Después del parto electoral

Una mujer eligiendo el voto en las Elecciones del 15M de 2026 en Castilla y León.

Lampedusa se quedó corto: hay sitios donde todo tiene que cambiar para que todo siga igual, y otros en los que no hace falta que cambie nada para que todo siga igual, o se puede cambiar todo, o se puede cambiar hasta el dobladillo de las bragas, que va a dar igual, porque todo va seguir igual de todas maneras.

Aquí entra en juego un concepto que a menudo arrinconamos, pero que es importante. Lo real. La demografía es una construcción humana, pero las personas no. La hidrología es una construcción humana, pero el agua no. La pobreza es una construcción humana, pero las patatas no.

¿Y qué pasa en esta tierra nuestra? Que podemos pintar de verde, si queremos, pero a día de hoy, en muchos lugares no hay gente, y la que queda es muy mayor. Nuestra población, que tiene mucho de rancia y muy poco de gilipollas, como siempre nos ha sucedido a lo largo de los siglos, lo ha comprendido hace años: la influencia del gobierno autonómico en nuestro destino es terriblemente limitada.

Importa a quién votemos, claro que sí, pero importa poco. Gane quien gane, no va a hacer regresar a los emigrados, ni va a conseguir que las mujeres se interesen por el mundo rural, donde sufren el maltrato sistemático de la sociedad y la economía. Gane quien gane, no vendrán a instalarse muchas industrias aquí, porque lo que podría hacerse en ese sentido queda fuera de nuestras manos. ¿Podemos bajar los impuestos a quienes se instalen en nuestros pueblos, como pasa en Alemania? No. Pues lo demás, nos la sopla. Así, sin edulcorantes. ¿Podemos quitarle obligaciones a los que se instalen en un pueblo pequeño? No. Pues buena gana de seguir hablando de apoyo al mundo rural. Lo que salva a los pueblos es poder poner un bar sin dos baños, una tienda sin rampa, o levantar una casa sin proyecto. Lo demás, son danzas folclóricas.

La política nos afecta poco, la verdad. Esa es nuestra fortaleza y también parte de nuestra tragedia.

Todo es teórico, todo es palabrería, pero la realidad eficiente, la que podría cambiar las cosas, está fuera de nuestro alcance. Así que mira, sí, da igual un gobierno que otro, o casi igual. Puede cambiar la frecuencia con la que abran el consultorio de médico de este pueblo o del otro, pero poco más.

Por eso votamos como votamos. Por eso votamos a quien votamos. Porque sabes que da lo mismo. Y puestos a no cambiar nada, preferimos a los aburridos, a los mediocres y a los flojos. Por prudencia, por inquina y por tradición.

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