TRIBUNA DE OPINIÓN Desde el valle
La muerte es el olvido
No leas este libro si estás buscando entretenimiento, no lo leas si lo que quieres es pasar desapercibido entre sus páginas y salir inerte: no podrás. No importa si pasaste por una experiencia similar o no, te va a sacudir con fuerza todos los huesos para volver a recolocártelos en el lugar exacto en el que deben estar. ¿Que para qué sirve la literatura? Para esto, justamente. Para temblar cuando tu mirada surca las líneas de estas palabras, escritas todas con una precisión, sin embargo, llena de ternura.
Porque aquí el protagonista ve cómo muere ante sí la mujer de su vida sin que pueda evitarlo, pero observa también el contexto que circunda esa realidad con una lucidez que solo los grandes escritores poseen porque para lograrla necesitas, antes, no temer enfrentarte a tus propios abismos. La historia de amor y muerte que teje José Antonio Galloso en este texto te interpela si alguna vez saliste a la calle a pelear por una causa justa, si migraste, si te supiste tan vulnerable como se es ante la muerte misma y, sin embargo, encontraste el modo de reconstruirte, de suturar, de transformarte para recordar por qué, cuando las calles ardían, viste poesía y quisiste retratarla como una cápsula que tal vez habría que detonar en este apocalipsis orquestado que estamos presenciando hoy.
Pero si algo constatamos después de leer Duelo es que la única muerte verdadera es el olvido. No habrá manera de que eso ocurra: miles de letras desaparecen, consumidas de forma voraz por este ritmo transpirado que nos come la vida, sin embargo, hay obras que paralizan esa lógica. Esta es una. Lo dije al principio: no lo leas si no estás dispuesto a soportar la sacudida. Pero léelo si aún crees en la buena literatura y sabes que de ese temblor siempre se renace con una pureza y un amor por la creación misma que solo algunos como José Antonio Galloso saben sostener y compartir a través de su obra.
Podría ser una historia más de una pareja con hijos adolescentes que tienen que afrontar una enfermedad tan jodida como un cáncer. Podría serlo, pero no lo es. Ellos, que además son inmigrantes peruanos en un EE UU que se desvanece en su propia idea de libertad, ya de por sí endeble. Ellos, que lograron salir adelante y pueden, por eso mismo, al menos tener un seguro médico en un país en el que hay doctores que cobran muy bien simplemente para encontrar las fórmulas que niegan pruebas costosas para los negocios sanitarios que les pagan. Un país que supo arder tantas veces y que hoy, sin embargo, constituye el eje del disturbio mundial.
Es cierto, esta es la situación que deja Jennifer, el personaje de la mujer que padece este cáncer y que su amado, el narrador y autor, relata. Mientras sus hijos apenas saben hasta que es imprescindible contárselo, José Antonio Galloso va atravesando fases, con el peso del universo sobre sus hombros. La historia no es solo el dolor y el lamento, al revés, la historia es, como tantas historias hermosas que hacen del mundo también un lugar habitable por el que vale la pena aún luchar, una rotunda historia de amor. Un amor entre dos seres que un día se encuentran y saben que no podrán separarse a no ser que la desgracia sea más fuerte, cosa que pasa y es, en realidad, bastante común y viste diversos trajes: la muerte, la migración, la guerra, la vida misma. Y sin embargo, mientras no haya olvido, nada muere: el duelo es transformación.