La Guerra Civil la perdimos todos aunque lo importante es participar

A ver, primero estaban los tartesios, que eran españoles. Luego llegaron los iberos y los celtas, que también eran españoles. Después nos colonizaron los pueblos indoeuropeos, españoles, y los griegos, fenicios y cartagineses y romanos, españoles todos. Nos invadieron los visigodos, españoles, y tras ellos, aparecieron los árabes, que NO SON ESPAÑOLES, y hubo que reconquistarlo todo: por eso nos sentimos especialmente orgullosos de la españolidad de Don Rodrigo y Don Pelayo que ya eran españoles de Vox...

Y, en esa misma línea, la Guerra Civil la perdimos todos pero, como bien nos enseñó Chicho Ibáñez Serrador mediante su televisivo concurso Un, dos, tres, responda otra vez, no importa ganar o perder pues lo importante es participar. Y participar, amigos y amigas del jurado (jefe, ponte otro vino Prieto Picudo que la vida son dos días y casi medio es en el baño, qué hiciste, abusadora, qué hiciste abusadora) parece ser la única forma de ganar en esta ensalada de equidistancias y revisionismos históricos que hace que nuestros abuelos se revuelvan en sus tumbas como en una peli de zombis de serie B de George A. Romero.

Todo se repite, dicen tanto la filosofía dialéctica de Hegel como las comidas de mi suegra con muchísimo ajo.

Todo vuelve, dice tanto la filosofía del eterno retorno de Nietzsche como las sección de modas de El Corte Inglés, y, ya digo, las pelis de zombis.

Así las cosas a estas alturas, ya parece claro: la Guerra Civil fue como un partido de fútbol donde se olvidaron de poner las porterías, los jugadores se pasaron más tiempo discutiendo sobre el himno que jugando, y, al final, los únicos que se llevaron las palmas fueron los comisarios de la propaganda, que siempre encuentran la forma de hacer un buen contenido para su canal de YouTube. De hecho esta semana a tal efecto el protagonismo ha caído en la acerada pugna entre los novelistas, ambos cojonudos pues da gusto leerlos, Arturo Pérez-Reverte y David Uclés. Un duelo digno de una novela de espías de John Le Carré donde el principal espía en cuestión es el sentido común, que, como el hidrógeno, está muy presente pero es casi imposible de ver. O más bien una novela costumbrista y tremendista, por no decir cutre, como aquella de Ángel Palomino titulada como debería titularse esta pelea de barro entre escritor hetero superventar y escritor superventas de herosexualidad distraída: Zamora y Gomorra.

Pérez-Reverte, con su pluma afilada y un aire de capitán de barco a la deriva de la historia oficial, se lanza en picado contra la marejada de opiniones, recordándonos que la historia no se reescribe, y que el pasado no es un libro de autoayuda donde cada uno puede subrayar lo que le conviene. Aquí es donde entran en juego los equidistantes, esos que, como los políticos en un debate, buscan una postura intermedia que acabe agradando a todos y nadie, como si fuesen a conseguir un aplauso en un funeral.

Así llegamos a la polémica entre estos dos titanes del verbo. Pérez-Reverte se erige como el paladín de la verdad histórica, mientras Uclés, aparentemente el defensor del pueblo, surca distancias en busca de un consenso sobre la Guerra Civil que, a este paso, viene a ser como si la historia fuese un cuadro abstracto donde el espectador tiene el privilegio de ver lo que le dé la gana, aunque sea una mancha de pintura a lo Jackson Pollock.

Y es que la verdad ya no está en los eventos literarios ni en libros (sean estos de historia, de filosofía o sean novelas) sino que está en las redes sociales.

Y, en las redes sociales, la gente al respecto de este tema se ha armado con sus teclados como si fueran espadas de doble filo, lanzando comentarios sobre la guerra civil que bien parecen más bien una declaración de guerra, del tipo. “Uclés: dícese de la capa de materia grasa que se acumula en el interior de una boina por efecto del roce con el cuero cabelludo. Ejemplos de su uso: 'esa gorra tiene uclés, métela en la lavadora', 'iba a comprarme una boina de segunda mano, pero tenía demasiado uclés'… o 'la equidistancia es una forma de cobardía'... o 'la valentía radica en escuchar a todos los implicados”…

Así las cosas, con este tira y afloja más digital que razonable, podemos concluir que la guerra no solo se perdió, sino que, además, cada bando se lleva una medalla de oro al mérito de la confusión. ¡Ah! Pero eso sí, mientras Chicho Ibáñez Serrador siga siendo nuestro maestro, no olvidemos que lo importante es participar. Aunque sea para perder, porque a veces, perder es la única forma de ganar un buen relato. “Existe una dignidad que solo conocen los vencidos”, dejó escrito Mario Benedetti.

En fin, déjense de polémicas y háganme el favor de leer Línea de fuego de Pérez-Reverte y La península de las casas vacías de Uclés, pues sus novelas son mejor que sus polémicas con mucho...

¡Campana y se acabó!