NATALICIO DEL ÁGUILA 2026
10 de junio / 1958.º aniversario de la Legio VII Gemina
El singular anfiteatro para gladiadores de Castra Legio (León), con una capacidad de público como una legión romana

Maqueta del Anfiteatro Castrense de la Legio VII Gemina de Luis García en el Ayuntamiento de León.

La ciudad de León conserva, debajo de las casas justo fuera de lo que es el recinto del casco viejo frente a la torre esquinera cuadrada de la muralla romana en Conde Rebolledo, los restos de un edificio de espectáculos muy especial: un anfiteatro legionario, de los que se conocen sólo cinco en el Imperio Romano, según las excavaciones arqueológicas hasta el día de hoy.

Y hoy precisamente, un 10 de junio del año 68, un IIII idus iunias, se conmemora la entrega del Águila a la Legio VII Gemina, aunque fuera en una fecha falsa provocada por la propaganda del nuevo emperador Galba –que la creó con el sobrenombre de Galbiana gracias a ser el legado de la Legio VI Victrix–, la primera que se acantónó en el campamento romano al principio del segundo decenio antes de Cristo, que fue la base para que se creara la ciudad de León. Aún así, la capital legionense celebra su fiesta del León Romano con el aniversario del 1.958.º Natalicio del Águila porque una de sus legiones es la única del mundo romano de la que se sabe su cumpleaños.

Todo esto para indicar que Castra Legio (como se llamaba el campamento de las dos unidades romanas que fundaron el recinto militar previo a la creación de la ciudad de León) es especial por muchos motivos. Uno de ellos es que tiene un raro (por escaso número) anfiteatro legionario.

Es decir, es uno de esos pocos lugares junto a Caerleon en Gales (otra importante fortaleza legionaria que se llamaba Isca Augusta en la Britania Romana que hoy es el Reino Unido), que conserva uno de estos anfiteatros legionarios. Junto a estos dos campamentos destacan otros ejemplos en el mundo romano como Vindonissa (Windisch, Suiza), uno de los yacimientos mejor estudiados y base de la Legio XI Claudia; Carnuntum (Bad Deutsch-Altenburg, Austria), cuyo anfiteatro militar en la capital de Panonia Superior podía albergar a unas 8.000 personas; y Burnum (Ivoševci, Croacia), estrechamente ligado a un campamento militar de este tipo de unidad de élite romana.

Así habría sido el anfiteatro castrense de Caerleon (Gales) y abajo los restos arqueológicos como se ven en la actualidad.

Coincidencias de todas ellas: que sus edificios de espectáculos de gladiadores suelen estar extramuros justo en una esquina del campamento, que el de León podría haber llegado a ocho mil espectadores como el de Carnuntum, y que son una tipología bien rara (por ahora) mientras no se encuentren más. Pero el de León es el más especial de estos cinco por una sencilla razón: no se supo de él hasta los años ochenta del siglo pasado... porque está bajo las casas mientras que en los otros cuatro campamentos se pueden ver sus cimientos a simple vista.

Los estudios técnicos de Patrimonio sitúan la construcción inicial del anfiteatro en los primeros años del siglo I, durante la presencia en León de la Legio VI Victrix, que estuvo presente en el campamento que creó en la segunda década antes de Cristo hasta el año 68. Esta datación se apoya en los hallazgos arqueológicos obtenidos en distintas excavaciones, especialmente las realizadas en la calle Cascalería, paralela a La Rúa y al actual trazado del Camino de Santiago a su paso por la capital leonesa.

Posición en León capital de los restos del anfiteatro de la Legio VII Gemina.

Sin embargo, los especialistas consideran que aquel primer recinto pronto resultó insuficiente para las necesidades de la ciudad. Por ello, el anfiteatro, de característica planta elíptica, fue objeto de sucesivas ampliaciones y refuerzos estructurales. Entre estas actuaciones destaca la construcción de un contrafuerte y el fortalecimiento de los muros, obras que se atribuyen a una fase posterior vinculada a la presencia de la Legio VII Gemina y que, como muy tarde, habrían sido ejecutadas a comienzos del siglo II, ya que volvió a ocupar el campamento de su legión madrina en el 74 después de Cristo.

Descubierto en 1994

Los primeros indicios oficiales de la existencia anfiteatro romano de León se remontan a 1994, cuando durante unas obras en el número 3 de la calle Cascalería (una de las tres criptas que hay en la calle, pero que no se puede visitar al ser de un edificio privado) se descubrió de forma fortuita un muro monumental de sillería con trazado curvo que obligó a paralizar la construcción y que pronto se interpretó como parte de un anfiteatro. Sin embargo, la leyenda dice que se encontró antes, en los años 80. Un domingo se escuchó un estruendo tremendo, una enorme explosión que causó la alarma de los vecinos, porque (dice el ácido mentidero leonés) un constructor se encontró unos restos poderosísimos, cuya demolición para poder construir un garaje en esa calle era prácticamente imposible por parte de los obreros con picos debido a la dureza extrema del hormigón romano, y –como tampoco podía pagar las horas de hacerlo con martillos neumáticos–, se cuenta subrepticiamente que voló los restos con dinamita. En una era de plena psicosis por la violencia terrorista de ETA, se dice en el mentidero leonés que nadie del Ayuntamiento gobernado entonces por Juan Morano —ni el incipiente servicio arqueológico de Patrimonio de la Junta– le denunció... y lo que se hizo fue tapar el escándalo. No se recuerda si hubo siquiera sanción por lo ocurrido.

Imagen de la excavación a finales de los años 90 del anfiteatro legionario de León (Castra Legio) en el solar de la cripta de la calle Cascalería 7.

Años más tarde, en el solar contiguo, en el número 7, en una obra ya controlada por los arqueólogos de la administración aparecieron nuevos restos que prolongaban este muro hasta unos 50 metros y sacaron a la luz una galería abovedada de unos dos metros de anchura, construida con muros de sillería y bóveda de opus caementicium, identificada como un corredor de servicio o criptopórtico en torno a la arena, hoy visitable.

Posteriormente, en 2005, excavaciones en solares cercanos permitieron documentar un potente anillo exterior que cerraba el edificio por el oeste, con hormigón, un aparejo de sillería regular y relleno de opus caementicium. Gracias a estos hallazgos, se estima que el anfiteatro mediría aproximadamente 90 por 70 metros, con una arena de unos 60 por 40, y que su eje mayor estaría alineado con lo que hoy es la calle Cascalerías. Se puede conocer más sobre el descubrimiento en este artículo académico.

¿Cómo se construyó el anfiteatro legionario de Castra Legio?

El anfiteatro legionario de la actual León se construyó sobre una pendiente que miraba al actual río Bernesga por un lado – el que se puede ver en la cripta del número 7 con la galería de servicio– y con edificación por el otro que tuvo que ser reforzada posteriormente –cuyos restos se pueden ver en la de enfrente, en los números 2, 4 y 6– porque el terreno (León está situado en una zona pantanosa) era tan insestable que se movía y provocaba grietas en la estructura. De hecho, el cubo cuadrado sureste de la muralla tardorromana de la calle Conde Rebolledo se conoció a lo largo del tiempo como 'la Torre Derruida' porque se caía reiteradamente, la última vez en 2017.

Así quedó el criptopórtico de servicio del Anfiteatro Romano de León en la cipta de la calle Cascalerías 7. El hormigón era tan duro que sólo el paso de los siglos hizo que se cayera el arco de medio punto, que quedó en el suelo frente al muro del pasillo por el que entraban algunos reos o animales, algo parecido a la suelta del toro en la plaza actualmente.

La tercera cripta, no visitable, del número 3 de la calle es bastante probable que esté inundada o llena de barro debido al estar cerrada y posiblemente haberse estropeado la bomba de achique que necesitan tener en funcionamiento los 'sótanos arqueologicos' de León debido a que el terreno cenagoso de la zona (León está entre dos ríos, el Bernesga y el Torío y rodeado de presas o canales de riego) satura la capa freática y si dejan de funcionar, las criptas romanas se inundan. Más de una vez ha pasado en la de las termas y la Porta Principalis Sinistra en la Catedral.

Imagen de los muros del anfiteatro de la Legio VII Gemina en la cripta de los números 2, 4 y 6 de la calle Cascalería en León capital, frente al otro sótano arqueológico con los restos del criptopórtico de servicio.

Se da la circunstancia de que aunque no se conocía su existencia, la propia calle Cascalería sería el resto fosilizado urbano del eje de las dos puertas principales de entrada a la arena, como la Calle Ancha lo es de la Via Principalis del campamento romano. Así, esta calle sería eje mayor, cuyos extremos eran la Porta Triumphalis (la entrada por Conde Rebolledo) y la Porta Libitinensis (la salida hacia la plaza de Don Gutierre), cada una con funciones simbólicas y funciones prácticas: la primera constituía la entrada monumental por la que accedían los cortejos inaugurales y los gladiadores antes de los combates; mientras que la segunda, dedicada a la diosa funeraria romana Libitina, servía como salida para retirar los cuerpos de los combatientes y animales muertos. Además, en el eje menor existían accesos secundarios que conectaríam con el hipogeo (de haberlo habido) y las áreas de servicio, utilizadas para la logística interna del espectáculo.

Con todo esto se puede saber que se edificó por fases, como comenta el arqueólogo afincado en León Fernando Muñoz Villarejo. “El piso inferior, a pie de calle, donde estarían las puertas, sería la parte construida con hormigón y sillares, la que tuvo que reforzarse en la parte que mira hacia la actual calle La Rúa; mientras que los superiores serían de estructura de madera, con lo que no sabemos si tenía dos, tres o cuatro pisos en realidad; aunque la base pétrea podría haber sujetado los cuatro”.

¿Para qué se edificaban los anfiteatros romanos?

El anfiteatro romano fue uno de los edificios más representativos de la arquitectura pública de la antigua Roma, concebido para acoger espectáculos con gran afluencia de público. Su planta ovalada o elíptica facilitaba la visibilidad desde todos los puntos (los teatros romanos eran tan sólo media esfera) de la arena, que se situaba en el centro, rodeada por la cavea [el graderío en latín], organizada de acuerdo con la jerarquía social de los espectadores. La parte central era el espacio donde tenían lugar el espectáculo como en las plazas de toros y estadios actuales que copian exactamente la arquitectura romana para las entradas por cada zona de grada, que aún se siguen llamando vomitorios porque permiten la salida del público en un tiempo mínimo y sin aglomeraciones.

Recreación del anfiteatro romano de León junto al muro del campamento en un día de luchas.

Entre los espectáculos más habituales estaban los juegos [que se denominaban ludi en latín] se encontraban los combates de gladiadores [munera], las cacerías de animales exóticos [venationes] y las ejecuciones públicas. A diferencia de otros edificios de ocio romanos, como el circo —destinado principalmente a las carreras de carros— o el teatro —de planta semicircular y orientado a representaciones dramáticas—, el anfiteatro estaba específicamente diseñado para este tipo de espectáculos. Sin embargo, como en Castra Legionis no se ha encontrado ninguna de estas otras edificaciones de ocio y cultura romanas, es de suponer que, de haber teatro, se representaría allí y de haber carreras de bigas y cuádrigas (el circo propiamente dicho) serían en la campa de entrenamiento de maniobra situada, probablemente (o así se conjetura), donde estaría la actual Plaza Mayor de León extramuros por la parte sur.

Los anfiteatros estaban especializados en lucha de Gladiadores (la munera) y otros espectáculos llamados ludi por los romanos.

[DATO RIGUROSO PARA NO CONFUNDIRSE: el ejemplo más conocido de este tipo de edificios es el Coliseo (sólo se llama así al de Roma, por lo no tiene que ver con el nombre de un anfiteatro como se cree sino con la estatua monumental que Nerón colocó a su vera llamada colossus, que a su muerte el constructor de este gigantesco edificio, Vespasiano, le añadió una corona de rayos que simbolizaban al sol y le dio el nombre de colossus solis, en honor al dios Sol), que en realidad se llamaba Anfiteatro Flavio. No obstante, se conservan otros en ciudades como Augusta Emerita, Tarraco, Nîmes o Verona, que reflejan la relevancia de estas construcciones en la vida social y cultural del mundo romano. En Hispania se han localizado quince, pero en Asturica Augusta (la actual Astorga) no se ha encontrado ni este edificio ni teatro ni circo]

En el anfiteatro más conocido de todos, el Coliseo de Roma tenía bajo la arena lo que se llamaba el hipogeo. Ésta era una red de galerías y estancias destinada a la preparación de los espectáculos, donde se alojaban gladiadores, animales y elementos escenográficos antes de su aparición. Es improbable que lo tuviera el legionense, que tenía unos cimientos y una estructura en el primer piso de hormigón y piedra, pero la estructura de la cavea superior era de madera. Muchos anfiteatros disponían además de un velarium, un elaborado sistema de toldos con poleas que protegía al público de las inclemencias del tiempo y el sol, y se cree que el de Castra Legio también lo tuvo porque era un complemento generalizado para este tipo de edificios para la comodidad de los espectadores, pero como los pisos superiores fueron de madera, no se puede saber a ciencia cierta.

¿Y cuántos espectadores tuvo el anfiteatro legionario del antiguo León Romano?

Esta es la gran pregunta. En noviembre de 2024 se concedió una licencia de construcción de un nuevo edificio en la calle de La Rúa, en el que se encontró uno de los extremos del anfiteatro romano, lo que permitió agrandar sus dimensiones iniciales a un óvalo de unos 80 metros de largo por 50 de ancho como comenta más profusamente el divulgador Alfonso Sánchez Pozo en su web Astures.es donde se ven fotos antiguas de la excavación de la cripta de Cascalerías 7.

Los arqueólogos leoneses calcularon en su momento que estas dimensiones podrían dar una capacidad máxima teórica de ocho mil espectadores –la cifra más conocida y expuesta hasta ahora– calculando las posibilidades de los pisos de madera que podría llegar a sostener la estructura, viendo los grosores de los muros conservados y los materiales de construcción pétrea y de opus caementicium utilizados para sus cimientos y planta baja.

Sin embargo, parecía una cantidad excesivamente grande para un campamento de Legión, porque pese a la cantidad de gente que vivía en la cannaba (las edificaciones en modo barrio cercanas al campamento) más el vicus de Ad Legionem (en el actual Puente Castro y del que ProMonumenta está reclamando que se recuperen los restos y revaloricen museísticamente), hay que tener en cuenta que no estaba toda la legión (entre cinco y seis mil hombres en esa época) acantonada dentro del campamento.

El anfiteatro legionense recreado en la maqueta del Centro de Interpretación del León Romano respecto al campamento militar de la Legio VII Gemina con la muralla Alto Imperial del siglo I al III después de Cristo.

Los arqueólogos afirman que lo más seguro es que no. Porque en Tarraco, la capital de la provincia de la Hispania Citerior de la que era gobernador Servio Sulpicio Galba se sabe que había al menos una cohorte de la Legio VI Victrix de la que también era legado (lo que vendría a ser su general a día de hoy); y cuando aquella se fue y se volvió a acantonar a la Legio VII Gemina en Castra Legio para evitar que siguiera siendo una legión golpista –en la actualidad entre los expertos corre el chiste actual de que les dieron 'un funcionariado en obras públicas'–, también sabemos que había que había gente de esta unidad.

El campamento estaría diseñado para albegar a toda la unidad de seis mil legionarios, pero prácticamente nunca estaría lleno. Porque, además, las legiones no estaban nunca completas por las bajas que se producían tanto por muertes como por jubilaciones (los milites recibían la Honesta Missio tras 25 años de servicio, la licencia con honores y un trozo de tierra, preferentemente en Augusta Emérita o Asturica Augusta, las Mérida y Astorga actuales) o expulsiones con deshonra. La vida misma de una unidad militar indica que no habría seis mil soldados viviendo a la vez en el recinto castrense. Además de tener a la tropa de maniobras y o construyendo edificaciones, puentes, controlando la creación de vías romanas “pues el campamento igual tendría de diario pues la mitad o menos”, apuntan los arqueólogos.

Esto indica que igual la cifra de los ocho mil espectadores es exagerada. La estructura de piedra podía aguantar perfectamente cuatro pisos de madera, pero una cosa es que fuera el máximo y otra que se llegaran a construir todas. Transportando los problemas que podría haber dado construir el anfiteatro con toda la potencia que permitiría la base pétrea –y más teniendo en cuenta las fallas del terreno que obligaron a reforzar la estructura cuesta abajo hacia el Bernesga– es de suponer que no. Los proyectistas técnicos y arquitectos de hoy pueden calcular la estructura de un puente o un edificio para que aguante mil toneladas, pero en las pruebas no suelen a meter esas toneladas hipotéticas máximas y un kilo a ver si aguanta. No sería serio jugarse la integridad de la obra una vez terminada. No, tanto los de hoy como los eficacísimos y míticos ingenieros romanos calculaban unas tolerancias máximas de uso de un 75% de lo que podrían aguantar. Y en general esas estructuras suelen soportar muchísimo menos día a día, debido al tránsito de vehículos y de gentío.

Infografía del Anfiteatro Legionario de Castra Legio (León) realizada mediante una decena de iteracciones con una IA generativa y retoque fotográfico

Entonces, con esos márgenes de seguridad, es bastante probable que en vez de cuatro pisos de gradas tuviera dos al principio y luego tres. Es decir, que podría rondar una cantidad más de sentido común de entre cuatro y seis mil espectadores, teniendo en cuenta que no habría ocho mil personas entre soldados y población civil cerca del campamento. Una cosa es lo que se pudiera hacer y otra es lo que se termina ejecutando.

Otra cosa de las que un periodista curiosón se preocupa es de preguntar por qué sólo hay este anfiteatro legionario en toda Hispania, si hay al menos otros 14 civiles localizados, teniendo en cuenta que los espectáculos de gladiadores eran como el baloncesto de hoy en día (el fútbol sería, en un presentismo didáctico explicativo de la afición de la época romana, las carreras de cuádrigas del Circo), y que sería un perfecto complemento para entretener a los legionarios acantonados en Hispania.

Los expertos lo tienen muy, muy claro. La mayoría de campamentos legionarios (Asturica Augusta fue creada tras el de la Legio X Hispana, por ejemplo, y la ciudad no lo tiene) es que como las unidades legionarias no estaban mucho tiempo acantonadas en un lugar preciso, pues no les daba tiempo a crearlo, al menos de forma estable. La mayoría de las legiones están muy poco tiempo, “ son campamentos que duran mucho menos que este, que llega a estar unos trescientos años en activo cubriendo la Hispania peninsular y la Hispania Tingitana, en la zona de la actual Tánger y el Rif, en el norte del actual Marruecos.

Lo que permite que en León haya un anfiteatro legionario es que está mucho tiempo, que es el campamento estable en Hispania. Y que como lo más probable es que no se construyera toda la estructura que los cálculos permitirían, se quedaría entre cuatro y seis mil espectadores. Justo, justo para convocar a toda una legión de disfrutones de los juegos gladiatorios.

Pero eso es otra historia.

TRANSPARENCIA - NOTA POR EL USO DE IA PARA COMPONER UN 5% DEL ARTÍCULO: para redactar este reportaje se han utilizado varias inteligencias artificiales como asistentes al periodista. Para los resúmenes de lo que es la definición de las estructuras de las partes de un anfiteatro se ha usado Perplexity AI. Para resumir las descripciones de los usos de un edificio cultural de estas características una mezcla entre los datos aportados por Google AI Mode en una lista y una redacción en un sólo párrafo de Chat GPT. Todos los resultados han sido revisados y por el redactor, imponiéndole un estilo propio a lo resumido. El texto es, en más de un 90% original del periodista, que sólo ha usado la inteligencia artificial, comprobando su veracidad en todo momento, para los trabajos más tediosos que hubieran supuesto ir a la biblioteca o copiar de otras webs como Wikipedia para componer los párrafos descriptivos (y los ha retocado para afinarlos con rigor). En la foto de la de apertura (la maqueta de Luis García), se ha eliminado la cartelería del recibidor del Ayuntamiento de San Marcelo y se ha mejorado por estar desenfocada con la extensión de Nano Banana de Google Gemini AI, la misma herramienta usada para la infografía del plano del anfiteatro legionario: el esfuerzo y resultado obtenidos con esta IA de imagen generativa se comentan en el despiece de aquí abajo.

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