La gente que vive demasiado

Javier Pérez Fernández

Sobre este blog

“La tecnología avanza que es una barbaridad”, decían nuestros abuelos. El mundo cambia mucho más rápido a veces de lo que podemos comprender. Exploramos el impacto de la tecnología mirando más allá de la pantalla.

Lo he leído muchas veces, pero los autores que abordan este tema, como Piketty, lo hacen de una manera tan relamida y enrevesada, que no se entiende bien lo que dicen, así que voy a intentar lo contrario.

Uno de los mayores problemas de nuestra época, en esta parte del mundo, es la longevidad. La gente no se muere ni a tiros. La gente dura más de lo razonable, y eso es una mierda y un daño para todos por motivos muy diversos. En primer lugar, los patrimonios y el poder económico, se concentraban en los viejos que, por su propia naturaleza, no tienen ganas de hacer nada.

Y no me refiero a los milmillonarios, sino a la gente en general, a la peña de a pie. Si en una familia sigue todo en manos del abuelo, a sus 87 años, no esperes que ponga una empresa, no esperes que abra un taller, no esperes que haga nada. Donará una parte, si acaso, a los hijos, y el resto lo retendrá para quedarse cinco años como un calamar en una residencia, hasta los 93, a razón de dos mil euros al mes. Y cuando al final el abuelo se muera de una puta vez, sus hijos tendrán 67, 64 y 61 años respectivamente, con el pescado vendido, sin ganas tampoco de emprender nada, ya casi ni de gastar en nada, porque estarán reuniendo también pasta para la residencia mientras sus hijos se rompen los cuernos pagando un alquiler.