El guitarrista flamenco de la Calle de La Rúa
El amor es una forma de tocar. Por eso en León en primavera los músicos callejeros brillan como pozos repletos de diamantes. Y uno de ellos ahora nos ha dejado de pronto rotos; nos ha partido el alma a borbotones, o, en la calle de la vida, nos ha dejado así, mirándonos el llanto, mientras nos hacía vibrar, soñar, volar… Sí, la perseguí de noche por las callejas estrechas y laberínticas del Barrio Húmedo hechas todas para la delincuencia y el amor en la misma medida, y yo andando como un gato detrás de Elena la gitanita hermosa de ojos de toro de lidia que siempre ha sabido reírse como si nunca fuera lunes. Viva saber bailar… Me bebo tu vivir... Bajo la bella noche de carbón ensangrentado de León en verdad que te quiero turbia de besos, estrella, Elena: baila y escucha al guitarrista de dedos desorbitados de la Calle de La Rúa, y comprueba que Paco de Lucía, que fue quien nos enseñó que el amor es una forma de tocar, es mentira que haya muerto pues existe la reencarnación, y de hecho hace que todo vuelva en primavera… Eso, vuelve la primavera a León a hacernos saber bajo este cielo de increíble belleza que tanto nosotros como nuestros bellos fantasmas estamos completamente vivos. Por ejemplo, el guitarrista flamenco de la Calle de La Rúa, vestido de negro azabache y con la camisa blanca como Camarón, tocando la guitarra ajada; tocando la guitarra ardiente y huidiza como una jaca grande de poema de Federico García Lorca, tocando igual que un Tomatito del norte que tratara de convertir León en la ciudad de la adelfa blanca y las calles dormidas donde los hombres muerden las flores en pos de noches turbias de besos… Elena, te quiero… Viva vivir… Hay un poema de Lorca en la Calle de La Rúa, y, aunque la gente pase sin mirarlo o recitarlo, yo lo bendigo ahora en este folio o poema de marinero de tierra adentro que ama los fenómenos costeros de esas zonas de tu cuerpo en las que rompe el mar. Calle de La Rúa con charcos. Flamenca Elena de Troya: contemplad el rostro de la mujer que hizo zarpar mil barcos.