El derribo de la fuente brutalista de Pinilla en León: adiós al hormigón para sustituirlo por más acero corten

El Ayuntamiento de León se lleva por delante estos días una de las pocas fuentes de estilo brutalista que tiene la ciudad de León, una escuela arquitectónica que destaca en todo el mundo y del que la capital leonesa tiene muy pocos ejemplares, como ya explicó ILEÓN en este reportaje.

La fuente preside la glorieta, la de Carlos Pinilla, doblemente polémica y con una curiosidad inesperada. La primera polémica es la propia elección de la fuente que se está derribando, tras la creación de la misma glorieta y la instalación de un vagón de ferrocarril para honrar al barrio ferroviario que no gustó y los vecinos llenaban de basura; para que en 2004 el Ayuntamiento construyera esta instalación acuática tras una consulta al barrio... que tampoco terminó precisamente aceptada por una población que no es admiradora del estilo brutalista. La segunda polémica es el nombre de la propia glorieta, dedicada a un gobernador civil franquista (Carlos Pinilla) del que se dice sustrajo los terrenos a una familia para construir el barrio que sigue llevando su nombre, pese a incumplir la Ley de Memoria Democrática.

La curiosidad inesperada es que la fuente que se derriba está en una glorieta que va a dar a la calle de Laureano Díez Canseco, un potentado del siglo XX cuyo familiar Miguel Díez-Canseco tuvo una finca en Armunia llamada La Fontana, donde se descubrió hace unos meses otra fuente de extraña factura que sí va a recuperar el Ayuntamiento de León en este caso.

Derribo para colocar una estructura de acero cortén

La glorieta Carlos Pinilla, un punto neurálgico que articula el tráfico de seis vías principales en el oeste de la capital leonesa será transformada por tercera vez en este cuarto de siglo. Con la llegada de las piquetas, la ciudad se despide de una estructura ornamental de 1.800 metros cuadrados de hormigón armado que, durante 21 años, representó una apuesta por una estética industrial y rotunda, muy vinculada a la arquitectura brutalista por su uso del material de hormigón en basto y su organización en potentes planchadas de cinco niveles.

Inaugurada en 2004, esta fuente no era una instalación convencional. Se trataba de un complejo sistema de cinco niveles con juegos de agua y luces, diseñado para albergar medio millón de litros de agua. Su funcionamiento dependía de 135 chorros –con un surtidor central que alcanzaba los siete metros de altura– e iluminación mediante 249 focos. A pesar de ser un ejemplo de una arquitectura de hormigón poco frecuente en el catálogo urbano de León, su mantenimiento y diseño generaron debate desde el primer día.

El Ayuntamiento ha justificado su retirada no solo por las críticas vecinales acumuladas, sino por su elevado impacto económico. La factura eléctrica de la fuente rondaba los 1.500 euros mensuales, a lo que se sumaban problemas prácticos como el ruido constante del agua, las molestias por salpicaduras en días de viento y una escasa visibilidad que llegó a provocar que algún vehículo terminara dentro del recinto.

Dada la complejidad de la estructura, los trabajos se han dividido en fases para minimizar el impacto en los veinte mil vehículos que circulan diariamente por la zona. Antes de proceder a la demolición masiva del bloque de hormigón, se realizó un desmontaje selectivo de elementos reutilizables como motores, bombas, luminarias, cuadros eléctricos y válvulas, con el fin de que tengan una segunda vida en otras fuentes de la ciudad.

Una nueva imagen de 'hierros' con vegetación

El futuro de la glorieta contempla un nuevo ajardinamiento y la instalación de una escultura de acero corten, obra del artista Conrado Zurdo Álvarez, cuyo diseño no se ha hecho público. La pieza, de 7,5 metros de altura, representará dos árboles que se abrazan, buscando una integración más orgánica y sostenible con el entorno.

La obra es creación del artista leonés Conrado Zurdo Álvarez. Su propuesta consiste en una serie de piezas de acero, uno de los elementos favoritos de la escultura contemporánea, corten laminado que simulan dos árboles que se abrazan o se cruzan. Este diseño busca representar un vínculo natural en medio del entorno urbano. Será de grandes dimensiones para asegurar su impacto visual en con 7,5 metros de altura y 5,5 metros de anchura.

La pieza no se colocará de forma aislada sobre el terreno; se asentará sobre una plataforma o estructura de sustentación diseñada específicamente para soportar el peso y las dimensiones del acero. Además, se instalará un sistema de iluminación dedicado para resaltar la obra y ponerla en valor durante la noche.

Para garantizar la integración paisajística la obra de Zurdo será el elemento central de un nuevo proyecto de ajardinamiento. Este espacio contará con redes de riego y drenaje, además de la plantación de arbustos y árboles reales que complementarán la temática del armazón de acero que sustituirá a la fuente escultórica brutalista.

Historia de la decoración de la glorieta de Pinilla: del odiado vagón ferroviario a la detestada fuente de hormigón

La historia de la decoración de la glorieta de Pinilla es un reflejo de los cambios en la planificación urbana de León y de la falta de consenso que caracteriza a los vecinos del barrio de Pinilla. A principios de siglo, tras la reordenación del tráfico que eliminó los antiguos islotes, la glorieta permaneció meses descuidada hasta que en mayo de 2003 se realizó el primer intento de ornamentación.

En primer lugar el Ayuntamiento de León, cuando era alcalde Mario Amilivia, colocó en el centro un vagón ferroviario. El gobierno municipal de la época decidió instalar un tramo de vía férrea y un antiguo vagón de mercancías sobre un lecho de balasto, buscando rendir homenaje a la herencia ferroviaria de los barrios de El Crucero y Pinilla. Sin embargo, la medida fue duramente criticada y el vagón terminó vandalizado con pintadas y con personas tirando basura dentro frecuentemente para forzar su retirada, como explicaba en su momento el Diario de León en una tribuna de opinión que se puede leer pinchando en el enlace anterior.

Tras las elecciones de 2003, con la llegada del socialista Francisco Fernández a la Alcaldía, se optó por retirar el vagón y levantar la gran estructura de hormigón. La ejecución, realizada por brigadas municipales, supuso un coste de 220.000 euros solo en materiales. Según los informes técnicos de entonces, si la obra se hubiera encargado a una empresa externa, el presupuesto habría ascendido a los 420.000 euros.

Ahora, dos décadas después, la demolición de esta fuente ornamental –presupuestada en 93.600 euros dentro de un plan total de 141.945 euros, al costar la nueva escultura de acero cortén 48.345 euros– cambiará de nueo por completo, la visión de uno de los lugares más transitados de la conurbación leonesa entre León y San Andrés del Rabanedo.

Queda por ver que consiga la aprobación de un difícil barrio y unos leoneses muy exigentes con las fuentes en la tierra del agua..