Héroes de referéndum
Soy muy viejecito. Recuerdo la construcción de las pirámides. Pobres extraterrestres. Cómo sudaban. Decían: No entendemos el propósito de poner piedras unas encima de otras. Y con esta forma tan rústica, además. Con nuestra tecnología podríamos hacer un esferoide volador… ¡Calla, marciano!, le replicaba el faraón: ¡Pon ahí bloques a lo bobo hasta la picuruta! Qué risa. No volvieron, por supuesto. ¿He dejado claro que soy tan vetusto que hasta uso la palabras vetusto y carcamal? Es para comentar cosas que ya han ocurrido. El retinto, idéntico y eterno retorno de lo tonto. No acerca de que la gente aquí siga, cuarenta años después, votando a los mismos cocodrilos del Opus, que también. Franco hizo dos referéndums –en 1947 y 1966– quiero creer que con diferente público y prensa cuyas conclusiones… pero vuelvo a remontarme. Y no quería remontarme… mucho. A ver. Lo de ahora. Leo un divertido comentario sobre Rufián –quizá del mismo Rufián– sobre lo que hay a la izquierda del PSOE, en la que nuestro héroe –u otra persona– le coloca –o se coloca– con gran desparpajo. Que yo sepa Rufián es nacionalista. No solo eso. Es independentista. Sobre el independentismo catalán se han llevado a cabo no uno, ni dos, sino TRES referéndums –más que los de Franco sobre sí mismo aunque estos en otro biotopo–: el de la Constitución de diciembre del 78, el del Estatuto –o Estatut– de octubre del 79 y el de la reforma del Estatuto –o Estatut– de junio de 2006 con resultados conocidos de los que, parece ser, solo me acuerdo yo. Por que no valían. Eran de prueba. A lo que iba. Como siempre con el PERO. Peeero resulta que proclamarse nacionalista solo es mal en algunos casos. Con los nacionalistas las paradojas se amontonan como ellos mismos. En el caso de los centrífugos –que, curiosamente, se llevan bien entre ellos con una extraña solidaridad territorial muy parecida a la que combaten– les amalgama el enemigo común, que es el nacionalismo español, que ese sí es terrible sin discusión y se explica con otro dual y dicotómico tomismo de lo mismo –Aquino juntaba alegremente la fe con la razón– y donde agonizan dos conceptos simultáneamente: el histórico y el colonial, siempre del lado de la emoción y el orgullo. Así, si le dices a un nacionalista periférico –que es bien– que vive en una colonia, se ofende, pero si le dices lo contrario y que resulta evidente… ¡también! Es muy difícil separar la derecha de la eugenesia e imposible separarla de gente que habla de LA LIBERTAD DE SU PUEBLO sin reírse. Porque si exclamas que perteneces a un pueblo, la deriva –cuesta abajo– para determinar qué constituye ese pueblo y, sobre todo, quién es el diferente y por tanto enemigo, posee una aceleración constante. Así que si un luchador por la manumisión de la oprimida L’Ametlla de Mar o un torvo euskopelma portando una bandera con no una, sino dos cruces, me dice que es de izquierdas, pues no me lo creo. Rodera, ¿estás afirmando que si el nacionalismo es chungo solo en algunos casos eso sería un Catch-22 y nunca saldríamos del bucle y que ser nacionalista es ser facha y que ser facha es lo mismo que ser idiota? Joder, pues sí. Lo llevo diciendo cuarenta años.