Redacción ILEÓN

Cabinas de teléfonos, carteles electorales, conciertos de los años 80, tiendas de discos y de revelado de fotos, bares y terrazas de las de toda la vida, ropa colgada por todas partes o kioscos con los típicos juguetes de plástico de toda la vida y periódicos de la edad dorada del papel. Ese es el universo que han recreado en pleno corazón de la ciudad de León, en la tradicional Plaza del Grano, los responsables del rodaje de la película ‘El peregrino’, una producción de Netflix en Brasil sobre una adaptación de un famoso libro del escritor conocido mundialmente Paulo Coelho.

La transformación de la plaza empedrada en una recreación de lo que podía ser una ciudad como León en la década de los 80 del siglo pasado acumula ya cuatro días de intenso trabajo de montaje y atrezzo para que todo esté listo este jueves, el gran día en el que se rodará una importante escena de la historia con varios de los actores principales y un centenar de figurantes vestidos, como la propia plaza, a la usanza de hace casi cincuenta años.

La plataforma mundial de streaming está detrás del rodaje de esta película dirigida por Vicente Amorim y producida por Gullane, que se encuentra filmándose en diferentes localizaciones españolas vinculadas a la Ruta Jacobea. Al argumento, como en el libro de Coelho, sigue los pasos de Paulo, interpretado por el actor brasileño Johnny Massaro, durante una peregrinación por las montañas, bosques y campos del Camino de Santiago, acompañado por el enigmático Petrus, al que da vida Rodrigo Santoro. Muchos otros nombres, también españoles, forman parte de su gran reparto.

Para recrear León, algunos de los bares existentes en la Plaza del Grano han cambiado de nombre, uno para denominarse ahora Los Ángeles Bar y otro para reconvertirse en una tienda de vinilos y casetes llamada Engranaje, y hasta se han inventado una Peluquería de Señores. Los contenedores de basura son muy similares a los de hace medio siglo en la ciudad -de paso con somieres viejos al lado- y en las paredes se pueden ver restos de carteles de ficticias elecciones, un rally de la época o conciertos, mientras se han recreado algunos puestos de venta callejera bajo los icónicos soportales de suelo empedrado. Hasta que el rodaje termine, un paseo por la Plaza del Grano es un auténtico viaje en el tiempo cinco décadas atrás.

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