¡Esto ya no tiene arreglo!

Leones agrietados en el asfalto de la calle Fray Luis de León.

Cada vez que digo “¡Esto ya no tiene arreglo… político!” incrementando la dosis de enfado en cada ocasión devenida (y ciertamente estoy aludiendo a nuestra pertenencia a la Comunidad llamada Castilla y León... ¡Hoy!) un buen amigo, que, por serlo y conocerme bien, no debía pensar en lo peor, esto es que estoy dispuesto a tirar la toalla, se pone en guardia y trata de animarme…

Cierto es que estoy cargado de pesimismo respecto a la autonomía compuesta en el siglo pasado por muñidores políticos, malévolamente interesados los castellanos e insensatos partidistas los de León. El coeundi les resultó de maravilla y lo conseguido lo empezaron a llamar –sin respeto– Castillaleón para unos ciudadanos culturalmente distintos, leoneses y castellanos.

Esto se ha dicho ya hasta la saciedad, como denuncia y como reclamación en los medios, más limitados antaño, y largos años ya en los modernos, cuya amplitud y libertad a veces son trasgredidos, sin más… y sin resultado alguno.

Entre los leonesistas no hay nadie que no conociera en trato y en escucha, a un maestro del leonesismo llamado Óscar García Prieto. Estando ya metidos de hoz y coz en el ente autonómico, y hechos cientos de intentos para revertirlo, don Óscar, con autoridad de catedrático, hasta al propio rey Juan Calos I le calentó la oreja reclamando lo leonés.

Dejó don Óscar un mensaje, para mi caso directo: ¡Máximo, lo nuestro no se arregla ya más que en los tribunales de justicia!

No añadió: yo no lo veré. Ante mí al menos. Murió hace diez años, cuando ejercía de profesor emérito en la ULE, habiendo hecho, con limpia ejecutoria, lo indecible en nuestra defensa. Hoy con el mayor de los respetos y tomando por viva su advertencia, me atrevo a decir que yo ¡tampoco lo veré! Veamos ahora.

Bajada de pantalones”: actitud que define de modo coloquial la asunción, entre taimada y de rendición, la postura personal o colectiva ante algo. Encaja aquí la entrada de UPL en 1995 en el parlamento de las Cortes autonómicas. Desde dentro, se pensaba controlar derrochando pragmatismo que sonaba a acatamiento, yo estaba en esos momentos en la formación, y sanamente se pretendía justificar con lo de al enemigo mejor cerca para vigilancia y control. ¿Pero quién iba a vigilar a quién?

No faltando por otra parte, vamos los de la otra parte, aunque suena a chiste de contrato Marx, los autonomistas de la facción castellana que pretendían equiparar a plebiscito, la primera votación autonómica en 1983, y arrancaban la hoja del hipotético juego –¡Incierto!– a todas luces. Y participábamos. ¡Claro!

¡No cejaré en el empeño!

Quede tranquilo mi amigo, lo digo en público: ¡No cejaré en el empeño! Y acompañaré a quienes estén a favor de revertir la cosa malévola mixta, llamada Comunidad. Se habla de Lexit, para poder arrancar con el autogobierno de una limpia regionalidad leonesa. Mas, no cómo y quiénes.

Nosotros, los ciudadanos leoneses, el pueblo, no podemos seguir echando las culpas a los políticos, que las tienen –¡Y a mogollón!–. Son dirigentes y ejecutivos (para nosotros ejecutores). Verdugos empecinados en el amasijo castellanoleonés. Y lo que es peor sin propósito de enmienda.

Mas... ¿Quiénes llevan a los escaños autonómicos y nacionales a los que dicen representarnos? La respuesta es única, no hay otra: ¡¡Los ciudadanos!!

El propósito negativo con el que adorné a los políticos, corre paralelo con el de los ciudadanos leoneses, pues para reiterativos nosotros, los que manejamos, más o menos cada cuatro años, las papeletas , no de una tómbola, sino para premiarlos con el alcancen de estatus y afianzarse partiendo de las urnas comiciales. Luego pasan a vivir en Orejilla del Sordete, tal como el parlamento, el limbo de los injustos, donde se mueven por imperativo del gran cabecilla y ad lateres de cada partido, a base de dedete y olvidando al pueblo.

Nos dejamos engañar vilmente. Si no qué otra explicación hay. Vivimos en democracia. En nuestro caso elegimos a nuestros matarifes con distintos rangos de posibilidades: autonómicas y nacionales. En descargo de ellos hay que decir que nos 'anestesian' con ideología de distinta concepción, según mano. Votamos a los 'nuestros', que hábilmente pronto aprenden a esconder el verduguillo, y nos rebotamos contra el oponente, siguiendo un insano mensaje, en lo que parecemos encontrar un cierto alivio.

Podía ir ahora por la senda oscurecida de los manejos políticos, partiendo del dicho: “He venido a la política para forrarme”. Pero no voy a transitarla. Sencillamente porque mi intento continuado de denuncia siempre ha ido por lo socio-sentimental-identitario…

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