Jugamos como nunca y perdimos como siempre

Papeletas en el colegio electoral de Carucedo en la jornada de los comicios de Castilla y León.

Pocos análisis, por interesados que sean, resisten la frialdad de los números. Las cantidades hablan por sí solas, conceden y quitan razones y frente a las cifras poco o nada se puede objetar. Los guarismos imponen su ley.

Una ojeada a la prensa arroja un balance descorazonador para aquellos que seguimos soñando con un País Leonés que se maneje por si mismo, que se gobierne por sus hijos sin intromisiones espurias y mucho menos regir sus destinos por provincia interpuesta. Las cifras son aterradoras, todos los votos recolectados por los partidos leoneses en León suman 51.275 de los que 48.709 fueron aportados por UPL, el resto se lo repartieron entre Prepal, Alantre o Coalición por el Bierzo. Los resultados obtenidos en Zamora y Salamanca por los partidos leonesistas -en este caso UPL y Prepal- son 2.801 y 2.937 respectivamente.

Sumados todos los votos arrojan de 57.013, exigua cifra se antoja para tentar empresas de cierto empaque como las que muchos deseamos. Como referencia digamos que, según la Wikipedia, la ciudad de Zamora alberga 59.815 almas una cifra muy similar a la de los votantes que han cosechado todos los partidos leoneses juntos. Dicho de otro modo, si concentráramos todo el voto leonesista en Zamora, aún habría un saldo favorable a esta ciudad de 2.798 personas, todo el resto de población de la Región Leonesa serían votantes de otros partidos con sede lejos de nuestra tierra. Todos los habitantes del resto de ciudades como León, Salamanca, Ponferrada, Astorga, Benavente, Toro, Bejar, Ciudad Rodrigo o Santa Marta de Tormes, todo, serían votantes de partidos estatales.

Sobre una población total –votantes y no votantes– de aproximadamente 940.000 habitantes de la Región Leonesa, no parece que los resultados sean alentadores para emprender cualquier empresa política de cierto calado. ¿Hemos de abandonar por ello nuestro propósito? Honradamente creo que no pero tal vez haya que darle una vuelta al asunto. Veamos. El cómputo de las papeletas de los distintos partidos leoneses que se presentaron en León en las anteriores elecciones autonómicas fue, con levísimas oscilaciones, prácticamente idéntico al actual, excepción hecha de Alantre –el nuevo partido– aumentaron 565 votos a favor de UPL y disminuyeron 575 para Coalición por el Bierzo y 136 menos para Prepal.

Hasta aquí los datos, tratemos ahora de extraer conclusiones irrefutables. El leonesismo se ha visto frenado en seco o bien ha sido incapaz de atraer a nuevos prosélitos. No ha sabido incorporar nuevos adeptos a la causa. Las encuestas y las previsiones nos han hecho creer en un incremento de votantes, pero en realidad sólo era un espejismo. La leyenda urbana dice que Einstein sostenía que era una locura hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes. Traducido a lenguaje coloquial se puede decir que con los mismos datos y haciendo las mismas operaciones, el resultado por fuerza, ha de ser invariable.

De todo esto se pueden extraer algunas conclusiones inapelables. Los partidos estatales han crecido en número de votos, los ‘nuestros’ o se han estabilizado o han disminuido. Dicho en román paladino: el leonesismo con los parámetros actuales ha tocado techo o se bate en retirada. ¿Qué hacer? Supongo que las opiniones serán múltiples. Yo daré mi opinión que no vale ni más ni menos que la de cualquier otro. Si estamos como hace cuatro años o hace cuarenta y tres, habrá que cambiar el procedimiento o entregar la cuchara y no volver a dar la matraca con el leonesismo. Para mí esto último no es una opción. Por lo tanto, no queda más remedio que introducir cambios, hacer expurgo de la zona necrosada y propiciar el tejido sano.

Una mirada retrospectiva más: Prepal y Alantre son ya testimoniales, no se cuestiona su orientación, pero no alcanzando más allá de unos trescientos votos en las circunscripciones en las que se han presentado, la lógica indica que hay que seguir otros derroteros. Coalición por el Bierzo, verso libre, se diluye cual azucarillo en el agua y tiene unos resultados paupérrimos. Tan sólo UPL ha experimentado irrisorio crecimiento desde las anteriores elecciones autonómicas. Con este ritmo podríamos aspirar a una autonomía dentro de unos mil años.

UPL sigue teniendo los mismos pecados originales con los que comenzó su andadura y no parece que quiera convalecer de ellos. Decía hace pocos días una persona bastante sensata de León que el candidato número dos debería ocupar el puesto número cuatro o cinco, por ver si acaso tenía tirón suficiente para arrastrar más votos. Tal cosa dijo cuando los más avezados arúspices leonesistas aseguraban el cuarto compromisario si acaso no salía el quinto.

No es serio que dos personas que ocupan una alcaldía, copen los dos primeros puestos en las listas electorales de UPL, por más que se hayan intercambiado el orden respecto a la vez anterior, es poco ético y menos estético, amén de cerrar el paso a figuras emergentes. Su labor al frente de la alcaldía puede ser magnífica, pero hace muy feo acaparar dos cargos. UPL es un partido ‘collage’ donde encuentran acomodo muchos descartes de otros partidos que poco o nada aportan a la pulsión leonesista. En muchos pueblos de la geografía leonesa, los candidatos son unos perfectos desconocidos y sus caras sólo aparecen cuando se cuelgan carteles electorales.

No es momento de hacer leña del árbol caído, ni hacer más sangre autoflagelándonos en el cuerpo mortal de UPL, por tal motivo, desde estas humildes líneas queremos hacer una propuesta, aun sabiendo de antemano que será categóricamente rechazada, porque sólo faltaría que los primeros espadas de los diferentes partidos políticos del ecosistema leonés depusieran su altanería y bajaran del pedestal. No quedará por no intentarlo. No es de recibo que la Región Leonesa –yo prefiero llamarle País Leonés– tenga cuatro partidos atomizados, disputándose entre sí un escuálido electorado que no aciertan a incrementar. 

Proponemos una reunión de los representantes de los cuatro para fusionarse en un nuevo y único partido, con nuevas caras, nuevos enfoques y una decidida voluntad de alcanzar una autonomía propia. Todos los partidos estatales que no han desaparecido del panorama político de Castilla y León han incrementado su cuota de poder ¿No les dice nada a nuestros presuntos valedores? Supongo que no me decepcionarán y preferirán seguir cada uno a su bola, pero piensen bien que si no forman parte de la solución, pasan a formar parte del problema. Piensen que la atomización les puede mandar a todos, sin exclusión a las catacumbas y que, sin unión, en el País Leonés seguiremos luchando como nunca y ‘palmando’ como siempre.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

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