Luna de Cortos: un festival cinematográfico con sello rural y social

Balbino Ferrero y Amparo Climent.

A escasas horas de que se celebrase la gala de clausura y la entrega de premios de la novena edición del festival de cine Luna de Cortos, hablamos con la directora y actriz Amparo Climent, galardonada con el premio 'Cine Español' que otorga el festival, y con el director de este, Balbino Ferrero. A la sombra de los árboles que escoltan al río Órbigo a su paso por Veguellina, primera sede del festival, Balbino y Amparo conversan sobre la gala que tendrá lugar en la tarde del sábado. A los pocos minutos empiezan a recordar cómo fueron las primeras ediciones, momento en el que aprovechamos para entrevistarlos, comenzando por Amparo Climent.

Naces en Valencia en una familia formada por grandes artistas y finalmente es el oficio que eliges. Háblanos de esos primeros años.

En los veranos de un pueblo de Valencia, cuando mis hermanos y yo teníamos sobre tres o cuatro años, realizábamos pequeñas obras de teatro que nos inventábamos en el patio de casa. Las representábamos al finalizar la tarde y cobrábamos hasta entrada, eso sí, lo que pedíamos eran chucherías y cosas por el estilo. Nos confeccionábamos hasta la ropa con la ayuda inestimable de nuestra madre, claro, le poníamos mucha ilusión. Ese es mi primer recuerdo. Por otra parte, un hermano de mi madre, Vicente Corbín, al que yo le tenía mucho cariño, era pintor, al igual que mi abuelo. Yo empecé a apreciar los cuadros que él dibujaba e intentaba imitarle. Esas son mis raíces, y como ves, todo aquello llegó hasta hoy.

Además de actriz, eres guionista y directora. Háblanos de los largometrajes documentales 'Lágrimas de África' y 'Lágrimas de África''Los sueños de Idomeni'

'Lágrimas de África' tardé dos años en rodarla, conociendo de primera mano lugares icónicos como el Monte Gurugú y entrevistando a varias mujeres que deseaban saltar la valla y llegar a esa vida mejor que le habían prometido y que tanto ansiaban.

'Los sueños de Idomeni' lo codirigí con mi hijo, Héctor Melgares, dos años después de 'Lágrimas de África'. Mientras estuve allí me dediqué a ayudar en lo que pude, pero aparte me llevé una cámara para grabar todo lo que veía. Al llegar a casa hablé con mi hijo y decidimos que en lugar de hacer dos trabajos sobre este tema, ya que él también había rodado y realizado diversas entrevistas allí, trabajaríamos los dos en el mismo proyecto. Él es un chico joven y yo soy más mayor. Entendimos que nuestros puntos de vista se complementarían y saldría un buen trabajo. Sobre esta película destacamos el trabajo que hacían las mujeres, no solo las que hacían la ruta de los Balcanes, también sobre las voluntarias que las ayudaban. En televisión solo salían los bomberos o los soldados, pero se obviaba que la mayoría de las personas anónimas que ayudaban eran mujeres.

Has formado parte del Comité de expertos del Ministerio de Cultura para las ayudas a la cinematografía, durante cuatro años. En España, desde la derecha, se ataca a este sector todos los años con unas críticas burdas en la mayoría de las ocasiones.

La cultura cuestiona el poder, pero el poder ya sea de izquierdas o de derechas. Lo que ocurre es que la derecha lleva muy mal que se ponga el ojo en su gestión. Nosotras tenemos la costumbre de utilizar esa crítica en nuestros trabajos, y eso, claro, incomoda. Durante el franquismo y el posfranquismo había listas negras, y esas personas no trabajaban. A mí, durante varios años, fundamentalmente en 1977, no me llamaban para ningún trabajo. Todo empezó con la huelga de los actores de 1975, en la que nuestro querido Juan Diego fue uno de los protagonistas.

En cuanto a las ayudas, en ese comité al que yo he pertenecido durante tres legislaturas con tres directores generales distintos, son relativas, y me explico. Toda película que finalmente no sea comprada por RTVE tiene muy pocas posibilidades de salir adelante, porque se considera, según las normas, que no van a conseguir el dinero para llevarla a cabo. Resumiendo, quedan fuera muchas películas que RTVE no ha comprado.

Has recibido diversos premios en cuanto a tu faceta comprometida con la memoria y las injusticias sociales, como el Premio Menina Derechos Humanos NetWorkWoman (2019), el Premio Salva Peironcely. Compromiso Memoria democrática (2019) o el Premio Acero de la Fundación Domingo Malagón Compromiso y solidaridad (2018). En esta edición de Luna de Cortos recibes el premio Cine Español, tanto por tu carrera profesional como por tu compromiso social. Pasan los años y sigues en primera línea...

En mi camino de compromiso social me he encontrado con muchas cosas, entre las que destaco la memoria histórica y el olvido de las mujeres. La represión que sufrieron por el hecho de ser mujeres es algo que deberíamos analizar más pronto que tarde. Estuve en la Unión de actores, en el PCE, en CCOO y creo que esto me ha forjado como persona y como profesional. La formación marxista que he tenido la considero una suerte.

Cuéntanos, hasta donde puedas, de tu último trabajo, 'Las cartas perdidas'

'Las cartas perdidas' es el título de una obra de teatro que escribo para conmemorar el ochenta aniversario del exilio español. La estrenamos en el Instituto Cervantes y en su día trajimos a León. Durante la gira empezó a rondarnos la idea de llevarla a la pantalla, como así ha sido. Está rodada en lugares concretos donde diferentes mujeres sufrieron represión y, uno de ellos, como no podía ser de otra manera, fue León, donde grabamos el año pasado en abril. La idea es presentarla oficialmente en octubre en Madrid. Esperemos que los miles de mujeres que fueron violadas, encarceladas, rapadas y fusiladas tengan su pequeño homenaje, nos veíamos en la obligación de hacerlo.

Finalizada la entrevista a Amparo y mientras Balbino Ferrero cerraba su portátil, señal de que había terminado parte del trabajo que le tocaba esa mañana, las preguntas se dirigieron al director del festival Luna de Cortos, mientras el calor de la mañana empezaba a notarse pesa a estar en el lugar privilegiado como es la orilla del río.

Durante treinta y cuatro años ha ejercido su profesión como reportero en distintas agencias de prensa, pero siempre ligado a la cultura. ¿Cómo fue el primer festival Luna de Cortos?

Hace ya unos años vine a pasar una temporada en mi pueblo, Veguellina, ya que mi madre se había puesto enferma. La idea era estar aquí un año y marchar, pero como ves, ya van más de diez. En ese momento, las personas que integraban la comisión de fiestas me propusieron dar el pregón de ese año, algo que rechacé, porque para mí eso es algo muy serio y yo llevaba demasiado tiempo fuera. Fue ahí, con esa propuesta, cuando me surgió la duda, ¿qué puedo ofrecerle yo a Veguellina? La respuesta fue este festival de cine que ya va por la novena edición, aunque en la actualidad se celebre en otra localidad, Riego de la Vega, en la que también estamos muy a gusto.

Como indicas, en 2020 se trasladó a Riego de la Vega, ¿qué tal fue esa acogida en el primer verano pandémico?

Ese fue en año especial, todos estábamos un poco expectantes ya que fueron muy pocas las actividades que se hicieron ese verano, no solo a nivel local sino también a nivel nacional. El público asistió a las proyecciones, pero insisto, fue un año raro. Lo que sí quiero destacar es la buena acogida que tuvimos por parte del Ayuntamiento de Riego de la Vega, que mostró su apoyo desde el principio.

Novena edición que finaliza, ¿cómo está funcionando?

Pues la verdad es que muy bien. Se van a pasar sesenta y cuatro películas en ocho días, hay proyecciones de tarde y de noche y la gente tanto del pueblo como de otras localidades cercanas están acudiendo a diario. Sobre el festival, decir que no solo se basa en proyecciones de películas, sino que también hay exposiciones, charlas, mesas redondas, cada año un país invitado, etc. Es decir, hacemos todo lo posible para que este festival goce de reconocimiento a nivel nacional, como así está siendo.

Es un festival especial, porque a diferencia de la gran mayoría, se celebra en un pueblo pequeño y no en una ciudad de mediano o gran tamaño. Como no puede ser de otra manera, agradezco a la Diputación de León y al Instituto Leonés de Cultura (ILC) su apoyo. Las instituciones tienen que estar para estas cosas, decirlo y hacerlo, no quedarse solo en buenas palabras. Si realmente apoyas al medio rural, haz efectivas tus propuestas. En los pueblos como Veguellina siempre hubo al menos una sala de cine. A finales de los años noventa se cerraron la gran mayoría de salas en este país pese a haber una gran afición por el cine. Estos festivales deberían gozar del reconocimiento de todas las instituciones, porque como se está demostrando tanto en Veguellina como en Riego de la Vega, hay ganas de cine.

¿Qué proyectos, perspectivas tenéis para el X que entiendo será especial?

No me gusta adelantar lo que haremos en siguientes festivales, porque nos pueden copiar (risas), pero sí diré que será especial por alcanzar la décima edición y que el país invitado dará que hablar por su calidad. Veremos lo que pasa, pero iremos adelantando novedades según vayan pasando los meses y se acerque la próxima edición.

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