Geopolítica

El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump.

Buscas en el diccionario de la RAE el significado de ese término tan manoseado por los gobernantes de este santo planeta: geopolítica. Por lo visto es la ciencia que pretende fundar la política nacional o internacional en el estudio sistemático de los factores geográficos, económicos, raciales, culturales y religiosos. Y no sé a ustedes, pero a uno todo esto le sigue sonando a cortina verbal para ocultar los interesados tejemanejes de unos cuantos arribistas y amorales dirigentes. Unos políticos que utilizan su ámbito de poder para obtener más poder y para no defraudar a esas grandes corporaciones económicas que, en muchos casos, son las que les han colocado a los mandos del gran tablero geopolítico mundial. ¡Toma ya! La verdad es que cuando sueltas la palabrita en cuestión te quedas como nuevo.

El mejor ejemplo de todos esas turbias motivaciones que mueven la geopolítica actual lo encontramos, cómo no, en la política exterior que ejerce un tipo tan caprichoso como Trump y que ha llegado al paroxismo con esta absurda guerra (¿No lo son todas?). Tener a los mandos de la mayor potencia económica y militar del mundo a este peligroso cantamañanas ha podido desembocar en una autentica tragedia. El personaje ya había mostrado al mundo en cada una de sus verborreicas apariciones que no le importa lo más mínimo pasarse por el arco de triunfo todos esos códigos legales y morales que establece el derecho internacional. Pero lo de acudir a la llamada de su amigo Bibi (Netanyahu) para ejercer nuevamente de matón de la clase ha sido un error mayúsculo, una torpeza estratégica que ha agitado el avispero de Oriente Próximo y ha fortalecido a esa abyecta teocracia que gobierna Irán desde hace décadas.

El principio de acuerdo exige a Teherán que diluya sus reservas de uranio altamente enriquecido, a cambio de la suspensión de las sanciones contra el país. El acuerdo también permitiría el tránsito sin peajes por el estrecho de Ormuz durante dos meses y reafirmaría el compromiso con la integridad territorial de Líbano frente a la invasión israelí contra Hezbolá. Veremos en que queda, pero en principio el ridículo parece evidente: has revuelto con actitud bravucona y miopía histórica una zona en permanente conflicto para retirarte meses después y celebrar un acuerdo que te lleva de nuevo al punto de partida. 

“Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”, leemos en la frase de diálogo más célebre de El gatopardo. Unas palabras con las que Lampedusa inauguraría lo que más tarde se llamó gatopardismo, esa idea de cambiar todo para que nada cambie que es ya un concepto incorporado a los estudios de ciencia política. Quizás Trump sea un genio de la geopolítica y esa haya sido su intención desde el principio.

Quizás el gatopardismo haya sido su miserable coartada para enviar al Séptimo de Caballería allá donde nadie lo había demandado.

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