“Quiero una Castilla y León orgullosa de su historia”

Mañueco y Pollán, presidente y vicepresidente de Castilla y León.

Tal cosa, aberrante a más no poder, es parte del mensaje que nos larga Mañueco para que los leoneses “no forniquemos, con 'j' de ajo…”

Somos incapaces de digerir lo de estar en el ente, pero nos dejamos llevar la mano, la traidora al interno sentimiento de ser leonés, hacia la urna electoral con un insensato papel, cual puñal de Guzman, para que escriban nuestras desdichas. Situación que los leoneses, y los nuestros, vamos prolongando: aberración al cuadrado.

¿Qué historia tiene esta Comunidad señor Mañueco? No se regodee en el absurdo. En Castilla y León como entidad político-administrativa impuesta, nunca hubo común hermanamiento, y lo moderno que llegará a ser ‘la historia de una imposición’, lo pretenderán explicitar algunos exégetas a sueldo, y no sin falseo de datos.

Dicho de otro modo: Pergeñando escritos de imposición estatutaria nos colocaron no de compañeros con los castellanos, sino de comparsas, usando de la inestimable colaboración de “nuestros políticos” traga sapos…

¡Sí, sí!, ¡Ñeoneses! Pero también abusando de nuestra infantil condescendencia que descansa en las sentimentales tradiciones leonesas, que parecen actuar de suavizante vaselina (regocijando el ego) cual si no tuvieran las cosas más cualidad que la festiva donde refugiarnos. ¡Algo totalmente incomprensible!

Podemos decir que la frase de Mañueco está escrita con plena malicia. ¡Pues sí! Pudo haber dicho “una Comunidad llamada Castilla y León”, pero como de este modo denotaba la dualidad regional, no interesaba para seguir machacando con lo de una historia común, ¡la de siempre!, de siglos… la de una gran falsedad territorial en busca de un pueblo único… ¡or estatutos!

Por el apoyo a la legislatura, agradecido, cambia a Pollán de cargo. El representante de Vox, que no le veo de extremista, sí de acomodaticio vivir en política, caiga quien caiga, le lleva a ejercer de vicepresidente primero.

¿Qué tipo de leonés es el señor Pollán?

Qué tipo de leonés es el señor Pollán. Pues en verdad no lo sé. Con relación a su pasado deportivo y luego directivo, todo lo que se pueda aportar no lo clasifica en las labores políticas, para las que ha exhibido un corto recorrido. Sorprende, cuando menos, que no viera en la cancha leonesa, o aún peor, no valorara que el despliegue de banderas leonesas ondeadas entre cánticos leoneses y de leoneses, estaba dentro de un proceso reivindicativo.

De una buena tacada salió presidente de las Cortes autonómicas, con escaso entrenamiento, nunca proclive a comprender lo leonés, y muestras no le faltaron. Y en lo socioeconómico no querer ver e interpretar el estado depauperado al que nos han venido abocando y luego enciscando los dos grandes partidos en el ente. Y ahora ellos, que ni creen en las autonomías, los acompañan.

Por otra parte, el señor Mañueco, en cierta ladina manera, trata de indisponer –¡Un poco más!– a los leoneses contra el actual gerifalte socialista autonómico, señor Martínez. Se emplea a fondo hurgando en la herida, al recordarle con indolente insistencia, pues va de boquilla, lo de la 'Y' que aparece en la nominación de la Comunidad y que al soriano se le atraganta. Por supuesto algo totalmente cierto… Pero no lo es menos que quien evoca y quien traga, en este caso, van de la mano... ¡Para no dejar moverse a los leoneses!

Siempre me ha llamado la atención que los leoneses no acertemos a ver plenamente esa compenetración tácita, PP-PSOE, hoy evidencia floral, que manejan para amarrarnos y hundirnos en la despersonalización y en una precariedad socioeconómica de subsistencia, cada día más palpable.

Creo interpretar fidedignamente que vivimos un estatus de orgullo autárquico, y apoyados en muestras festividades con evocaciones históricas a las que parece que pretendemos asirnos. Pero no nos engañemos en un devenir descuidado, no planeado, movidos por el sentimiento interiorizado de ser leonés.

Esto, considerado intocable para algunos, puede que indeleble permanezca, cuando más, como en un espejo. Y para otros, un paso más allá, el que siempre he considerado un –¡Vívido!– 'estado de conciencia' llamado leonesismo. Ése que, alargado en el tiempo, en la faceta política, seguirá languideciendo estacionalmente agostado, si no acertamos a liberarnos.

Lexit.

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