El Ayuntamiento pide a la iglesia liberar la calle que ha tenido ocupada durante cuatro años en León, parte sin permiso

La calle Trastámara, cortada hace cuatro años por la parroquia del Mercado, al fondo.

Después de cuatro años, parte de ellos sin autorización oficial alguna, la parroquia católica del Mercado (entre el Camino de Santiago y la Plaza del Grano) dejará de ser 'okupa' de toda una calle de la ciudad, en pleno Casco Histórico de León. Se trata de la vía pública Trastámara, la cual la iglesia mantiene vallada y cerrada a cal y canto desde hace ya cuatro años sin ejecutar las obras por las cuales, aunque a destiempo, el Ayuntamiento les permitió usurparla al tránsito por completo para ejecutar unas obras que nunca se han hecho.

Fuentes del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de León han confirmado a ILEÓN, tras consultarlo el pasado 20 de septiembre, que ya tiempo atrás se ordenó que se quitasen las vallas que cortan la calle situada casi enfrente del templo católico, y que siempre ha comunicado la calle Herreros con la calle San Francisco. Se trata de una acera en un callejón de corte medieval, junto al solar que ocupó la llamada Casa del Cura o centro parroquial.

Justo cuando se cumplen exactamente cuatro años desde que la fachada de esa Casa del Cura se derrumbó por causas nunca aclaradas, después de airearse que se quería construir un edificio nuevo, ahora el Consistorio “reitera la orden de retirada del vallado”. Y admite que el día 3 de octubre -13 días después de la consulta de este medio de comunicación- la Concejalía de Desarrollo Urbano ha pedido al Servicio de Infraestructuras y Movilidad “la emisión de informe comprensivo de la valoración de las actuaciones de retirada del mismo, en orden a su ejecución subsidiaria”, es decir, si la iglesia continúa cortando al tránsito la calle Trastámara haciendo caso omiso.

Confirmado: “Ningún expediente sancionador”

Las mismas fuentes oficiales, a pesar de lo flagrante de la situación, admiten que el Ayuntamiento “no ha iniciado ningún expediente sancionador” ni contra la parroquia del Mercado ni dirigida subsidiariamente al Obispado de León. Se trata de una infracción muy sangrante si se compara con la firmeza y el alto coste a los que se enfrentaría cualquier vecino, asociación o empresa ya no por cortar una calle sino por ocuparla temporalmente con una terraza hostelera, aparcar un coche o instalar un simple cartel anunciador en la vía pública, por los que el Ayuntamiento cobra religiosamente más de 60 euros anuales.

Aunque el expediente de licencia número 5149 para levantar la nueva Casa Parroquial se inició en 2018, la misma data realmente del 20 de noviembre del año 2020, confirma la Concejalía y también consta en el cartel anunciador de una obra en la que apenas se han realizado en todo este tiempo las catas arqueológicas. Y nada más.

Antes, en 2019, ya se había producido una gran polémica por la permisividad municipal y de la administración autonómica de dejar tirar completamente los restos de la fachada del antiguo edificio, a pesar de estar protegido por Patrimonio de la Junta de Castilla y León, tras el derrumbe que, por suerte, al menos no causó víctimas. Una permisividad que contrastó con la imposición a los propietarios del edificio colindante, de la misma hechura y antigüedad, de tener que mantener su fachada en las obras de reforma que ejecutaban, algo que ellos sí cumplieron.

Este doble rasero que volvía a beneficiar a la parroquia, ahorrándole costes económicos y quebraderos de cabeza, fue denunciado por organizaciones como Promonumenta o partidos como Izquierda Unida, entre otras cosas porque la fachada estaba en pleno Camino de Santiago a su paso por la ciudad y, por lo tanto, protegida como Bien de Interés Cultural (BIC) y Patrimonio de la Humanidad.

Reacción, pero sólo posterior

No fue suficiente manga ancha: cuando ILEÓN publicó la primera denuncia por la usurpación ilegal de la calle, en 2022, se demostró que por lo menos durante todo un año, hasta noviembre de 2020, ese cierre se había ejecutado sin autorización municipal de ninguna clase. Después, la Concejalía que sigue dirigiendo el mismo edil, Luis Miguel García Copete, justificó ya con un expediente de ocupación y la posterior licencia de obra la clausura de la calle por tres razones: una de seguridad, dado que “el terreno está compuesto principalmente por rellenos y podría haber deslizamientos de esos materiales poco cohesionados”; otra, para evitar actos vandálicos en este rincón; y sobre todo porque eran inminentes las obras para volver a levantar el edificio de la Casa Parroquial.

El proyecto está en manos del párroco del Mercado, Manuel Fláker, que fue nombrado en 2017 guía espiritual del movimiento neocatecumenal, conocido como 'los kikos' por el nombre de su fundador, Kiko Argüello, nacido en León.

Ahora, el Ayuntamiento asegura que “desconoce los motivos de por qué la obra sigue sin ejecutarse”, aunque el promotor les ha trasmitido tiempo atrás una serie de problemas con la empresa constructora que se había contratado. En todo caso, el departamento de García Copete sí dice ahora que, sin visos de que se ejecute trabajo alguno, “se está tramitando expediente de caducidad de la licencia” aprobada en su día.

Un aspecto lamentable en el Camino de Santiago

Aparte de todos estos problemas, y de que los vecinos de la ciudad ya suman cuatro años sin poder hacer uso de una vía pública sin que la parroquia a la Plaza del Grano le pase ninguna factura, el aspecto de la zona, por la que pasan cada año decenas de miles de peregrinos haciendo el Camino de Santiago, deja muchísimo que desear, con el solar vallado durante estos cuatro años y abandonado en su interior, repleto de ferralla e incluso alguna basura. Y ahora también con pintadas.

Todo eso que se ha dejado notar también mucho en los recientes actos que el Obispado y la propia parroquia han impulsado para la ceremonia de la coronación canónica de la Virgen del Mercado, que no han dudado de tildar como histórica, y en la que se han volcado social, política y económicamente en las últimas semanas, emulando en pleno otoño el fervor que también se vive en ese entorno en el arranque de cada Semana Santa.

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