Un año de la oleada de incendios que arrasó León y de la polémica comida de políticos en Gijón

Este domingo vuelve a celebrarse el Día de León en la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA), una cita tradicional que reúne cada verano en Gijón a representantes políticos, institucionales y empresariales de ambos lados de la cordillera. Pero esta edición llega marcada por una fecha imposible de separar ya del programa festivo: se cumple un año del comienzo de la peor oleada de incendios forestales que se recordaba en la provincia de León hasta el agosto de 2025 y de una imagen que acabó simbolizando la respuesta política al desastre.

Mientras León ardía, el entonces consejero de Medio Ambiente y máximo responsable político del operativo autonómico contra incendios, el leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones, participaba en el acto institucional y en la posterior comida del Día de León en Gijón, como publicó ILEÓN. Lo acompañaban el presidente de las Cortes autonómicas, el ahora vicepresidente autonómico por el partido de extrema derecha Vox, Carlos Pollán; el presidente de la Diputación del PSOE, Gerardo Álvarez Courel; el vicepresidente provincial de UPL, Roberto Aller; el diputado de Turismo, Octavio González; la entonces consejera de Industria, Leticia García, y otros representantes públicos.

La presencia institucional leonesa en FIDMA no era excepcional ni improvisada. La relación de la Cámara de Comercio de León con la Feria de Asturias es histórica: forma parte del consorcio que gestiona el recinto desde su constitución en 1966 y cuenta con un representante en su Junta de Gobierno. Esa vinculación explica que cada año se celebre un Día de León con recepción, visita institucional, discursos y comida de autoridades. Lo extraordinario era lo que estaba sucediendo en nuestro territorio.

León ya ardía antes de la comida

La situación de los incendios se había desbordado desde el sábado. A primera hora del domingo, la provincia acumulaba cerca de una decena de fuegos activos, cinco de ellos graves y varios con riesgo directo para pueblos, carreteras, infraestructuras y espacios naturales protegidos. El operativo se encontraba repartido entre Laciana, Omaña, El Bierzo y Cabrera y fuentes internas reconocían que la simultaneidad de emergencias lo había llevado al límite.

Los incendios de Yeres y Llamas de Cabrera alcanzaron el nivel 2 del Índice de Gravedad Potencial. Las llamas amenazaban ya Las Médulas y se aproximaban a poblaciones mientras los fuegos de Fasgar y Orallo mantenían también un elevado nivel de gravedad. A ellos se sumaron durante la jornada nuevos focos, como el de Villaverde de los Cestos, que obligó a cortar carreteras, interrumpir temporalmente el ferrocarril entre León y Ponferrada y evacuar viviendas.

El Cecopi provincial había sido activado durante la noche. La Unidad Militar de Emergencias (UME), la Guardia Civil, las brigadas forestales del Gobierno, los bomberos provinciales y otros medios estatales se incorporaban a unas labores que ya exigían desalojos y medidas extraordinarias de protección civil.

El subdelegado del Gobierno en León, Héctor Alaiz, cuya presencia estaba inicialmente anunciada en Gijón, renunció a acudir para participar en las reuniones de coordinación. Suárez-Quiñones, como máximo responsable político de la Consejería competente en prevención y extinción de incendios, sí mantuvo su asistencia.

A media tarde, el cambio del viento convirtió una situación muy grave en una catástrofe.

Las Médulas, pueblos y viviendas bajo las llamas

El incendio iniciado en Yeres entró en Las Médulas, Patrimonio Mundial de la Unesco, y obligó a evacuar los pueblos de Las Médulas, Orellán, Voces, Carucedo, Montes de Valdueza y otras localidades de la zona. Centenares de vecinos tuvieron que abandonar sus casas mientras las llamas avanzaban sobre montes, explotaciones, infraestructuras turísticas y viviendas.

“Esto es horrible”, repetía entonces el presidente del Consejo Comarcal de El Bierzo, Olegario Ramón, mientras la Guardia Civil le obligaba a abandonar una zona por el riesgo para su vida. Los propios equipos de extinción tuvieron que replegarse en algunos puntos ante un incendio que durante horas quedó fuera de capacidad de extinción.

El paraje de Las Médulas quedó marcado por el fuego. El Mirador de Orellán apareció ennegrecido, con estructuras destruidas, maderas carbonizadas y carteles derretidos por las temperaturas. Varias viviendas resultaron afectadas en Las Médulas, Orellán y otras localidades cercanas. También ardieron naves, vehículos, cultivos y montes de enorme valor ambiental.

Aquel fue únicamente el comienzo de una oleada que se prolongó durante prácticamente tres semanas y dejó un balance devastador: más de 130.000 hectáreas calcinadas en la provincia, cuatro personas fallecidas, viviendas y explotaciones destruidas y daños de enorme magnitud en espacios protegidos y hábitats de especies amenazadas como el oso pardo y el urogallo cantábrico.

La provincia vivió desalojos masivos, pueblos rodeados por las llamas y jornadas con varios grandes incendios simultáneos. Un año después, los trabajos de restauración ambiental siguen sin haber cerrado las heridas del desastre.

“Tenemos la mala costumbre de comer”

La fotografía política del domingo en Gijón adquirió todavía más peso al día siguiente, cuando Suárez-Quiñones fue preguntado por este medio por qué había permanecido en el acto y en la comida mientras la provincia estaba en una situación de extrema gravedad.

Tenemos la mala costumbre de comer”, respondió. Después añadió que “comer es una obligación para estar en condiciones” y defendió que se había mantenido operativo por teléfono. Según su versión, cuando el incendio de Las Médulas cambió de comportamiento emprendió el regreso hacia Ponferrada para incorporarse a las reuniones institucionales.

El PSOE lo señaló como “máximo responsable” de una política que había debilitado el dispositivo de prevención y extinción. UPL denunció que estuviera “de feria en Gijón mientras ardía la provincia leonesa”. CCOO exigió un operativo permanente, profesional y completamente público. CSIF afirmó que el dispositivo había colapsado mientras el consejero “se iba de vinos” y recordó que trabajadores que estaban de vacaciones se incorporaron voluntariamente para combatir las llamas.

Plataformas sociales y organizaciones políticas reclamaron su dimisión o su cese inmediato. Recordaron las advertencias acumuladas durante años sobre la temporalidad, la privatización de cuadrillas, las torres de vigilancia cerradas, la falta de personal y la ausencia de una verdadera política preventiva.

La respuesta del entonces y ahora presidente autonómico Alfonso Fernández Mañueco fue protegerlo. El presidente de la Junta sostuvo que tanto él como su consejero estuvieron “siempre al pie del cañón”, justificó la asistencia al acto de Gijón y descartó asumir responsabilidades políticas pese a la magnitud de la tragedia. No obstante, estuvieron meses sin apenas coincidir en actos públicos.

Veintiocho días de silencio y ninguna dimisión

Tras aquellas primeras comparecencias, Suárez-Quiñones permaneció 28 días sin afrontar públicamente preguntas sobre su responsabilidad en la gestión de los incendios. Durante ese tiempo aumentaron las protestas, las peticiones de dimisión y la presión parlamentaria.

Cuando regresó a las Cortes autonómicas, la oposición convirtió el pleno en un examen político al consejero. Hubo preguntas, intentos de reprobación y exigencias para que Mañueco revocara su nombramiento. Nada cambió. El Partido Popular cerró filas y el consejero conservó el cargo.

Meses después reconoció que su respuesta sobre la comida había sido una “chulería”, una “sobradez” y un “error estúpido”. Se arrepintió de la frase, pero no de su gestión. Al contrario, defendió que su actuación había sido “rápida y eficaz” y remató: “De momento estoy yo en la Consejería”.

La tragedia tampoco tuvo el cierre informativo que debería. Meses después del verano más devastador de la historia autonómica la Junta seguía sin dar a conocer todos los datos oficiales definitivos sobre superficie quemada, daños y desarrollo del operativo. El tradicional balance final de campaña quedó sustituido por un apagón informativo que dificultó incluso fijar la dimensión exacta de la catástrofe.

Del Medio Ambiente a Universidades

Suárez-Quiñones no abandonó el Gobierno autonómico ni quedó apartado de la primera línea política. Tras la formación del nuevo Ejecutivo PP-Vox dejó Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio y asumió la Consejería de Industria, Universidades, Empleo y Comercio.

El cambio le permitió desprenderse políticamente de la gestión directa de los incendios sin asumir el coste de lo ocurrido. Lejos de ser cesado, recibió un departamento amplio y estratégico que reúne competencias económicas, laborales y universitarias.

Pero su cambio de cartera no lo ha dejado exento de controversia. La Universidad de León acaba de denunciar que la financiación aportada por la Junta resulta insuficiente y ha anunciado un plan de ajuste, de modo que el antiguo responsable de la política autonómica contra incendios sigue señalado, aunque ahora por distinta temática.

La paradoja es difícil de ignorar: el consejero que no dejó el cargo después de los peores incendios de la historia de León gestiona ahora las universidades públicas mientras la institución académica leonesa denuncia un presupuesto deficitario por parte del Gobierno autonómico.

Un año después, León vuelve a arder

El aniversario no llega con la provincia recuperada ni con las causas políticas resueltas. Apenas ha comenzado agosto y León ha sufrido ya dos oleadas muy graves de incendios forestales y marca este mes de julio como el peor de los últimos años.

La primera se desencadenó durante la noche de San Juan por una tormenta eléctrica, que provocó numerosos focos simultáneos y volvió a tensionar el operativo. La segunda comenzó a finales de julio y ha dejado incendios de máxima gravedad, centenares de personas evacuadas, viviendas afectadas, cortes de carreteras, pueblos sin suministro eléctrico y miles de hectáreas nuevamente arrasadas.

Murias de Ponjos, Castropodame, Veguellina, San Cipriano del Condado, La Utrera, Valdelaloba y otros fuegos han obligado a movilizar medios autonómicos, estatales e internacionales. La provincia ha llegado a concentrar más grandes incendios que ninguna otra de España durante este verano y a registrar en unas semanas cifras muy superiores a las del mismo periodo del ya catastrófico año anterior.

La historia se repite mientras continúan las mismas preguntas sobre prevención, medios, planificación, profesionalización del operativo y responsabilidad política. También permanece la incertidumbre sobre qué tendría que suceder para que la Junta asumiera que un desastre forestal no puede resolverse únicamente cuando comienzan las llamas.

El mismo domingo, la misma feria

Este domingo, 9 de agosto, la Feria Internacional de Muestras de Asturias volverá a celebrar el Día de León. El programa comenzará a las 11.00 horas con la recepción de autoridades y una visita por el recinto; continuará a las 12.00 horas en el expositor ‘León para volver siempre’ y culminará a las 12.30 horas con el acto institucional en el Tendayu del Pueblo de Asturias.

La celebración forma parte de una relación histórica y legítima entre León y Asturias. La Cámara leonesa pertenece al consorcio de la feria, participa en su Junta de Gobierno y contribuye a mantener una cita que sirve de escaparate económico, empresarial y turístico. Pero esta vez el aniversario obliga a mirar más allá de los discursos, las fotografías institucionales y la comida posterior.

Hace un año, mientras las autoridades celebraban en Gijón la relación entre León y Asturias, las llamas avanzaban sobre pueblos, casas y uno de los principales paisajes culturales del país. El consejero responsable regresó después, se disculpó meses más tarde por su frase, resistió todas las peticiones de dimisión y terminó trasladado a otro departamento del mismo Gobierno.

Las Médulas siguen restaurándose. Los montes continúan cubiertos de cicatrices. Cuatro familias recuerdan a quienes perdieron la vida. Y León vuelve a combatir incendios que, otra vez, llevan al límite a vecinos y profesionales.

La FIDMA celebra este domingo otro Día de León. Para que la fotografía de hace un año no se convierta solamente en una anécdota política, conviene recordar qué estaba ocurriendo mientras se pronunciaban discursos y se ocupaban mesas en Gijón. Porque el fuego se apagó, pero ninguna comida, cambio de Consejería ni calendario institucional debería borrar quién tenía la responsabilidad cuando la provincia comenzó a arder.