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CINE Y TELEVISIÓN

'La ciudad es nuestra': corrupción en Baltimore

Antonio Boñar escribe esta semana sobre esta miniserie de seis capítulos que podemos disfrutar en HBO Max y un nuevo prodigio con el que David Simon regresa a las calles de Baltimore.

La Ciudad es Nuestra serie de David Simon en HBO Max
Un fotograma de la nueva serie de David Simon, 'La ciudad es nuestra'. // HBO Max
Antono Boñar | 18/05/2022 - 19:00h.

El término showrunner se utiliza en el universo de las series televisivas para designar al productor ejecutivo y jefe de guionistas, al responsable de elaborar la biblia de personajes, argumentos y atmósferas a los que tienen que ceñirse el resto de escritores. Es también el supervisor y el responsable final frente a la cadena o servicio de streaming que lo contrata. Es, en definitiva, el creador de la serie.

David Simon es uno de los más brillantes showrunners que ha dado la industria americana en los últimos años, uno de los pocos que ha conseguido que su nombre asociado a una serie sea sinónimo indisoluble de calidad cinematográfica. Lo conocimos con The Corner (2000), un crudo retrato de la vida en las calles de Baltimore bajo la sombra de la heroína, el embrión de esa obra maestra que es The Wire (2002), considerada de forma casi unánime como una de las mejore series de la historia.

Por si esto fuera poco, este periodista y escritor que ha terminado convirtiéndose en el afamado productor televisivo que es hoy en día es también responsable de todas estas joyas televisivas: Generation Kill (2008), Treme (2010), Show Me a Hero (2015), The Deuce (2017), La conjura contra América (2020) o la miniserie que ahora nos ocupa y que está disponible en HBO Max

Con La ciudad es nuestra David Simon regresa a un lugar que conoce a la perfección y que recorrió durante más de trece años como periodista de The Baltimore Sun, esas calles sin futuro y azotadas por la droga que ya veíamos en las antes mencionadas The Corner y The Wire. Aunque ahora lo hace para centrarse en un caso real de corrupción policial, en la actuación de una unidad de élite de agentes de paisano que robaba, intimidaba y abusaba de su poder mientras sus superiores ejercían el cobarde ejercicio de mirar hacía otro lado, una conspiración criminal que se alargo en el tiempo mientras la ciudad vivía una ola de disturbios provocados por la muerte bajo custodia policial del joven afroamericano Freddie Gray. "No permita que una causa probable se interponga en el camino de un buen arresto", afirmaba el sargento Wayne Jenkins, líder de ese grupo especial de la policía.

La ciudad es nuestra va mucho más allá del relato minucioso sobre el ascenso y caída de unas cuantas malas hierbas que crecen al amparo del caos. Articulada con una narrativa que salta en el tiempo y con varias subtramas que dibujan la impotencia de los estamentos políticos y sociales para gobernar la ciudad, la serie se erige finalmente como una lúcida radiografía de un sistema enfermo, la descarnada crónica de una derrota anunciada.

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