GUERRA CIVIL
Memoria Histórica

Periodista Lamparilla, la calle que León mantiene al propagandista franquista que causó la suspensión de Genarín

Calle Periodista Lamparilla, en Armunia.

Jesús María López de Uribe

Fue el que escribió, editó y publicó el boletín que dio parte del Alzamiento en León en 1936 y el que con sus escritos provocó la total prohibición de la fiesta de Genarín en 1958, y ha pasado, como quien dice, por debajo del radar de la Memoria Histórica. Y lo hizo pese a apoyar propagandísticamente el 25 de julio de 1936 la sublevación armada en León con la publicación del citado Diario de la ciudad de León. Órgano circunstancial de la ciudadanía leonesa.

Un periodista afecto al régimen franquista que se puso al mando de los militares que se alzaron contra la Segunda República para dar el parte de cómo vencía su sublevación, mantiene su calle en el municipio de León. Pero con truco: no está ni siquiera a su nombre, sino que se refiere a cómo se le conocía en la ciudad por su oficio.

Es la calle del Periodista Lamparilla, en Armunia (entre los colegios de San Juan Bosco y el público Padre Manjón, que está en la misma), que ni siquiera está citada en el informe del área del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de León para determinar las calles franquistas que deberían ser retiradas por la Ley de Memoria Histórica. Una anomalía que se suma a que el Ayuntamiento de León, que va para cinco años de gobierno municipal socialista, no ha eliminado más que dos de la treintena de calles listadas como ilegales en León capital, según esta legislación de Memoria Democrática.

Un famoso periodista satírico que terminó apoyando al franquismo

Carmelo Hernández Moros nació en Bilbao en 1896, hijo de Juan Antonio Hernández, empleado del depósito de máquinas de la Compañía del Norte, conocido periodista que murió solo y olvidado en León en 1974. En su juventud era muy socarrón y dado a la diversión, lo que le llevó a realizar publicaciones satíricas sobre los próceres leoneses, pero su conservadurismo le llevó a apoyar a los cuarenta años ya sin reservas la sublevación militar y posteriormente convertirse en uno de los altavoces más usados por el franquismo en la capital leonesa. También se dice de él que era conocido con el alias el divino sordo

Lamparilla, autodidacta y de gran talento periodístico para la época, entró en 1918 en el Diario de León como colaborador, pasando después a La Mañana, el periódico conservador independiente que fundó José Pinto. En 1929 creó junto a Ángel Suárez Ema y otros la famosa Guía Cómica de León, en la que no dejaba títere sin cabeza y son famosas sus fotos carnavalescas relatando la leyenda de la Calle Matasiete. Tal era la coña que se titulaba íntegramente de esta manera: “Guía cómica de León. Paella turística leonesa, con tropezones geográficos, históricos, artísticos, arqueológicos, agro-pecuarios y del Sindicato Libre de la Aguja. Escrita en prosa, al parecer, con algún que otro renglón que parece verso por Bujía y Lamparilla (and Company Limited). Tiene incisos de otros autores no menos ilustres”.

“El año de 1929 fue crucial para la cultura leonesa, no sólo por la fundación de la Muy Fervorosa y Herética Cofradía de Nuestro Padre Genarín, sino también por la edición del mejor retrato literario que sobre el verdadero ser de las gentes de esta Ciudad se haya escrito y que está pidiendo a gritos su reedición: la 'Guía Cómica de León', escrita por los inefables Ángel Suárez Ema (Bujía) y Carmelo Hernández Moros (Lamparilla), éste último por entonces joven periodista de talante bastante más liberal y corrosivo que treinta años después, cuando con su sacrílega negación de Genarín, publicada en el Diario de León, favoreció la prohibición del Santo Entierro y la era de las persecuciones hacia los discípulos del mártir pellejero”, explica en su propia web la Cofradía del Santo Padre Genarín.

Carmelo Hernández Moros se puso claramente de parte del bando sublevado. Sin restricciones y activamente. Preparó y escribió un boletín que se publicó y repartió el día 25 de julio de 1936, cinco días después de que se alzaran los militares en León el 20 de julio y tras una semana sin periódicos en León –con la excepción de La Mañana que sí consiguió salir el 19 de julio, aunque no volvería hasta el 29, dos días después que el Diario de León y el del alcalde Miguel Castaño, La Democracia cerrara para siempre–, de dos cuartillas de cuatro páginas (ocho en total) se titularía 'Diario de la ciudad de León. Órgano circunstancial de la ciudadanía leonesa'.

A partir de ahí se vería cómo los militares y la Junta Nacional de Defensa de Franco contaría lo que ocurriría durante casi cuarenta años con una versión muy limitada, falaz y terriblemente partidista de la Historia, como demuestra el cruel ejemplo de escrito por Lamparilla. En la última página de esas ocho cuartillas la noticia destacada se titulaba 'Los rebeldes piden armas a Francia'. Esos rebeldes no eran los militares, los que de verdad se habían sublevado, sino el Gobierno Constitucional de la Segunda República. Y con esa mentira, con la evidente colaboración de Carmelo Hernández Moros –y quién sabe si su ocurrencia–, así se les mencionaría oficialmente, con evidente crueldad, hasta más de cuarenta años después.

Su vena conservadora fue determinante para apoyar el Golpe participando activamente en la propaganda sublevada con la publicación de ese Boletín Militar del 25 de julio de 1936 en León. Lo que le valió un puesto de por vida en el periódico Proa, creado por Falange con las máquinas del desaparecido La Democracia.

“De profundas convicciones católicas, Lamparilla escribía reportajes, crónicas de los frentes locales, artículos y jácaras festivas. Permaneció muchos años en Proa y mantuvo las secciones 'Aires del Bernesga', 'Perfil de los días' y 'Ripios al viento', escribe Carmelo de Lucas del Ser en un artículo académico titulado 'Proa. Diario de Falange Española de las JONS: La batalla propagandística de las dos Españas en la retaguardia franquista'.

El ataque periodístico a Genarín

Veinte años más tarde, Lamparilla fue también el encargado de fulminar, durante otros veinte años más (hasta 1978), la procesión de Genarín. Habiendo pasado de su juventud socarrona, dicharachera y bromista de la Guía Cómica a una vejez en la cincuentena dura, agria y represora.

En este reportaje de ILEÓN sobre el verdadero Genaro Blanco, se explica cómo “en la Semana Santa de 1957, como desde la del 30 ininterrumpidamente, los cuatro apóstoles encabezaban el entierro celebrado con enorme discreción para no herir la sensibilidad de papones y la sociedad leonesa 'de bien'. Pero aquel año unas fuentes dicen que acudieron tres mil personas, otras, siete mil; el caso es que el entierro se desmadró más de la cuenta”.

Lo cuenta Carlos J. Domínguez. Tuvieron la desgracia de que llegara a los oídos –o los ojos, quizá del célebre Lamparilla (Carmelo Hernández Moro), el más renombrado e influyente periodista leonés del siglo XX desde que fuera el primero en contar en un diario improvisado el 25 de julio, día de Santiago patrón de España, “la gloriosa victoria” del golpe de estado en la capital, uniendo así para siempre su perfil al de la represión franquista y al bando nacional imperante durante 40 años.

Lamparilla escribió el artículo titulado 'Entre curdas y 'gamberros', censurando la “vergonzante y vergonzosa manifestación de izquierdismo” que “pretende levantar cabeza, imitando aquellas 'valerosas hazañas' de ciertos republicanos de ensuciar de tiza y mala ortografía las paredes o colocar un letrerote zafio en una estatua respetable”, refiriéndose a su “mal gusto, chabacanería y alcoholismo, ordinariez y exceso de copeo”. “Porque se pueda llamar humor recordar la muerte de un pobre hombre atropellado por un camión 'soplando' vino y orujo en el lugar del atropello. De humor tiene poco. Ni aún macabeo. Y si se adoba con versos está peor”, escribió indignadísimo.

“Eso no es 'humor'”, continuaba el artículo. “Ni es reverencia a la memoria de un muerto. A no ser entre ciertas tribus salvajes de taparrabo de plumas y anillo en la nariz que bebían licores raros ante los muertos. Pero Puerta Castillo no es África central”, comparando el “espectáculo entre tabernario y primitivo” con el cuadro de Los borrachos de Velázquez.

El artículo a modo censura de Lamparilla fue como un tiro en la nuca de la fiesta loca que ya era El Entierro de Genarín. Y en base a la crítica del periodista, y dado su éxito, Pérez Herrero fue llamado a capítulo personalmente por el gobernador civil, quien conminó a los impulsores a no volver a celebrar jamás este desfile de granujas.

“La procesión genariana fue sumando fieles desde los años 30 hasta llegar a ser prohibida en 1958. Hasta la llegada de la democracia en 1978 no volvió a celebrarse. Su prohibición fue instigada por un periodista 'nacional' llamado Carmelo Hernández Moro 'Lamparilla', que en un encendido escrito provocó que el gobernador civil franquista de la época prohibiera su celebración pública. Sólo uno de los 'cuatro evangelistas, Francisco Pérez Herrero, el mecánico dental poeta, volvió a homenajear a Genarín en la calle con versos burlescos, cuyo certamen lleva hoy su nombre”, explican desde la Cofradía del Santo Padre Genarín.

Que sólo en 1978, veinte años después, fue capaz de volver a salir. Con esta esquela que ha compartido la propia Cofradía genariniana esta semana en sus redes sociales. Ya cuando estaba jubilado, olvidado, y muerto, aquel periodista que pasó de la luz de la sátira y la risa, a la oscuridad y mezquindad de la represión franquista.

Y que incluso a día de hoy se le homenajea, ilegalmente, con una calle en su honor que, increíblemente, y posiblemente por el absoluto desconocimiento de su participación con los militares en su sublevación, se le concedió en noviembre de 1989; aunque en 2001 el Ayuntamiento de Mario Amilivia –el alcalde del PP que ya había retirado una decena de calles franquistas sin problema alguno entre los ciudadanos–, renombró gran parte de ella como Máximo Gómez Barthe, dejando “sin salida” la vía del Periodista Lamparilla. Quizás a sabiendas de que algo no cuadraba con su figura.

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