Jano y León, dos almas gemelas
A todo el mundo le suena Río de Janeiro, capital intelectual de Brasil, lo que quizá a no todo el mundo le suene es que la traducción lateral al castellano sería Río de Invierno. Lo de Janeiro es una derivación de Jano, lo de río fue un error de los descubridores portugueses que creyeron ver un río donde sólo había un brazo de mar. Jano era un miembro de la mitología latina que representaba dualidades como la puerta con entrada y salida, la llave que abre y cierra, y el principio y el final, de ahí que se le dedicara el primer mes del año.
La cuestión es que a Jano se le representa con dos caras, una la de un joven que mira hacia el futuro (inicio) y otra la de un anciano que mira hacia el pasado (final). Ni que decir tiene que esta imagen bifronte conlleva dos principios contrapuestos, lo que es tanto como decir que alberga dos realidades contradictorias. Y eso mismo, por extraño que pueda parecer, es lo que sucede en actualidad en la tierra que sirvió de asiento a los campamentos de la Legio VI Victrix y la Legio VII Gemina que acabarían dando nombre a la capital leonesa, pero esa es otra historia que queda reservada para personas versadas en el tema.
Interesa más a este artículo de opinión glosar algunas paradójicas realidades que cohabitan en la ciudad del Bernesga. No es aversión a la condición legionense, sencillamente constatar que en León conviven dos almas que se antojan antagónicas. De siempre en la capital leonesa ha sobrado altanería y soberbia, hasta el punto que el colectivo que ha hecho gala de ambos atributos ha sido como una tumoración que viene de lejos. La condición leonesa siempre ha albergado dos almas encontradas en la provincia, pero de forma exacerbada en la corte y villa. La una es provechosa para León, la otra es totalmente inútil porque sólo parasita y esquilma.
El dicho 'leonés vano, falso y cortés' que se nos ha atribuido se puede traducir como síntomas de prepotencia, encogimiento y mala conciencia de la facción más rancia. Desde hace muchos años, pero de forma más acentuada desde este casi medio último siglo, ha evidenciado el miserable desdén que muchos de nuestros paisanos sienten por su tierra. Tan sólo su andorga, su cartera o su fatuidad corren parejas a su servilismo y las miserias a los que están dispuestos a someterse para mantener su status. Conozco a muchos paisanos míos a los que se les llena la boca hablando de su tierra, pero en llegando a tener que hacer el más mínimo sacrificio por ella, aflojan y huyen como alma que lleva el diablo.
Entre las clases más acomodadas y acomodaticias de León, reside lo más ruin de nuestra idiosincrasia que no vacilará en alardear de patriotismo de tierra chica pero se muestra indiferente a sus cuitas, a sus problemas, a las vicisitudes de una población que languidece, que emigra, que no ve porvenir y que se hunde irremisiblemente. En su mano tendrían la solución, pero tienen el corazón endurecido y se muestran autistas ante el dolor ajeno. Ver como se desmenuza su tierra día tras día no les despierta ninguna turbación. Muchos ocupan puestos de relevancia y con un átomo de valentía podrían hacer variar el curso de la historia de esta malhadada tierra, pero no se sienten concernidos, viven bien entre la ruina progresiva.
Mucho se cacarea de nuestro pasado pero ninguna región de España aceptaría lo que los ‘valientes’ leoneses tragan cual jícara de acíbar. Esos hombrones que ensalzaban los Cantores de Híspalis en su canción Tócala, tócala, en cuya letra reza “…con un buen mozo que es leonés…” se arrugan como brevas o pasas de Corinto porque en el fondo, cuando hay que aportar pundonor y no fuerza bruta, palabras y no exabruptos, resulta que no hay más que fachada, sin nada dentro. Es burla, mofa, befa y escarnio ser la Cuna del Parlamentarismo y disponer de menos representatividad que Ceuta o Melilla. Ninguna otra región de España se ha comportado de forma tan rastrera consigo misma. Haber vendido esa primogenitura por un mísero plato de lentejas, por un puesto en un partido, por sentir acariciado el lomo por la mano de su amo, es de lo más repulsivo que ha conocido España.
Las próximas elecciones autonómicas
Cuando PP y PSOE, PSOE y PP y quién sabe si Vox, se alcen con resultados tan inmerecidos como perniciosos para León en las próximas elecciones autonómicas, volveremos a dar la deplorable imagen de quien no merece más que arrastrar su pretendida gloria por el lodo, daremos cuenta de nuestra miseria antropológica de quien no sabe defender el legado de sus ancestros por dejarse guiar por gente sin escrúpulos que vendería a su padre por ascender en el organigrama de su partido si con ello alcanza cargos y prebendas, aunque sea mintiendo a una ciudadanía desvitalizada y errática que se complace en escoger siempre lo que más daño le ocasionará. No conozco ciudadanía tan fácil de engatusar ni tan capaz de dejarse embaucar por fementidos personajes como la leonesa.
Sé que estas palabras resonarán sin eco para la mayoría de quienes las lean y de quienes no, sobre todo aquellos que tienen buche para digerir aquella frase de Lerroux, cuando afirmó con sarcasmo de político rastrero que “España (en este caso sería León) es un país con el que se puede hacer lo que se quiere”. Aventajados territorios hispanos se han erguido y se han sacudido semejante baldón. Lo más rancio de León no tiene empacho en procesionar contra quienes aspiran a vivir de pie, sin importarles que muchos leoneses sigan viviendo de rodillas. Y es que, para nuestra fatalidad, el País Leonés está poblado por españoles que residen en León no por leoneses que residen en España. Es cuestión de matiz pero son dos universos paralelos y uno de ellos no parece tener inconveniente en helarle el corazón al otro.