Villameca, el pequeño gran pantano que cumple 80 años entre la memoria histórica y el fin de su concesión energética
No es habitual conocer en primera persona el esqueleto de una infraestructura de este estilo, pero quienes se acercaron a Quintana del Castillo y posteriormente a Villameca, pudieron adentrarse en las entrañas de la histórica presa. A las nueve y media de la mañana era la cita, y quizá sorprendidos por la afluencia, los responsables de la explicación vieron como se llenaba el local de Quintana del Castillo, cabecera del ayuntamiento. Una vez finalizada la charla, que se centró fundamentalmente en las diferentes formas y usos de un embalse de agua, un autobús acercó ya, a las inmediaciones de la presa, a casi el centenar de personas que previamente se inscribieron al evento.
Antes de entrar en dos turnos al muro de hormigón que regula el agua del río Tuerto, cuyo nacimiento tiene lugar en varios afluentes de Los Barrios de Nistoso, dos trabajadores de la Confederación Hidrográfica del Duero, Sergio García y Ernesto Cruzado, explicaron el funcionamiento tanto de esta presa en concreto como de otro tipo de ellas. La de Villameca es de hormigón, está situada a 967,48 metros sobre el nivel del mar (msnm) y tiene una oscilación entre la parte más baja y la más alta de unos dos milímetros dependiendo del agua embalsada.
Esta presa recibió en 2023 una importante inversión de 2.568.201 euros para sumar a su ya existente desagüe de fondo, un segundo desagüe, tal y como dicta la normativa. La prueba del desagüe se produjo el 20 de junio de ese mismo año, con resultado óptimo. La otra gran inversión para regular el agua del Tuerto acaba de aprobarse y asciende a 1.116.651,82 euros y el objetivo no es otro que volver a recuperar su capacidad de almacenamiento, los 20 hm3 que almacenaba antes de las obras mencionadas anteriormente.
Desembalse en febrero
Ernesto Cruzado, el ingeniero responsable de esta presa, quiso ofrecer una serie de datos para explicar la situación que se vivió en los pueblos situados aguas abajo de la presa el pasado invierno, cuando varias localidades como Castrillos de Cepeda y Sueros vieron como el agua entraba en sus calles.
Cruzado explicó que lo habitual es tener el embalse lo más lleno posible a fecha de 1 de abril y por lo general, suele alcanzar su cota más baja en octubre, una vez finalizada la temporada de riego. Según los datos que ofreció al público asistente, en enero de este año el agua embalsada era de 13'7 hm3 sobre una capacidad total 18´6 que tiene actualmente el pantano. En febrero, los días 1, 2 y 3 se llegó a los 15'7 hm3 y el día 5, que llovió nuevamente sobre una buena capa de nieve, se produjo un desembalse récord, llegando a los 15 m3 por segundo. Después de una nueva nevada y otras jornadas de lluvia intensa, los días 10 y 11 de febrero se desembalsaron 20 m3 por segundo mientras estaban entrando 53 m3 por segundo según los datos del medidor de entrada al pantano, situado después del agua que llega del trasvase del río Valdesamario, que esos días, como no podía ser de otra manera, estaba cerrado. Otro dato que quiso reflejar en su explicación Ernesto Cruzado es que el medidor que tiene el río Tuerto en San Félix de la Vega llegó a reflejar esa jornada un caudal de 100 m3 por segundo.
Central hidroeléctrica de Villameca
Al ser preguntado sobre la central hidroeléctrica de Villameca, Cruzado quiso detallar que la concesión de esta central, que en la actualidad recae en la filial española de la eléctrica ENEL, la empresa italiana de energía Ente Nazionale per l'Energia Elettrica con participación pública, termina su concesión el próximo año 2027. Justo 80 años después de la entrada en funcionamiento de la presa, llenada por completo en 1947. Cruzado, también responsable de la presa del embalse de Selga de Ordás, cuya concesión finalizó este 2026, indicó que estas dos centrales hidroeléctricas pasan a ser gestionadas directamente por la CHD al ser deficitarias. Ante la pregunta del que escribe estas líneas: ¿Por qué cuando aportan grandes beneficios no son gestionadas directamente por la CHD o por el Estado y así repercutiría positivamente en los bolsillos de todas y todos y no solo en el de unos pocos?, la respuesta fue que “esas decisiones se me escapan de mi capacidad de acción y de decisión”.
El promotor del pantano de Villameca fue Emilio Bardón Sabugo, que nació en el vecino pueblo de Quintana del Castillo en el año 1852. El proyecto del pantano fue aprobado durante la II República, concretamente en 1933, cinco años después de que se creara la CHD. La obra fue llevada a cabo hasta su interrupción en 1936 debido a la Guerra Civil. Una vez acabada esta, se retomó el proyecto y su finalización tuvo que esperar hasta mediados de la década de los cuarenta. El pantano fue puesto en servicio en 1947, previa inauguración el 2 de octubre de 1946 por el dictador Francisco Franco mientras decenas de personas le rendían pleitesía con pendones y productos de la zona, como puede verse en la pieza del NO-DO del 14 de octubre de 1946.
Esclavos en la obra
Según la página web de la CHD la empresa adjudicataria de la construcción del pantano de Villameca fue Ginés Navarro e Hijos S.A. Esta empresa fue la encargada de realizar una gran cantidad de obra pública durante franquismo, y en la actualidad, después de varios procesos judiciales, sentencias condenatorias y fusiones, fue uno de los gérmenes de la actual Actividades de Construcción y Servicios, S. A. (ACS), cuyo presidente es Florentino Pérez. Para la construcción de la misma fueron utilizados presos políticos, tal y como recoge el reportaje 'Trabajo esclavo y vidas rotas: la verdad anegada de los pantanos de Franco', y cuya lista de los que estuvieron alojados en los barracones de Villameca facilitada por la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) es la siguiente:
En cuanto al traslado de los vecinos de Oliegos, la población que quedó sumergida bajo las aguas del pantano hasta Foncastín, es la siguiente: el 28 de noviembre de 1945 los vecinos y vecinas de Oliegos fueron obligados a abandonar su pueblo por otro de nueva creación regado por el río Zapardiel, de nombre Foncastín de Oliegos, en la comarca de Rueda, provincia de Valladolid. La calidad del terreno en Foncastín era pésima y tal como se recogió en la “Revista de sanidad e higiene pública” (1947), Joaquín de Prada (jefe Provincial de Sanidad de León) demostró que, en 1946, un año después de la llegada a Foncastín, el 80% de los vecinos y vecinas eran palúdicos.
El periplo comenzó en la estación ferroviaria de Porqueros, donde un convoy formado por 30 vagones, 27 dedicados a diferente material y los 3 restantes a las casi 38 familias –unas 225 personas- que habitaban en el pueblo, realizó gran parte del traslado. La noche del 28 la hicieron en Astorga, la comida del día 29 en León capital y el viaje en ferrocarril finalizó en la estación de Valladolid esa misma noche. Al día siguiente, 30 de noviembre, los vecinos y vecinas de Oliegos llegaron a Foncastín en autobús.
Una vez en Foncastín, vieron que lo prometido distaba mucho de la realidad. Las casas que se habían levantado no eran suficientes para los recién llegados, esto hizo que algunas familias tuvieran que marchar a Rueda. Después de seis largos años de espera, se acabaron de construir el resto de viviendas prometidas.
Pero esto era solo el principio. La compensación del régimen franquista por el traslado de los vecinos y vecinas de Oliegos solo cubrió el 20 por ciento de lo que posteriormente le demandaría. Es decir, que casi durante dos décadas, los vecinos deberían ir pagando al Instituto Nacional de Colonización lo que este le demandaba, ya sea a través de un porcentaje de la cosecha o directamente en dinero.
Como aclara el documental ‘Los colonos del Caudillo’ (Lucía Palacios, Dietmar Post, 2013), este engaño no solo ocurrió con los vecinos y vecinas de Oliegos, sino que era una práctica bastante común. En dicho documental aparece uno de los mandamientos del Instituto Nacional de Colonización: “Nuestro fin es dar tierra a los campesinos, de crear un hombre nuevo, el hombre fascista antiurbano y antiobrero, ligado a la tierra y devoto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra, trabajo… bajo el control del partido”.
A fecha de hoy ningún elemento recuerda el uso de obra de mano esclava en la construcción del pantano de Villameca, tal y como recoge la Ley de Memoria Democrática que puede y debe hacerse en los espacios significados de la opresión de la dictadura.