Calidad científica y ética en el manejo de animales de experimentación

Dicyt

El Servicio de Experimentación Animal de la Plataforma de Apoyo a la Investigación Nucleus de la Universidad de Salamanca gestiona todos los recursos relacionados con el uso de animales para la investigación y la docencia. Su misión es asegurarse de que se cumple la legislación vigente, gestionar los recursos de los tres animalarios de la institución académica y asesorar a los investigadores en el uso de modelos experimentales.

Aproximadamente, entre 80 y 90 grupos de investigación universitarios recurren a este Servicio habitualmente, pero también hay empresas que lo utilizan, entre ellas, algunas spin-off surgidas de la Universidad de Salamanca que trabajan en el ámbito biomédico, explica Luis Muñoz Pascua, director del Servicio de Experimentación Animal.

El Animalario OMG (de Organismos Modificados Genéticamente), ubicado junto al Centro de Investigación del Cáncer (CIC); el Animalario Departamental, que es el más antiguo; y el Animalario del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (Incyl) son las tres unidades que albergan los animales.

El Edificio Departamental alberga estas instalaciones desde los años 90 para cubrir las necesidades de las facultades de Biología y Farmacia, así que tiene un carácter polivalente, con ratas, ratones, hamsters, conejos e incluso anfibios.

Posteriormente, la creación del CIC generó una gran demanda de organismos modificados genéticamente cuyo manejo requiere el suficiente espacio para realizar modelos experimentales hechos a medida de las investigaciones que reflejen los modelos patológicos sobre los que trabajan los científicos, así que se creó el OMG. En la actualidad, estas instalaciones incluyen el Servicio de Transgénesis, donde se generan estos modelos a demanda del investigador. En algunas ocasiones, las peticiones a este otro servicio de Nucleus llegan de fuera de Salamanca, allí se generan los animales y “aquí los mantenemos hasta que se envían al solicitante”, comenta Luis Muñoz.

Finalmente, el Animalario del Incyl ha sido una necesidad intrínseca al propio centro, que tiene particularidades en el ámbito de la investigación en Neurociencias y emplea ratas, ratones y peces cebra.

Necesidades

“Los proyectos de investigación que necesitan utilizar animales tienen que pasar por el Comité de Bioética de la Universidad de Salamanca. Después, el grupo se pone en contacto con nosotros para definir los detalles de la estabulación de los animales y de la investigación, si necesitan aparatos o condiciones experimentales especiales. La mayor parte de los estudios sólo requieren hacer un seguimiento, pero algunos pueden necesitar equipos concretos, un tipo de dieta especial o jaulas de metabolismo para controlar las ingestas y las excreciones”, explica Luis Muñoz.

Generalmente, el investigador que se pone en contacto con el servicio ya tiene claro qué modelo tiene que utilizar, pero el Servicio también puede asesorarle al respecto. “Actualmente hay una mayor inclinación al uso de modelos de ratón, pero hay líneas de investigación que tienen otros modelos consolidados, por ejemplo, en Neurociencias se emplean mucho las ratas por el tamaño del cerebro del animal”, apunta el director. En algunas ocasiones, “en el curso de las investigaciones hay connotaciones no previstas que pueden ser de utilidad en la investigación. Por ejemplo, un estudio puede ser de cáncer, pero el gen modificado afecta también al comportamiento”. La experiencia de este servicio puede ayudar a los científicos en este tipo de situaciones.

Uno de los factores más cuidados es la bioseguridad, por eso hay controles como mantener en cuarentena los animales que llegan nuevos para su propio bienestar tras el estrés del transporte y para comprobar que no pueden transmitir ninguna patología, además de estrictas normas de acceso a las instalaciones o de higiene y vestimenta del personal.

Los avances científicos y las normativas obligan a actualizarse

Los técnicos de los servicios de experimentación animal necesitan una actualización constante para estar atentos a las normativas, los requerimientos técnicos y los aspectos éticos, de manera que la formación continua a través de cursos es clave. Todo ello está vinculado a los avances científicos. “Por ejemplo, ahora se incluyen como animales protegidos los cefalópodos porque se ha descubierto que el grado de sensibilidad neurofisiológica de estos animales los hace susceptibles a sufrir un dolor que antes no se sabía que pudieran tener”, apunta Luis Muñoz. Del mismo modo, se van descubriendo nuevos microorganismos que pueden afectar a las condiciones sanitarias de los animales estabulados. En definitiva, “la ciencia avanza y conforme a ella hay nuevos requerimientos técnicos y éticos”.

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