que poco a poco se va viendo despojado de su territorio y exterminado sin miramiento alguno, frente a un Israel equipado con armamento propio, pero sobre todo americano. También están otros conflictos como el cambio de régimen en Siria, turbulencias como las de Yemen, Sudán, escaramuzas de India con Pakistán, la eclosión de China ya como nueva potencia mundial y otras vainas.

El siglo XXI vuelve a dejar en evidencia que la humanidad sólo es el conjunto de los individuos de una especie zoológica que sigue cometiendo los mismos errores y las mismas atrocidades, sino peores, que las cometidas en el siglo XX. Quizá ya en el siglo XXII corroboremos por fin que somos esclavos de tal condición por más que queramos presentarnos como seres celestiales.

¿Y nuestro León? ¡Bien, gracias! Retrocede adecuadamente. Como en décadas anteriores.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

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