Fallece con 101 años Eutimio Martino, el jesuita que rastreó los nombres de la huella romana y astur en León
Sus conocimientos sobre la toponimia leonesa, cántabra, galaica y astur le hicieron asegurar que había descubierto dónde estaba el Monte Medulio, el último bastión de las tribus del norte de España en la Guerras Astur-Cántabras. El erudito Eutimio Martino se basó en los nombres de los lugares para recrear el mundo romano, astur y cántabro, no siempre con el consenso de los arqueólogos, pero sí con la admiración de muchos.
Eutimio Martino Redondo, sacerdote jesuita, escritor, poeta, traductor, historiador y exprofesor de la Universidad Pontificia de Comillas, falleció este domingo 5 de julio en Villagarcía de Campos, Valladolid, a los 101 años. Natural de Vierdes, en el municipio leonés de Oseja de Sajambre, donde había nacido el 5 de mayo de 1925, deja una obra estrechamente ligada al estudio de la historia antigua de León y, en especial, a la topografía romana y astur, la toponimia, la hidronimia y las huellas de la romanización en la Montaña oriental leonesa.
Su nombre queda vinculado de manera especial a su libro Roma contra cántabros y astures, publicado en 1982 y considerada su obra histórica más relevante. En ella abordó la conquista romana del norte peninsular en tiempos de Augusto desde una perspectiva muy personal: combinando el estudio de las fuentes clásicas con el conocimiento directo del terreno, los nombres de lugar, los cursos de agua y las tradiciones orales. Durante más de treinta años, Martino recorrió valles, montañas y pueblos para construir un corpus interpretativo que se apartó de buena parte de la historiografía anterior y que buscó explicar sobre el mapa la presencia romana y astur en el territorio leonés.
Gran estudioso de las legiones
Antes de ese libro, su investigación ya había tomado forma con La montaña de Valdeburón. Biografía de una región leonesa, publicada en 1980 después de años de trabajo a partir de una petición de los vecinos de la comarca. Aquel encargo lo llevó a profundizar en una historia apenas estudiada y a consagrar buena parte de su vida intelectual a la conquista romana, la romanización y la primera cristianización del norte de España. Fruto de esa dedicación fueron también numerosos libros, artículos, conferencias y cuadernos de campo reunidos bajo el título genérico La huella de las legiones.
Martino defendió siempre una forma de investigar pegada al territorio. Su obra no se entendía desde el despacho, sino desde el contacto directo con los caminos, las montañas, los ríos y los nombres antiguos conservados en la memoria de los pueblos. Esa mirada le llevó incluso a proponer, como experto en hidronimia, que el nombre de la ciudad de León “no procedería de la Legio VII Gemina, sino de un hidrónimo vinculado a la confluencia del Bernesga y el Torío, a partir de formas como Lena o Leio”. Una extraña conjetura que no tuvo precisamente la aprobación de los expertos, ya que todos coinciden en que es la evolución de Legio a Legione (con la 'g' pronunciada gutural y no con sonido 'jota'), cambiando a Leione, contrayéndose a Leión dando León (Llión en asturleonés).
Un erudito que dio clase en la Pontificia y en el InterCou de León
La sólida formación filológica que sostuvo su trayectoria comenzó muy temprano. Tras cursar la educación primaria en Vierdes-Pío entre 1930 y 1937, sus padres lo enviaron con doce años al colegio que la Compañía de Jesús tenía en el Monasterio de San Zoilo, en Carrión de los Condes. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1941 y realizó el noviciado en Salamanca, donde estudió humanidades y ciencias y asentó el conocimiento de las lenguas clásicas. El griego y el latín fueron esenciales en su formación y le permitieron leer y traducir a Homero, Demóstenes, Virgilio, Cicerón y otros autores.
En 1950 se licenció en Filosofía en la Universidad Pontificia de Comillas. Después completó su formación en distintos países europeos: estudió Teología en Fráncfort del Meno, donde obtuvo la licenciatura en la Facultad de Filosofía y Teología Sankt Georgen; fue ordenado sacerdote en 1956 en el Santuario de Loyola; residió en Dublín para perfeccionar el inglés y realizar prácticas de espiritualidad; y pasó por París para ampliar estudios de filosofía y literatura y avanzar en el francés. Llegó a dominar griego, latín, alemán, inglés, francés e italiano.
A su regreso a España, inició una larga trayectoria docente. Fue profesor de humanidades en el Seminario Menor de Comillas entre 1959 y 1966, colaboró en la revista Humanidades y creó Cuadernos de Humanidades. Revista didáctico-literaria para los profesores de Enseñanza Media. Más tarde enseñó literatura latina y española en Salamanca y cursó Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid, donde culminó en 1973 su tesis doctoral Aristóteles. El alma y la comparación, publicada por Gredos en 1975.
También ejerció la docencia en León. Durante el curso 1971-72 impartió lengua española en el recién creado COU-Intercolegial y, posteriormente, fue profesor adjunto de lengua y literatura latina en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1979 solicitó la excedencia como profesor para dedicarse de lleno a la investigación histórica leonesa. Desde 1982 residió en León y enseñó Filosofía en el Colegio del Sagrado Corazón de los Jesuitas hasta su jubilación en 1995. Se jubiló de la enseñanza, pero no del estudio.
Poeta y crítico literario
Además de su faceta como historiador, Martino cultivó la poesía y la crítica literaria. Muy influido por los clásicos, publicó trabajos como Grecia: orientaciones metodológicas en torno a la Ilíada y Homero, Roma: orientaciones metodológicas en torno a la Eneida y Virgilio o La vida del campo. Antología poética grecolatina e hispánica. Su poesía, menos conocida que su producción histórica, respondía a una necesidad interior y condensaba una idea que él mismo formuló en unos versos: “¿Mi poética? Respondo: / poner el alma de fondo”.
Su labor recibió numerosos reconocimientos. Fue miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos, obtuvo en 1987 el premio del primer Certamen Periodístico César Morán para la difusión de los valores omañeses y formó parte del Patronato de la Fundación El Arcediano, creada en Oseja de Sajambre. En 2010, la asociación leonesa ProMonumenta lo nombró socio honorario y le entregó la medalla de Amigo del Patrimonio. En 2024 recibió el homenaje de la Sociedad Cántabra de Escritores, señalando su gran vinculación con la comarca, antaño leonesa, de Liébana.
Con motivo del trigésimo aniversario de Roma contra cántabros y astures, la editorial Cultural Norte, la Fundación El Arcediano y la Cátedra Promonumenta organizaron en 2012 un homenaje en el Seminario Mayor de León. En 2013, el Área de Historia Antigua de la Universidad de Murcia le dedicó el volumen Toponimia e historia antigua. Homenaje al P. Eutimio Martino S. J. al cumplir sus 90 años, publicado dentro de la revista Antigüedad y cristianismo. Aquel reconocimiento subrayó la importancia de una obra construida frente a lo que el propio Martino consideraba una “muralla de ignorancia o negligencia”.
Un jesuita que recibió múltiples homenajes
En los últimos años acumuló nuevos homenajes. En 2015 recibió el II premio Peyre Vidal por su “independencia indómita” y su exhaustivo conocimiento del terreno. En 2017, el Ateneo Leonés y el Instituto de Investigación y Estudios Leoneses González de Lama le otorgaron el Premio Alfonso IX por su promoción de la historia y los valores de León. En 2018 fue nombrado cronista oficial del Valle de Camaleño y en 2019 la Diputación de León lo distinguió como cronista de la provincia dentro de los actos del XXV aniversario del Instituto Leonés de Cultura.
Desde 2007, junto con Siro Sanz García, impartió ciclos anuales de conferencias en el Instituto Bíblico y Oriental de Cistierna para divulgar la romanización y cristianización de la Montaña oriental leonesa. En 2012 se trasladó a la Casa de Ejercicios San Luis de Villagarcía de Campos, donde residió hasta su muerte. Aquel alejamiento de León y de su zona de investigación le resultó especialmente doloroso, pero lo asumió como parte de su obediencia jesuita.
Eutimio Martino deja una biografía marcada por la fe, la enseñanza, la literatura y una pasión intelectual muy concreta: leer León desde sus nombres, sus ríos, sus montañas y sus rastros antiguos. Su legado permanece en una obra que convirtió el territorio leonés en archivo mítico de la historia romana, astur y prerromana del norte peninsular, al menos en la cuestión lingüística, en los márgenes entre la filología, la literatura, la poesía y la realidad.