Demos un paseo por el callejero de León
Escritores y periodistas con columnas forjadas a base de oficio, como Javier Tomé y José Luis Gavilanes, han tratado el tema del callejero leonés. Se trata de un damero casi inabarcable ante tanto nombre. Dice la IA que el ayuntamiento de León tiene cerca de ochocientas vías urbanas, contando calles, avenidas y plazas.
Entre tantas aceras, filas de árboles, farolas, asfalto, moradores y forasteros se concentra la esencia de la ciudad, cuyos nombres vuelan desde la historia remota hasta el presente.
Vuelo raso, a veces, otras con la solemnidad y colorido que proporcionan los semáforos, la silueta de una hilera verde, fuentes históricas, mobiliario urbano y otros entretenimientos urbanos.
Memoria colectiva desde la Edad Media
Un callejero es el espejo de la memoria colectiva estirada en el tiempo, con el apoyo indiscutible de un discurso y una selección de nombres impulsados por el poder de cada momento de la historia. En él se combinan reconocimiento, azar, fama y casualidad. El callejero de León supone el encuentro de la ciudad con su historia, aunque las prisas, el despiste o la desgana permitan que pase desapercibido por su moradores y transeúntes. Resulta sano recurrir al análisis, buscar la verdadera motivación de los nombres, indagar qué hay detrás de la nomenclatura del callejero, valorar los cambios que aquel ha sufrido a tenor de los vaivenes sociales y políticos.
La vieja muralla retenía en su recinto nombres viejos (Azabachería, Matasiete, Platerías, Zapaterías, Arvejal, Serradores, Sal, Pozo, Paloma, Corral de Villapérez, Torres de Omaña). Luego se derribó parte de la muralla y se construyó el Ensanche, de la mano de arquitectos como Cárdenas, y se pusieron nombre de personajes históricos, reyes, nobles y santos, mayormente: Alfonso, Ordoño, Colón, Guzmán, marqueses de San Isidro, San Claudio, Santa Nonia, Santa Clara, San Agustín...
Las clases pudientes del nuevo ensanche abandonaron sus casonas solariegas y los chalets de rotundas fachadas que tenían su asiento en el Paseo de las Moreras (actual Ordoño II) o en la avenida Padre Isla, para trazar calles rectas y plazas circulares, en cuadrícula, con edificios de fachadas rectas, rematados en bohardillas con forma de rotonda y balcones a la calle. No se olvidaron del Teatro, del Casino, de la plaza de Toros, de avenidas con sombra y senderos rectos para pasear.
El siglo XX impuso sus valores
La Segunda República fijó carteles que hablaban de libertad y democracia, de un tiempo nuevo, de líderes obreros y mártires de izquierdas (Pablo Iglesias, Capitán Galán, García Hernández, 14 de abril, plaza de la Libertad), los mismos nombres que el alcalde Enrique González Luaces quitó de un plumazo en 1936, para poner en su pedestal a Sanjurjo, Mola, Yagüe, Calvo Sotelo, Generalísimo, 18 de julio y Legión Cóndor.
El callejero, con sus movimientos políticos y sus partidarios de rincones concretos de nuestro pasado, describe la oscilación pendular de la historia, dejando huella de quién ha mandado y en qué momento. La democracia tras el franquismo dio una vuelta de tuerca más y volvió a denominar por su viejo nombre a la calle Ancha o la calle Varillas, y adoptó otras de nuevo cuño: Miguel Castaño, Baldomero Lozano, Gran Vía de San Marcos…
No se paró aquí el proceso, pues la Ley de Memoria Histórica de 2007 del Gobierno de Zapatero buscó hacer una justicia reparadora y sanearse con valores cívicos reconocidos por todos. ¿Por todos? Por todos, no.
Quitar y poner
Una cosa parece evidente: resulta traumático tanto quitar como poner, a lo que habría que añadir desobediencia política de muchos alcaldes que miran antes el color político que la solución global. Y genera –dicen comerciantes y negocios– mucha confusión, porque se quitan de golpe un número considerable de ellos. Pero la ciudad, cualquier ciudad, es un ser vivo que crece, cambia, se repara y olvida.
Los nuevos valores del feminismo han denunciado con meridiana claridad que ni una de cada diez calles tiene nombre de mujer. Y las pocas que han tenido la suerte de ser homenajeadas pertenecen a las familias reales, círculos religiosos y de santidad o mundo literario. Así podemos dirigirnos a Virgen Blanca, Santa Ana, Santa Nonia, Ana Mogas, Doña Urraca, Dama de Arintero, Pardo Bazán, Rosalía de Castro, Pícara Justina, Josefina Aldecoa. Entre todas no llegan a medio centenar.
Decía el cronista Victoriano Crémer que la mujer leonesa supo hacer política callada cuando el hecho se consideraba “cosa de hombres”. Seguramente hoy no se tiene en pie esa sentencia, aunque el escritor local dijera que aquí no se hacía nada sin la debida sanción de una mujer (?).
Las pedanías también cuentan
Incluyendo las pedanías aledañas de Armunia, Trobajo y Oteruelo, el callejero de León ofrece un listado enorme de nombres propios que han merecido el honor de la posteridad. Con una hojeada –con y sin hache– por encima, hemos contado tres alcaldes, seis Alfonsos, tres arquitectos, seis cardenales, ocho condes, cuatro doctores, ocho generales, diecisiete Juanes, diez maestros, cinco marqueses, ocho obispos, dieciséis clérigos, dieciocho cumbres o peñas, seis puertas de acceso, once ríos, cuarenta santos, once santas.
La última reasignación ha tenido lugar en junio de 2026. El pleno municipal ha movido en Armunia la placa de siete personajes que entran dentro del perímetro marcada por ley de Memoria Democrática. Se ha quitado a Calvo Sotelo y se ha puesto calle Mayor. Al general Mola por Curiel, al general Aranda por Aurora, al general Sanjurjo por Petrona, al general Yagüe por Ferrer, al general Millán Astray por Filandones y a José Antonio Primo de Rivera por Independencia.
Teniendo en cuenta los precedentes, ha sido una buena tacada. Antes de esta remodelación, sólo se habían cambiado cinco de los veinticinco nombres propuestos por un grupo de expertos. Y aún queda dinamita en el polvorín que, de momento, no se toca por si detona con tanto ajetreo: José Aguado, Teniente Andrés González, Mariano Domínguez Berrueta, Obispo Almarcha, Las Campanillas, Alcázar de Toledo, Fernández Ladreda, Obispo Álvarez Miranda, Joaquín López Robles, Fernando González Regueral, Carlos Pinilla.
Repasaremos los personajes históricos
Hay un repertorio sobrado para ir dedicando una pequeña biografía o relato a los que vayamos eligiendo, sin dejar de prometer variedad, equilibrio y temporalidad en la elección.
En ello nos empeñaremos de aquí en adelante, si el lector lo ve conveniente.
Lo titularemos 'Personajes históricos del callejero leonés'.
Comenzamos...