Honores a Benedicta, historia viva del pueblo de Carbajal de la Legua

La centenaria vecina Benedicta Hidalgo García en su celebración.

Nació el 8 de noviembre del año 1921 en el pueblo de Carbajal de la Legua. Y el 8 de noviembre de 2021 Benedicta Hidalgo García ha festejado sus primeros 100 años de vida.

Ha cumplido todo un siglo ligado a siempre una localidad de la que es historia viva, motivo por el que se merecía una fiesta como la que sus familiares, los trabajadores y los compañeros de la Residencia Piedras Blancas, en el propio pueblo, le organizaron. Un siglo no se cumple todos los días y el de Benedicta tuvo la fiesta que merecía toda una vida de trabajo.

Hija de Cayetana y Serafín, los dos naturales de Carbajal de la Legua, Benedicta fue la cuarta de seis hermanos –Ramón, Felicitas, Amadora, Benedicta, Iluminada y Emilio-. Y desde pequeña, como sus hermanos, tuvo que ayudar a sus padres en sus labores de agricultura y ganadería. Sin descuidar sus estudios básicos en la escuela del pueblo, iba con su abuela siendo niña a vender a León los famosos perucos que abundaban en el pueblo.

Ni siquiera su matrimonio la alejó de Carbajal de la Legua porque se casó a los 22 años con Juan Antonio Blanco, también vecino de Carbajal, trabajador de Renfe que todos conocían en la zona porque, además, tenía un taller de carpintería al que recurría quien necesitaba un mueble. Juntos tuvieron tres hijos: Dori, Julita y Fernando en los 57 años que vivieron juntos hasta que enviudó en el año 2000.

Al echar la vista atrás, Benedicta Hidalgo recordaba aquellos años duros de la postguerra española cuando se casó y había que trabajar duro para dar a sus hijos la mejor formación y procurar que no les faltara de nada en la vida y con orgullo presume de que una fue maestra y la otra enfermera.

Bien conocida en Carbajal, todos destacan de Benedicta que fue una gran trabajadora, a la que nunca le faltaban la fuerza, energía y lucha por trabajar de sol a sol en la granja de gallinas y pollos que abrieron y que era ella quien la llevaba y la que los vendía en su casa o en León, adonde iba a vender huevos y pollos, además de los productos de la huerta.

Una vida de trabajo que ahora todos recuerdan cuando van a visitarla a la Residencia Piedras Blancas, “donde está cuidada con mucho mimo y cariño, el mismo que ella da al resto de personas que tiene alrededor”, destaca la familia. Una familia que en el día de su centenario quería agradecerle “lo gran trabajadora que siempre fue. Es de esas personas que siempre ha hecho fácil la vida de quienes la rodeaban. Una mujer alegre, con un espíritu joven, que le ha apasionado hasta hace muy poco la lectura, cuando leyó el Quijote entero, y que a sus 100 años participa en los talleres ocupacionales del centro, en los que pinta y hace ejercicios, recita poesías y canciones”.

Con una salud inmejorable, lo único que le falla es el oído, aunque se comunican con ella por escrito. También atesora una memoria prodigiosa y asegura que uno de sus secretos para vivir 100 años es “que apenas la conocen los médicos”. “No le gustaba ir al médico. Solo está operada de las dos rodillas, pero no era aficionada de tomar medicamentos. Y para la memoria es clave su empeño en ejercitar su cabeza leyendo y haciendo sumas y restas”, afirmaba la familia en un día feliz en el que sus tres hijos, seis nietos y cinco biznietos disfrutaron de su madre, abuela y bisabuela.

“Es la mejor madre que hemos podido tener, se ha sacrificado muchísimo para que tuviéramos una vida buena y fácil. Le damos las gracias por cuidarnos siempre tan bien, por dar todo a cambio de nada. Tanto dio y nada pide. Es una mujer feliz que disfruta de cada día y que su humor hace que sea muy querida por todas aquellas personas que la conocen”, rematan sus familiares.

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