EN CASTELLANO
El habla del Porma
En la ribera del Porma, entre palabras transmitidas por generaciones, pervive el eco de la lengua leonesa. Este patrimonio lingüístico, herencia del antiguo Reino de León, lucha contra su desaparición en un contexto de desprotección institucional
“Ojalá pudieran interesar a personas que vivan en Asturias, en Murias, en el Bierzo, en Sayago, en el Occidente de las provincias de Salamanca, Cáceres y Badajoz, y ojalá su lectura les moviese a recoger de boca del pueblo voces y giros, especialmente las formas iguales o análogas a las catalogadas en estos apuntes”.
De esta manera se expresaba Ramón Menéndez Pidal en el inicio de su libro El dialecto leonés (1906). Esta obra de referencia para los estudiosos de la filología hispánica marcó un hito en la historia de los estudios dialectológicos al abordar, de manera exhaustiva y sistemática, las características lingüísticas de la lengua leonesa.
La importancia de esta obra radica no solo en su rigor académico, sino que también vislumbró un aspecto sociológico al dar una uniformidad a las distintas hablas que mantenían en buena parte de lo que fue el territorio del Reino de León. Muchas de estas variedades se entendían como fenómenos comarcales (cabreirés, sayagués, berciano…) y no se tenía constancia de la dimensión territorial real que abarcaba una lengua distinta al castellano –el asturleonés– que todavía, allá por principios del siglo XX, se hablaba en un territorio que incluía a Asturias, Cantabria, León, Zamora, Salamanca y Extremadura.
Así, retomando la cita del inicio, quiero centrarme en el habla de mi zona, la ribera del Porma. Lo hago por dos motivos, el primero porque mi relación con la cultura leonesa y lo leonés empezó allí, al abrigo de las gentes del pueblo y, sobre todo, de todas aquellas enseñanzas que me trasmitieron mis güelos. Y el segundo, es porque la lengua leonesa en los últimos años ha adquirido cierto protagonismo, con estudios, libros y artículos en prensa, pero casi siempre centrada en las variedades de las comarcas occidentales de León.
Cuando comencé a interesarme por el asturleonés, una de las impresiones más grandes fue descubrir la cantidad de palabras y expresiones que compartían mi zona con Asturias u otras partes de la provincia de León. Más sorprendente fue aún que términos que para mí eran familiares y cotidianos resultaban completamente desconocidos fuera de la provincia de León, más acusado cuando visitabas a amigos o familiares en lugares como Madrid. Aquellas experiencias me ayudan a coger conciencia y darme cuenta de que las formas de expresarnos que teníamos en el pueblo pertenecían a un dominio diferente.
Lo más curioso es que, según el estudio de Menéndez Pidal, el asturleonés ya no se hablaba como lengua propia en muchas comarcas leonesas, incluida la mía. Sin embargo, ahí estaban esos vestigios: palabras, giros y modos de hablar que persistían en el habla, como un eco vivo de la antigua lengua del Reino de León. Fue entonces cuando comprendí que la historia de una lengua no termina con su “desaparición oficial”, sino que deja huellas profundas en las formas de hablar y en los territorios donde se sintió. Un hecho que se puede comprobar perfectamente en la toponimia.
De esta manera, me gustaría compartir con vosotros dos enlaces, para quien esté interesado en esta cuestión, donde se puede comprobar la cantidad de léxico leonés que todavía sigue vivo en comarcas donde ya no quedan falantes patrimoniales del asturleonés. Muchas de estas palabras, a veces consideradas como vulgarismos debido a la progresiva castellanización del habla, poseen en realidad un incalculable valor cultural. En esta zona, donde únicamente se habla castellano con leonesismos, estas palabras perviven como testigos del idioma que antaño se habló en las tierras del antiguo Reino de León.
Por otra parte, hablando de esta lengua, cabe recordar que es un patrimonio que tenemos los leoneses compartimos con Asturias –donde más hablantes tiene–, Extremadura y la zona de Trás-os-Montes en Portugal. En estos lugares, por ejemplo, en el caso de Asturias está presente en el sistema educativo y, si nos vamos a Portugal, no solo es que se enseñe en la escuela, sino que es lengua oficial. Situaciones que contrastan radicalmente a cómo se afronta esta cuestión en la comunidad autónoma de Castilla y León, donde a pesar de tener un estatus de protección recogido en el Estatuto de Autonomía (artículo 5.2), el llionés sufre un abandono total por parte de las instituciones autonómicas. Siendo el Instituto Leonés de Cultura, organismo autónomo de la Diputación de León, la única institución que está trabajando por conservar el patrimonio lingüístico leonés.
De este modo, la nula protección y el menosprecio que ha sufrido y sufre esta lengua en el País Leonés por parte de las instituciones, tanto estatales como autonómicas, unido a un uso muy reducido tanto social como territorial, ha llevado a que la gente tienda a pensar que el empleo de este léxico sea sinónimo de ignorancia o de un mal uso del castellano, produciendo su utilización, en la mayoría de los hablantes, una extraña sensación de vergüenza inducida, sin duda, por un sistema educativo aculturizador donde la única lengua válida y de prestigio era/es el castellano.
Por finalizar, sería una pena que nuestro patrimonio lingüístico, único testimonio que nos queda de la lengua hablada en estas tierras, fuera cayendo en el olvido con las nuevas generaciones, pues todos estos vocablos poseen una incalculable riqueza cultural y forman parte de nuestra propia idiosincrasia. En consecuencia, cada vez que tenga oportunidad, no dejaré de poner en valor este elemento que forma parte de la cultura leonesa y nuestra identidad, aunque solo sea por todas aquellas personas que sufrieron discriminación por hablar como leoneses, lo que eran.