Madreñas en 3D, antruejos tecnológicos y una Vieja del Monte que habla: así se reinventa la tradición leonesa
¿Puede una impresora 3D ayudar a conservar la indumentaria tradicional leonesa? ¿Y la electrónica conseguir que la Vieja del Monte cuente su propia historia? ¿Puede una máscara inspirada en los antruejos servir para hablar de los incendios o la despoblación del medio rural? Tres creadores han buscado respuestas mezclando dos mundos aparentemente enfrentados, la tradición y las nuevas tecnologías, en una residencia artística en Fab Lab León.
Durante cinco días del pasado mes de julio, María Suárez García, Pablo Rodríguez Valbuena y Ana Lera Maraña trabajaron en las instalaciones leonesas dentro de ‘Territorios Productivos’, una iniciativa desarrollada junto a Fab Lab Barcelona que busca conectar fabricación digital, cultura local, memoria e intercambio entre generaciones. Fab Lab León ha dado ahora a conocer los resultados de aquella experiencia y los testimonios de sus tres protagonistas a través de su página web. El resultado son tres proyectos muy diferentes que parten, sin embargo, de una misma pregunta: cómo utilizar las herramientas del siglo XXI para acercarse al patrimonio cultural leonés sin perder sus raíces.
Un traje tradicional que no sea un lujo
María Suárez García, maestra y vinculada al mundo tradicional desde que comenzó a bailar siendo niña, llegó al proyecto con ciertas reservas. Le preocupaba que incorporar tecnología a la indumentaria pudiera desvirtuarla. La experiencia terminó llevándola hacia la reflexión contraria: las nuevas herramientas también pueden democratizar el acceso a la tradición.
“Se pueden hacer cosas muy dignas y con mucho rigor histórico sin necesidad de gastarse una grandísima cantidad de dinero”, explica María, que dedicó la residencia a investigar cómo aplicar diferentes tecnologías a la elaboración del traje tradicional leonés.
Lo hizo inicialmente a pequeña escala, creando prendas y complementos para marionetas. Utilizó sublimación para reproducir estampados de mantones, bordado digital e impresión 3D y experimentó con diferentes tejidos. Entre sus creaciones hay unas pequeñas madreñas obtenidas a partir de la modificación del diseño de unos zuecos holandeses, las medallas de una collarada con una Cruz de Caravaca y un Cristo de Espiguete diseñado desde cero.
El trabajo continúa una vez terminada la residencia. María prepara ahora una segunda fase centrada precisamente en aquello que ninguna máquina puede proporcionar: la memoria de quienes conocen y han utilizado esas prendas. Su intención es recopilar testimonios orales que expliquen cuándo se vestía cada pieza, para qué se utilizaba y qué significado tenía, incorporando así la transmisión entre generaciones al proyecto.
Una oveja trashumante para un nuevo antruejo
El punto de partida de Pablo Rodríguez Valbuena fue muy diferente. Recién titulado en Diseño de Producto y natural de Crémenes, estaba familiarizado con la fabricación digital, pero reconoce que se encontraba mucho más alejado de la tradición. Para crear su proyecto decidió primero regresar a ella.
Viajó hasta Riaño y habló con artesanos para conocer cómo surgieron y evolucionaron los antruejos de la montaña oriental leonesa y cómo se fabrican sus características máscaras. A partir de esa investigación creó su propio personaje: una oveja trashumante.
La máscara no pretende únicamente ocultar o transformar el rostro. Pablo quiere convertirla en una herramienta para hablar de cuestiones que afectan actualmente al mundo rural, desde la despoblación hasta los incendios. Para construirla experimentó con vinilos hinchables y utilizó también una tricotosa tradicional modificada para generar digitalmente patrones y textos.
Y si el personaje era una oveja trashumante, el material tenía que tener sentido. Pablo decidió trabajar con lana procedente de ovejas leonesas, recopilada de diferentes fuentes y con la colaboración de Alberto Díaz, del proyecto Made in Slow, que le permitió conocer mejor todo el proceso asociado a este material.
La experiencia dejó además una de las imágenes que mejor resume el propósito de ‘Territorios Productivos’. Pablo era quien tenía más experiencia digital pero menos contacto con la artesanía y la tradición. Así que mientras Ana le enseñaba a remendar lana, él la ayudaba cuando se atascaba con Arduino. Tecnología y conocimiento tradicional intercambiándose en la misma mesa de trabajo.
La Vieja del Monte toma la palabra
Precisamente un Arduino es el pequeño cerebro tecnológico que ha permitido a Ana Lera Maraña dar voz a uno de los personajes más reconocibles de la mitología leonesa: la Vieja del Monte. Ana se define como “cuentadora” y ya elaboraba muñecos inspirados en personajes mitológicos. En Fab Lab León decidió ir un paso más allá y conseguir que uno de ellos pudiera narrarse a sí mismo.
En el interior de la figura instaló un circuito electrónico conectado a un sistema de sonido. El mecanismo se activa mediante un interruptor escondido en la bolsa del pan que acompaña a la Vieja del Monte y, al pulsarlo, el personaje comienza a contar su historia. También utilizó la cortadora láser para elaborar un mapa de la provincia al que incorporó hilo conductor y otros elementos electrónicos.
Ana considera que esa mezcla puede ser precisamente una vía para llegar a quienes tienen menos contacto con las tradiciones, especialmente los adolescentes. Y ya imagina otras aplicaciones: un pendón que pudiera explicar por sí mismo su historia, sus colores o la función que desempeñaba. “La tradición y la tecnología se tienen que combinar, yo no soy partidaria de límites y fronteras”, defiende.
Una residencia que deja proyectos abiertos
Los tres trabajos nacieron dentro de la residencia ‘Territorios Productivos’, impulsada por Fab Lab León y Fab Lab Barcelona con la intención de activar procesos creativos ligados al territorio, la identidad y la memoria mediante el intercambio intergeneracional.
Los cinco días de julio sirvieron fundamentalmente para experimentar. Ninguno de los proyectos termina realmente con la residencia: María continúa investigando sobre indumentaria y preparando la recopilación de testimonios; Pablo quiere seguir desarrollando su particular antruejo contemporáneo; y Ana contempla extender la electrónica a otros elementos de la cultura tradicional.
Quizá sea precisamente ahí donde se encuentra el resultado más interesante del experimento: la tecnología no aparece como sustituta de una tradición que pertenece al pasado, sino como una herramienta más para conocerla, contarla y conseguir que siga pasando de unas generaciones a otras.